Ayer, leo en X un post escrito por un venezolano, en el cual le atribuye la responsabilidad de lo que actualmente pasa en Venezuela al señor presidente Trump pues, la democracia a la que el autor del mismo aspiraba, a nuestra tierra no ha llegado.
Inmediatamente que lo leí, recordé una carta que se le atribuye al periodista cubano Miguel Ángel Quevedo, aparentemente escrita por el para que fuera encontrada a posteriori de suicidarse en Caracas el año 1969, donde reparte culpas o responsabilidades por lo que, ya para esa fecha pasaba en Cuba, carta esta cuya autoría algunos objetan.
Cierta o no la misiva, la verdad es que, en lo que nos concierne su texto es ilustrativo. Así, parafraseandola sostengo:
Es una falacia argumentativa y conceptual afirmar que el responsable de nuestra situación está en Washington; da pena decirlo, pero está por el mundo.
Fuimos nosotros, los venezolanos los que creamos nuestra situación. Los medios, intelectuales y empresarios que, en lugar de coadyuvar con críticas constructivas a que, en democracia las situaciones cambiarán para bien, se dedicaron, por una parte, a hacer aquellas con el fin de destruir liderazgos y por la otra, potenciar otros, vacuos golpistas o irresponsables.
Fueron los congresistas, fiscales, jueces y magistrados que, torciendo la interpretación de la ley, defenestraron a quien ejercía la presidencia y lo condenaron, pese a que solo ejecutó una política de Estado. Fueron igualmente magistrados, los que permitieron una constituyente para satisfacer el ego de alguno, «porque el pueblo lo quería», a pesar de que la Constitución de 1961 lo prohibía, para todavía hoy, pontificar sin rubor alguno.
También fueron los políticos, esos que, obligados a defender lo que habían construido en democracia, renunciaron a ello y a posteriori, se abstuvieron de participar electoralmente e indujeron al ciudadano a hacerlo, unas veces quizás por válidas razones y otras por estrictos motivos de cálculo personal. Fueron responsables esos mismos personajes por su incapacidad de construir, facilitar o llegar a acuerdos y por su habilidad para torpedear los mismos.
Pero también lo fueron los ciudadanos.
Esos que no requerían prueba judicial para saber que estaban votando en diciembre del 98 por un individuo que había atentado contra la democracia y sus valores. Esos que reiteraron su conducta el 99, el 2006 y el 2012. Los mismos que, claros como la luna llena, nos metieron en el laberinto madurista el 2013, ese que hoy nos tiene aqui.
Pero no solo son responsables los que actuaron activamente. También lo son los que en su casa se quedaron siempre porque la política no es su asunto. A éllos también les cae la responsabilidad de nuestra situación.
Finalmente también lo fuimos y me incluyo, los que, a pesar de estar en contra de todo lo que previamente he reseñado, no fuimos capaces de inducir al liderazgo -de todo espectro politico- a cambiar la conducta suicida que hoy nos trajo hasta aquí. Así, alguna cuota nos cae por nuestra situación.
Mr. Trump no es la causa de nuestra tragedia. Es la consecuencia de nuestra irresponsabilidad. A él, como al diablo, lo tentamos y lo llamamos y una cosa, reza un muy castizo refrán, es hacer lo segundo y otra verlo llegar.
Según leo en los medios, el acceso al petróleo cada día se torna más difícil por los conflictos internacionales. El Estado que le puso la mano al nuestro el 3 de enero, que sabe tanto por viejo como por diablo, se garantizará que, de nuestra tierra se produzca un flujo continuo y seguro del mismo para ese país y para ello requerirá, siempre, un gobierno amigo que le garantice estabilidad interior. Cuando tenga la certeza que esas dos condiciones se cumplan, veremos avances en el tema que a los escribidores que le atribuyen responsabilidad por nuestro estado de cosas, se cumplan. Ello, que nadie lo dude, para los norteamericanos, será política de Estado y por tanto, bipartidista pues es un tema de seguridad nacional, no solo de negocios pues ahora, gracias a su accionar, los factores extranjeros que por nuestra tierra pululaban y que ciertamente conspiraban contra el interés norteamericano, ya no están y los norteamericanos se garantizarán que así permanezca.
Viene a mi mente, mientras termino de escribir estas líneas, el título de una canción: «culpable soy yo». Nos aplica a todos.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
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