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Vivir con lo mínimo: así sobrevive el venezolano en la actualidad

En Venezuela, la economía cotidiana se ha reducido a una ecuación básica: cuánto alcanza y qué se puede dejar de pagar. En un entorno de inflación persistente, depreciación del bolívar y salarios rezagados, los hogares han ajustado no solo su consumo, sino también la forma en que organizan su vida.

El economista Aaron Olmos resume el fenómeno como un cambio en la jerarquía de necesidades. Ya no se trata de planificar, sino de decidir, casi a diario, qué gasto atender y cuál posponer.

Elegir qué pagar

La restricción de ingresos obliga a priorizar. Pagos de condominio, matrículas escolares o servicios básicos compiten por recursos limitados, en una dinámica donde no todo puede cubrirse al mismo tiempo.

Incluso el acceso a la salud se ve condicionado. Consultas médicas, tratamientos o controles regulares pasan a depender de la disponibilidad de dinero en el momento, lo que introduce riesgos adicionales en hogares con enfermedades crónicas

Estirar el ingreso

En la alimentación, la estrategia es maximizar cada bolívar. Comparar precios, cambiar marcas o reducir cantidades se ha vuelto parte de la rutina. El consumo se adapta a la capacidad de pago, no a las necesidades nutricionales.

Pero el ajuste no termina ahí. La generación de ingresos adicionales se ha convertido en una constante. Actividades informales, trabajos paralelos o pequeños emprendimientos forman parte del día a día de muchos venezolanos, en un intento por compensar la pérdida del poder adquisitivo del salario.

lapatilla

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