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UNA VENEZUELA RENACIENTE, PERO SIN RASTRO DE LA MALDICIÓN LLAMADA CHAVISMO. Por el Dr George Fereira

Prefacio
Una nación puede perdonar para sanar, pero jamás debe olvidar hasta el punto de reincidir. La democracia que confunde reconciliación con impunidad termina abriéndole nuevamente la puerta al verdugo, esta vez vestido de demócrata.

Venezuela fue secuestrada por una estructura de poder que durante décadas ha sido señalada por graves hechos de corrupción, narcotráfico, represión y violaciones de derechos humanos. Y ahora resulta que, después de casi treinta años de destrucción institucional, económica y moral, pretenden convencernos de que el mismo chavismo debe reservarse una silla en la Venezuela libre en nombre de la «pluralidad».
¡Qué detalle tan democrático!
Después de destruir la casa, pareciera que también hay que preguntarle al incendiario qué color prefiere para las nuevas cortinas.

¿Y por qué hablo de una falsa democracia?
Porque pluralidad no significa impunidad. Democracia no significa amnesia. Reconciliación no significa borrar expedientes, desaparecer responsabilidades ni colocar una alfombra sobre los muertos para que los sobrevivientes caminen encima fingiendo que aquí nunca ocurrió nada.
Pretender reconstruir Venezuela olvidando las responsabilidades del poder durante estos años sería pedirle a las víctimas que compartan la mesa con quienes deben responder ante la justicia.

Sería también aceptar, sin hacer preguntas, explicaciones oficiales que durante años parecieron exigir del venezolano una extraordinaria capacidad para tragarse cuentos.
Nos contaron hasta el cuento de la iguana para explicar fallas eléctricas, mientras el sistema eléctrico venezolano acumulaba inversiones multimillonarias, contrataciones cuestionadas, plantas termoeléctricas, intermediarios y empresarios que terminaron convertidos en símbolos de una época: los llamados «bolichicos».

Y todavía habría que creer que todo fue simplemente mala suerte. También tendríamos que olvidar las circunstancias de la muerte del concejal Fernando Albán mientras se encontraba bajo custodia del Estado y las graves denuncias y controversias que rodearon el caso.

Tendríamos que olvidar a Óscar Pérez.
A Geraldin Moreno.
A Víctor Hugo Quero.
A sus madres.
A sus familiares.
A quienes buscaron justicia durante años mientras el aparato estatal parecía descubrir una extraordinaria habilidad para encontrar excusas, pero enormes dificultades para encontrar responsables.

También tendríamos que olvidarnos de quienes abandonaron Venezuela y atravesaron selvas, fronteras, ríos y países enteros buscando algo tan elemental como la posibilidad de trabajar, comer y vivir con dignidad. Mientras millones hacían maletas, el discurso oficial insistía en minimizar la diáspora venezolana. Debe ser que aquellos venezolanos atravesando el Darién con niños cargados sobre los hombros estaban haciendo turismo ecológico.
Quizás llevaban brújula, repelente y reservación de hotel.

Así podríamos continuar durante horas recordando denuncias de torturas, ejecuciones, persecuciones políticas, desapariciones, detenciones arbitrarias y otros hechos que organismos internacionales han investigado durante estos años. Por eso, cuando hablamos de una Venezuela nueva, debemos comprender algo fundamental:
justicia no es venganza. La justicia necesita pruebas, tribunales independientes, derecho a la defensa y debido proceso precisamente porque una democracia verdadera no puede utilizar los mismos métodos del autoritarismo que pretende superar.Pero tampoco puede confundirse democracia con olvido.

LA MEMORIA NO ES ENEMIGA DE LA DEMOCRACIA.

Los ojos de Chávez y los símbolos asociados al chavismo, madurismo y las estructuras responsables de la destrucción institucional venezolana merecen un profundo debate nacional sobre cuál debe ser su lugar en una futura democracia.
Alemania, por ejemplo, posee disposiciones legales —entre ellas el artículo 86 de su Código Penal— que restringen el uso de símbolos pertenecientes a determinadas organizaciones anticonstitucionales.
Pero Venezuela deberá construir su propio modelo. Y deberá hacerlo mediante Constitución, ley, tribunales independientes y debido proceso.
Porque si mañana comenzamos simplemente prohibiendo pensamientos, terminaremos construyendo otra tiranía con diferente uniforme.

La democracia debe proteger todas las opiniones democráticas.
Lo que no está obligada a proteger son organizaciones que utilicen la violencia, el crimen, la persecución o la destrucción del orden constitucional como método para alcanzar o conservar el poder.
Esa diferencia es fundamental. ¿Queremos pluralidad?
Por supuesto.
Que existan socialdemócratas, liberales, conservadores, socialcristianos, socialistas democráticos, independientes y cualquier corriente política que respete la Constitución. Lo que Venezuela no puede volver a permitir es que alguien utilice la palabra democracia como salvoconducto para destruir la democracia desde adentro.

Porque fueron casi treinta años de hambre, deterioro institucional, corrupción, persecución, intimidación, emigración y destrucción económica. Por favor, no intenten vendernos ahora aquello simplemente como «mala gerencia».
Mala gerencia es comprar una cafetera defectuosa para una oficina. Cuando un país petrolero termina con millones de ciudadanos emigrando mientras fortunas vinculadas a funcionarios, intermediarios y contratistas aparecen investigadas alrededor del mundo, ya estamos hablando de algo bastante más serio que una cafetera.

Entonces aparece nuevamente la banderita de la pluralidad. La doblan cuidadosamente, le colocan un lacito y nos dicen: Aquí tienen: reconciliación nacional. No. La reconciliación sin justicia tiene otro nombre:
impunidad.
La Venezuela con la que soñamos solamente será posible con justicia, instituciones, democracia verdadera y memoria histórica.
Y donde existe justicia real, quien cometió delitos no está sentado negociando un cargo público.Está sentado frente a un juez.

EL DINERO TAMPOCO DESAPARECIÓ POR CULPA DE LA IGUANA.

Tampoco podemos olvidar la dimensión económica. Si Venezuela quiere volver a ser una nación próspera, deberá investigar hasta el último dólar cuyo destino pueda reconstruirse mediante documentos, expedientes judiciales, auditorías y cooperación internacional. No todas las cifras que circulan representan exactamente «dinero robado». Algunas corresponden a sobornos demostrados, otras a fondos involucrados en operaciones investigadas, otras a contratos cuestionados y otras a estimaciones académicas. Precisamente por eso hay que diferenciarlas.
Entre los casos que deberán formar parte de esa memoria financiera se encuentran:

PDVSA y el esquema de aproximadamente US$1.200 millones. Autoridades estadounidenses investigaron una operación relacionada con corrupción, fraude cambiario y lavado vinculada a PDVSA. Abraham Ortega, quien ocupó un cargo ejecutivo de planificación financiera en la petrolera, se declaró culpable en Estados Unidos y reconoció haber recibido sobornos.
Tesorería Nacional y sistema cambiario. La extesorera venezolana Claudia Díaz y su esposo fueron condenados en Estados Unidos por delitos relacionados con lavado de dinero y sobornos. El Departamento de Justicia estadounidense señaló más de US$136 millones en sobornos vinculados al esquema.

CADIVI y las llamadas empresas de maletín. Durante los años del control cambiario surgieron enormes cuestionamientos sobre empresas que recibieron dólares preferenciales sin una actividad económica proporcional o verificable. Hasta funcionarios del propio gobierno reconocieron públicamente la magnitud del problema.

FONDEN, Fondo Chino y BANDES. Investigaciones y estudios han intentado cuantificar las pérdidas relacionadas con mecanismos financieros extrapresupuestarios, sobrefacturación, proyectos inconclusos y extracción irregular de divisas. Algunas estimaciones académicas alcanzan decenas de miles de millones de dólares.

Odebrecht. La empresa reconoció ante autoridades estadounidenses pagos corruptos por aproximadamente US$98 millones en Venezuela durante el período investigado.
CLAP. Fiscales estadounidenses han presentado acusaciones relacionadas con contratos de alimentos y medicinas por aproximadamente US$1.600 millones, alegando sobreprecios utilizados para financiar sobornos y enriquecimiento. Esa cifra corresponde al valor involucrado.

Contratos de alimentos de CASA. Autoridades estadounidenses han perseguido bienes y fondos vinculados a esquemas de corrupción relacionados con contratos de suministro de alimentos a la estatal venezolana.

Contrataciones de PDVSA. Distintos empresarios se declararon culpables o admitieron pagos de sobornos para conseguir contratos, información privilegiada o prioridad en pagos. PDVSA/CITGO. José Luis De Jongh, exgerente de CITGO, se declaró culpable en Estados Unidos de aceptar más de US$7 millones en sobornos para favorecer intereses privados en contrataciones.

Otros contratistas de PDVSA. José Manuel González Testino reconoció sobornos relacionados con contratos, información interna y prioridad de pagos.

Fondos vinculados a PDVSA investigados en Florida. Expedientes estadounidenses han examinado enormes transferencias desde estructuras vinculadas a PDVSA hacia contratistas y cuentas en el sur de Florida.

Sistema eléctrico.
Plantas termoeléctricas.
Derwick Associates y los llamados bolichicos. Alejandro Betancourt vinculado al grupo de los “bolichicos”, un término que describe a una joven generación que amasó grandes fortunas mediante contratos estatales sin licitación durante el gobierno de Hugo Chávez. Importaciones mediante dólares preferenciales.
Empresas de maletín.
Obras públicas inconclusas.

Delcy Rodríguez mantiene vínculos directos con la trama de corrupción y contratos petroleros en España a través de su estrecha relación con el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. El papel de «La Dama» y los intermediarios. Las escuchas telefónicas de la Audiencia Nacional muestran que El Tiempo identifica a Delcy Rodríguez bajo el alias de «La Dama».Zapatero mediaba para conseguir contratos de crudo venezolano destinados a empresas extranjeras. La asignación de buques petroleros dependía de los contactos directos entre el entorno de Zapatero y la mandataria venezolana.

Fondo Chino.FONDEN.
BANDES.PDVAL.
Importaciones de alimentos. PDVSA y Bariven. Seguros. Contratos petroleros. Operaciones financieras.
Operaciones cambiarias.
Etcétera, etcétera, etcétera…

Venezuela parecía haber descubierto una nueva rama de la economía: la multiplicación revolucionaria del presupuesto y la desaparición socialista del dinero a través de la corrupción y contratos fantasmas.

NI PERDONAMOS LA IMPUNIDAD NI OLVIDAMOS LA HISTORIA.

Una Venezuela renaciente no puede construirse sobre una gigantesca goma de borrar. Pero tampoco puede construirse sobre la revancha.
Hay una diferencia enorme.

La revancha pregunta:
«¿Cómo hacemos sufrir al adversario?»
La justicia pregunta:
«¿Quién cometió un delito, qué pruebas existen y qué establece la ley?»
La primera destruye repúblicas.
La segunda las reconstruye.
Los venezolanos tendremos que decidir qué clase de nación queremos entregarles a nuestros hijos.

Yo quiero una Venezuela donde jamás vuelva a existir un caudillo indispensable. Donde ningún militar crea que las armas de la República le pertenecen.
Donde ningún presidente pueda apropiarse de los poderes públicos.
Donde un fiscal pueda investigar al presidente. Donde un juez pueda condenar a un general. Donde un periodista pueda investigar a un ministro. Donde un ciudadano pueda insultar políticamente al gobierno sin terminar preso.
Y donde quien robe dinero público sepa que podrá cambiar de gobierno, de pasaporte y hasta de continente, pero no podrá escapar eternamente de la justicia.

REFLEXIÓN FINAL, MI AUDITORÍA PARA UNA VENEZUELA RENACIENTE.

Aquí agrego algo que va más allá de la denuncia. Sacar al autoritarismo del poder no garantiza la democracia. Ese puede ser apenas el primer día. La verdadera prueba comienza al día siguiente. Venezuela necesita instituciones suficientemente fuertes para que jamás vuelva a depender de la bondad de quien ocupe Miraflores.
Necesitamos independencia absoluta entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial; fiscales y jueces seleccionados mediante procedimientos transparentes; elecciones auditables; libertad de prensa; acceso ciudadano a los contratos públicos; Fuerzas Armadas profesionales y subordinadas al poder civil; prohibición efectiva del enriquecimiento ilícito; recuperación internacional de activos producto de corrupción cuando pueda demostrarse judicialmente su origen; y garantías de derechos humanos incluso para nuestros adversarios.

Y necesitamos algo todavía más difícil:
educación democrática.
Porque Chávez no apareció de otro planeta. Llegó al poder dentro de una sociedad que había perdido progresivamente la confianza en sus instituciones.
Por eso reconstruir edificios, carreteras, refinerías y plantas eléctricas será relativamente sencillo comparado con reconstruir la cultura republicana de una nación que está sumergida en la corrupción y en el dinero Fácil. La democracia no puede consistir en elegir cada seis años a un nuevo dueño del país.
El presidente debe volver a ser exactamente lo que siempre debió ser:
un empleado temporal de la República. Los militares tampoco pueden volver a decidir quién gobierna Venezuela. Su obligación constitucional debe ser defender la soberanía nacional, no administrar ministerios, alimentos, petróleo, bancos, empresas ni elecciones.

Y la nueva Venezuela deberá conservar memoria documental de lo ocurrido.
Archivos.
Testimonios.
Sentencias.
Investigaciones.
Nombres de víctimas.
Museos de la memoria. Educación histórica. No para enseñarles odio a nuestros hijos, sino precisamente para enseñarles por qué nunca deben repetir nuestros errores.
Una democracia perdurable no necesita ciudadanos que piensen igual.
Necesita ciudadanos que, pensando completamente distinto, acepten las mismas reglas. Que gane la izquierda y entregue el poder si pierde Que gane la derecha y entregue el poder si pierde.
Que gobierne quien obtenga los votos y que ningún uniforme, partido, empresario, caudillo o potencia extranjera pueda colocarse por encima de la Constitución.

Esa será la verdadera derrota del chavismo autoritario: no reemplazar un culto por otro, sino construir una República en la que jamás vuelva a ser posible ningún Chávez, ningún Maduro, ningún Hermanos Rodriguez ni ningún otro caudillo con distinto apellido, uniforme, color o consigna. Porque Venezuela no necesita otro hombre indispensable.
Necesita instituciones indispensables.
No necesita otro mesías político.
Necesita ciudadanos libres. No necesita olvidar. Necesita justicia. Y después de tantos años caminando entre las ruinas, Venezuela no merece simplemente un cambio de gobierno. Venezuela merece volver a ser República. Y cuando finalmente lo sea, que nadie vuelva a entregarle las llaves de la casa a quien prometa salvarnos mientras, silenciosamente, comienza a cambiar las cerraduras para robar todo lo que se encuentra dentro.

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