Un encuentro con el alma indomable de una artista que transformó el dolor en la más alta de las artes.
Imaginen por un momento la voz. Esa que brota del centro de la tierra y se eleva hasta estremecer las vigas del cielo. Es la voz de Jana Hurková. Pero Jana, conocida artísticamente como Belle De Z, no es una cantante al uso; su vida parece uno de esos guiones que nadie se atrevería a escribir por inverosímil. Una emigrante eslovaca afincada en Vila-real, una madre superviviente de una relación violenta, una mujer cuyo cerebro almacena siete amenazas de muerte en forma de los aneurismas.
Y, sin embargo, hoy, desde los escenarios más prestigiosos de Europa, nos regala la lección más hermosa y aterradora: que se puede estar roto por dentro y, aún así, sonreír, cantar y vencer.
En un rincón íntimo de Madrid, con una taza de té humeante entre sus manos —manos que tiemblan apenas un instante, como el recuerdo de un terremoto interior—, Belle De Z recibe a este cronista. No hay distancia en su mirada; hay una intensidad que quema. Porque ella no ha venido a hablar de discos de oro, sino de segundos de vida, de cómo una mujer puede estar al borde del abismo y decidir, por pura voluntad, mirar hacia arriba y empezar a andar. Déjense cautivar por esta entrevista, porque no es todos los días que uno se sienta frente a la mejor versión de la resiliencia humana.

- Belle De Z, hablemos primero de los orígenes. Usted fue esa niña que cantaba en el coro de la iglesia de Rimavská Sobota y que, con tan solo 14 años, fue seleccionada para actuar ante el mismísimo Presidente de la entonces Checoslovaquia. ¿Qué queda de aquella niña de voz impecable en la mujer indómita que escuchamos hoy en el Got Talent Checoslovaco?
Queda absolutamente todo. Esa niña sigue viviendo dentro de mí, aunque la vida la obligó a convertirse en una mujer mucho más fuerte, más consciente y más valiente. Recuerdo perfectamente aquellos años en Rimavská Sobota. El coro de la iglesia fue mi primer escenario, a parte de la ducha y escaleras de mi casa, el lugar donde descubrí que cantar no era solo interpretar notas, sino transmitir emociones. Allí aprendí disciplina, sensibilidad y respeto por la música. Y sí, actuar con apenas 14 años ante el Presidente de Checoslovaquia fue algo enorme para una niña de provincia. En aquel momento sentí, quizás por primera vez, que la música podía abrir puertas imposibles. Pero la vida después me llevó por caminos muy duros. Los aneurismas cerebrales, los ictus, las operaciones, la recuperación… todo eso cambia a una persona para siempre. Ya no cantas igual después de mirar tantas veces a la muerte de frente. La voz cambia porque cambia el alma. En Got Talent la gente vio fuerza, rabia, energía, incluso una especie de rebeldía. Y tienen razón. Hoy ya no soy aquella niña tímida que solo quería cantar bonito. Hoy soy una mujer que canta porque sobrevivió. Porque sigue aquí. Porque entendió que la vida es demasiado frágil como para vivir con miedo. Pero la esencia sigue siendo la misma: la emoción verdadera.
La diferencia es que ahora cada canción tiene cicatrices detrás. Y eso no se aprende en ninguna escuela de música.
- En 1999 cruzó Europa casi por casualidad: unas vacaciones, una playa, un flechazo que la cambió todo. El cuento de hadas duró poco y derivó en una realidad muy dura: malos tratos psicológicos y físicos. Usted logró escapar de ese infierno y criar sola a su hija en un país extranjero. ¿De dónde sacó la fuerza para no pedir la maleta de vuelta y quedarse, precisamente, para sanar?
Fue una etapa muy dura, pero creo que cuando eres madre descubres una fuerza que ni siquiera sabías que existía dentro de ti. Muchas veces pensé en volver, en rendirme, pero algo dentro de mí me decía que tenía que seguir adelante. España terminó convirtiéndose en el lugar donde reconstruí mi vida desde cero. No fue fácil: estaba sola, en un país extranjero y con mucho miedo, pero también entendí que si quería darle una vida mejor a mi hija, primero tenía que salvarme a mí misma. Con el tiempo comprendí que quedarse no fue una derrota, fue mi forma de sanar y volver a encontrarme como mujer y como artista.
- En 2018 lanza «You Belong», una balada blues que le valió la medalla de bronce en los Global Music Awards de California. La crítica alabó su fuerza vocal. Pero, ¿qué significó para usted ponerle título y melodía a la palabra «Pertenencia» cuando usted misma ha vivido siempre al límite entre dos patrias (Eslovaquia y España)?
“You Belong” no nació desde el amor a una patria, sino desde una herida emocional muy profunda. La canción habla de esas relaciones tóxicas de las que muchas veces cuesta muchísimo salir, donde una persona termina perdiéndose a sí misma, sufriendo y olvidando su propio valor. En aquella época yo estaba nuevamente enamorada y tenía ilusión por volver a creer en el amor, pero también llevaba dentro mucho miedo por todo lo vivido anteriormente. Y justo entonces ocurrió un caso muy grave de maltrato en Vila-real, la ciudad que considero mi casa. Fue algo que me impactó muchísimo y que marcó un antes y un después en mi vida. Por eso la frase “You wanna be free now” es tan importante. Habla de la necesidad de liberarse, de volver a respirar, de recuperar la dignidad y aprender a amarse a uno mismo de verdad. Porque el amor nunca debería doler ni destruirte. A partir de ahí empecé también a colaborar y hacer trabajo voluntario con mujeres y hombres maltratados, porque el sufrimiento no entiende de género. Creo que es muy importante perder el miedo a hablar. Nunca sabemos a quién le puede pasar: puede ser alguien muy cercano. Y aunque nací en la antigua Checoslovaquia y llevo en el alma tanto República Checa como Eslovaquia, España fue el lugar donde realmente renací como mujer y como artista. Aquí nació mi hija, aquí nació mi música y aquí volvió a latir mi alma.
- Hablemos de la tormenta, Jana. En 2019, su cuerpo decidió plantarle batalla. Seis aneurismas cerebrales se rompieron en su cabeza. Luego vino otro más en 2024, dos ictus, y la pérdida casi total de sus recuerdos de infancia y juventud. ¿Puede describirnos ese momento? No el médico, no el clínico. El momento exacto en que se da cuenta de que su cerebro, el instrumento más preciado para una cantante, le está jugando una mala pasada.
Lo más duro no fue solamente el dolor físico. Lo más duro fue sentir que estaba perdiendo partes de mí misma. Hubo un momento en el que entendí que mi cerebro, aquello que guarda tus recuerdos, tu identidad, tus emociones y tu música, ya no estaba respondiendo igual. Cuando comenzaron los aneurismas y después llegaron los ictus, sentí muchísimo miedo. No miedo a morir, sino miedo a dejar de ser yo. A perder recuerdos de mi infancia, de mi juventud, de las personas que amo y de todo aquello que me había construido como mujer y como artista. Y cuando empecé a notar esos vacíos en la memoria, fue devastador. Para una cantante, la voz no nace solo de la garganta. Nace también de las emociones, de la memoria y de las experiencias vividas. Sentí que la vida me estaba arrancando partes muy importantes de mi historia. Y ahora sigo luchando. Actualmente estoy esperando una nueva operación por dos aneurismas ya tratados en 2018 que están microfiltrando sangre al cerebro. Es una intervención mucho más compleja y delicada, porque volverán a tocar zonas ya tratadas de mi cerebro. Claro que existe miedo, sería mentira decir que no. Pero también tengo muchísima fe y muchísima confianza en el equipo médico que me está tratando desde 2018 y sobre todo el Doctor Antonio Lorenzo. Siempre digo que gracias a ellos sigo aquí. Gracias al increíble equipo de neurologia y neurocirugia del Hospital General de Castellón he podido seguir viviendo, seguir luchando y seguir haciendo música. Después de todo lo vivido, aprendí que la esperanza también forma parte de la recuperación. Y aunque he perdido muchos recuerdos, no he perdido las ganas de vivir, de cantar y de seguir adelante.
- El dato que más nos conmueve: cuenta que, tras la primera cirugía, en la sala de reanimación y sin poder hablar, usted intentó «cantar mentalmente» por miedo a haber perdido el registro de su voz. ¿Hay algo más terrorífico para un artista que el silencio interior?
Sí. Creo que para un artista no existe algo más terrorífico que sentir silencio dentro de uno mismo. Y realmente fue un momento muy duro y muy impactante para mí. Cuando desperté después de la primera cirugía, una de mis mayores obsesiones era saber si todavía podía cantar. No podía hablar bien todavía, estaba desorientada, llena de miedo… y recuerdo que lo único que hacía era intentar cantar mentalmente. En mi cabeza repetía melodías una y otra vez, intentando comprobar si la música seguía viviendo dentro de mí. Porque para mí cantar no es solo una profesión. Es mi identidad, mi forma de expresar emociones, mi manera de sentirme viva. Y el miedo a perder eso fue absolutamente terrorífico. Pero el momento más emocionante llegó cuando ya me bajaron a planta. Entró una enfermera muy amable y me preguntó cómo me encontraba. Yo la miré y le dije: “¿Podrías escucharme?”. Ella sabía que yo cantaba, así que me animé e intenté cantar una canción de Madonna. Y ocurrió algo que jamás olvidaré. La enfermera empezó a llorar… y al final terminamos llorando las dos. Yo lloraba por la felicidad inmensa de descubrir que todavía podía cantar. Y ella, creo, por la emoción del momento y por todo lo que significaba después de lo vivido. Fue un instante precioso, humano e imposible de explicar con palabras. Uno de esos momentos que se quedan grabados en el alma para siempre.
- Nos han contado que perdió gran parte de su memoria. De hecho, en alguna entrevista mencionó que amigos y familiares tuvieron que ayudarle a reconstruir quién era, como si fuera un rompecabezas biográfico. ¿Se ha convertido Belle De Z en un personaje distinto al de la Jana que usted imaginaba antes de los aneurismas, o cree que la enfermedad solo eliminó lo accesorio y dejó al descubierto su verdadera esencia?
Creo que los aneurismas y los ictus no cambiaron mi esencia, pero sí cambiaron completamente mi manera de ver la vida. Es verdad que perdí muchísimos recuerdos de mi infancia y de mi juventud, y hubo momentos muy duros en los que sentía que estaba reconstruyendo mi propia historia como un rompecabezas. Amigos, familiares, personas cercanas y mis diarios (libretas) me ayudaban a recordar quién era, qué había vivido o incluso partes importantes de mi pasado. Pero al mismo tiempo ocurrió algo muy profundo dentro de mí. Sentí como si la vida hubiera apagado todo lo superficial para dejar solamente lo verdaderamente importante. Después de pasar por algo así, ya no pierdes tiempo en cosas vacías. Empiezas a vivir con muchísima más conciencia, valorando cada momento, cada persona y cada emoción de otra manera. Desde que comenzó toda esta batalla médica también empecé a dedicar muchísimo más tiempo a escribir. La música y las letras se convirtieron en una forma de reconstruirme emocionalmente y de conectar conmigo misma otra vez. Muchas veces siento que algunas canciones nacen desde un lugar mucho más profundo que antes, como si mi alma hablara directamente. Claro que hay días difíciles. Mi cabeza ha pasado por muchísimo y hay momentos en los que el cansancio, la memoria o las emociones me recuerdan todo lo vivido. Pero también aprendí a escuchar mi cuerpo, a parar cuando hace falta y a aceptar que la recuperación no es una línea recta. Y en todo este proceso mi hija ha sido una de mis mayores fuerzas. También las personas que permanecieron a mi lado cuando todo cambió. Porque después de una experiencia así entiendes que no importa cuántas personas tengas alrededor, sino cuáles realmente permanecen contigo cuando la vida se rompe. Hoy quizá soy distinta a la Jana que imaginaba ser antes de los aneurismas. Pero también siento que soy una versión mucho más humana, más consciente y más verdadera de mí misma. Y mientras pueda seguir emocionando, escribiendo y haciendo sentir algo bonito a otras personas, sé que todo habrá valido la pena.
- Hablando de premios: los ORFEUM Awards, el Angel Voice International de Belgrado… pero su mayor reconocimiento parece ser el cariño de la comunidad española en la provincia de Castellón, donde le dicen «vecina» con orgullo. ¿Pesa más una medalla olímpica musical o el abrazo de la gente que te ve hacer la compra en el supermercado? ¿Cómo recibiste tu premio Europa Multicultural 2026?.
Todos los premios son importantes y los recibo con muchísimo agradecimiento, porque detrás de cada reconocimiento hay años de lucha, trabajo y también muchísimo sacrificio personal. Los ORFEUM Awards, Angel Voice International o el Premio Europa Multicultural 2026 son momentos muy emocionantes para mí porque representan que mi música y mi historia han llegado a otros países y a otras personas. Pero sinceramente, hay algo todavía más valioso: el cariño real de la gente. Que una persona te pare en el supermercado, te abrace, te pregunte cómo estás o te diga “estamos orgullosos de ti” tiene un valor inmenso. Porque eso no nace de una gala ni de un jurado, nace del corazón.
Yo llegué a España hace muchos años siendo una persona completamente desconocida, y Castellón, Vila-real y toda esta tierra me acogieron como una más. Aquí reconstruí mi vida, aquí nació mi hija, aquí luché por sobrevivir y aquí también volví a levantarme como artista. Por eso cuando alguien me llama “vecina”, como mi vecina de tercero Elena, siento algo muy especial. Es una palabra sencilla, pero llena de humanidad y de pertenencia. Y el Premio Europa Multicultural 2026 lo recibí con muchísima emoción precisamente por eso. Porque sentí que no solo estaban premiando a una cantante, sino también a una mujer que sobrevivió, que cayó muchas veces y que aun así siguió adelante intentando transmitir esperanza, fuerza y amor a través de la música.
- Se ha convertido en una activista involuntaria de las enfermedades cerebrovasculares. Ha contado su historia para visibilizar los aneurismas cerebrales. ¿Cómo lleva esa responsabilidad? ¿No tiene miedo de que, al contar tanto su lucha, el público deje de ver a la artista y solo vea a la paciente?

Claro que alguna vez he pensado en eso. He pensado si la gente dejará de verme como artista para verme solamente como “la mujer de los aneurismas”. Pero después entendí algo muy importante: mi historia forma parte de mí, pero no me define por completo. Yo no elegí convertirme en una voz para las personas que sufren enfermedades cerebrovasculares. La vida me puso en ese camino. Y si contar lo que he vivido puede ayudar aunque sea a una sola persona a detectar síntomas a tiempo, a no rendirse o a sentirse menos sola, entonces ya vale la pena. Hoy en día también intento ayudar a personas que me contactan a través de redes sociales. En la mayoría de los casos son familiares de personas afectadas que buscan orientación, esperanza o simplemente alguien que entienda lo que están viviendo. Muchas veces necesitan escuchar que sí se puede volver a hablar, volver a caminar, volver a vivir. Además, estoy intentando ayudar especialmente en la recuperación del habla a través de técnicas vocales que he desarrollado y adaptado yo misma durante mi propia rehabilitación. Son ejercicios y métodos que a mí me ayudaron muchísimo y que también están ayudando a otras personas. Creo que compartir ese conocimiento es muy importante, sobre todo porque en muchos países de Latinoamérica este tipo de ayuda especializada es muy difícil de conseguir gratuitamente. Para mí no cuesta nada dedicar tiempo a explicar ejercicios, grabar vídeos de ejemplo o intentar orientar a las familias, porque cada caso es diferente y cada persona necesita una adaptación distinta. A veces un pequeño apoyo humano puede convertirse en una enorme esperanza para alguien que siente que lo ha perdido todo. No quiero que la gente me vea como una paciente. Quiero que me vean como una mujer, una artista y una superviviente que decidió transformar el sufrimiento en algo útil para los demás. Porque al final, la enfermedad me quitó muchas cosas, sí… pero también me enseñó el verdadero valor de la vida, de la música y de cada instante que todavía puedo compartir.
- Hay un momento en su biografía que dice: «Comparte tu magia: la que llevas en el alma». Usted vive al día. Sabe que los aneurismas siguen ahí, que necesitará otra cirugía, que el riesgo es latente. ¿Cómo se enfrenta uno al escenario sabiendo que cada nota podría ser la última, o que el silencio podría llegar sin avisar?
Claro que soy consciente de que los aneurismas siguen ahí y de que todavía tengo que enfrentarme a nuevas cirugías. El riesgo existe y sería absurdo negarlo. Pero también entendí que vivir con miedo constante no es vivir realmente. Cuando subo a un escenario no pienso en que una nota pueda ser la última. Pienso en agradecer que todavía puedo cantar, sentir y emocionar. Cada canción se convirtió en algo mucho más profundo para mí. Ya no canto para demostrar nada; canto porque sigo viva. Y quizá precisamente por eso hoy conecto de otra manera con las personas. Porque cuando has estado tan cerca de perderlo todo, aprendes que la verdadera magia no está en la perfección, sino en la verdad que eres capaz de transmitir. Por eso siempre digo: comparte tu magia, la que llevas en el alma. Porque nunca sabemos cuánto tiempo tenemos, pero sí podemos decidir cómo queremos vivirlo. Y yo quiero vivirlo con amor, con música y con gratitud por cada día que todavía puedo estar aquí.
- Para terminar, queremos hablar de esperanza. Si tuviera que escribir una canción ahora mismo, ¿cómo se titularía? ¿Y a quién se la dedicaría: a la niña que una vez cantó en el palacio presidencial, a la madre que sacó adelante a su hija, o a la mujer que un día despertó en un hospital y no recordaba quién era?
Sinceramente, ahora mismo no escribiría una sola canción, porque justamente estoy preparando un disco completo que habla de quién soy realmente. Es un proyecto muy personal, pero al mismo tiempo es un proyecto para todas las personas en general, porque habla de emociones, luchas y situaciones con las que muchísima gente puede sentirse identificada. Estoy dejando en él partes muy profundas de mi vida, de mis experiencias y de todo lo que he aprendido a través del dolor, la lucha y también la esperanza. Es un disco lleno de fuerza, positividad, supervivencia, amor y ganas de vivir. Hablo de las caídas, de volver a levantarse, de las personas luchadoras, de las heridas invisibles y de esa fuerza interior que muchas veces descubrimos solo cuando la vida nos pone al límite. Y estoy segura de que muchísimas personas se sentirán reflejadas en lo que cuento en esas canciones, porque todos llevamos alguna batalla dentro aunque muchas veces no la mostremos. Además, es un disco completamente en español, porque quería expresarme desde el corazón y desde el lugar donde realmente renací como mujer y como artista: España. Todavía no ha salido porque, evidentemente, siendo una artista independiente, afrontar todos los costes de producción, grabación y promoción no es nada sencillo. Pero cuando uno siente que tiene algo importante que decir, lo da todo, aunque el camino sea difícil. Quizá algunas personas me vean soñadora, pero no se trata de vivir en un sueño. Se trata de ser real, de abrir el alma sin miedo y compartir algo que pueda inspirar, acompañar o incluso ayudar a otras personas a seguir adelante. Y aprovecho también para decir que, si alguna persona o empresa quiere formar parte de este proyecto como patrocinador, será más que bienvenida. Porque este disco no nace solo desde la música, nace desde la vida misma.
Quiero agradecer de todo corazón a todas las personas que están ahí día a día, apoyándome, acompañándome y dándome fuerza incluso en los momentos más difíciles. También a quienes están lejos físicamente, pero siempre presentes con un mensaje, una oración, una palabra bonita o simplemente pensando en mí.
A veces no somos conscientes de cuánto puede ayudar un pequeño gesto hasta que nos toca vivir situaciones complicadas. Y yo he tenido la suerte de sentir muchísimo cariño, no solo de personas cercanas, sino también de gente que quizás nunca he visto en persona, pero que me transmite una energía y un amor increíbles.
Todo ese apoyo humano tiene un valor inmenso para mí. Porque al final, la vida no se mide solo por lo que conseguimos, sino también por las personas que caminan a nuestro lado, incluso en silencio.
Y por supuesto, también quiero agradecerte a ti José Luis esta entrevista, porque realmente me has dado la oportunidad de abrirme, de contar mi historia desde lo más humano y de compartir cosas que muchas veces uno guarda muy dentro. Ha sido como hablar con un amigo desde el alma, y eso hoy en día tiene muchísimo valor.
Apago la grabadora. El pequeño piloto rojo se extingue, y con él, la última excusa para seguir reteniéndola. Belle De Z vuelve a sonreír, pero esta vez es diferente: ya no es la sonrisa de la artista ni la de la superviviente. Es la sonrisa de alguien que ha decidido, simplemente, quedarse.
Me acompaña hasta la puerta. En el marco, nos miramos. Quiero decirle algo inteligente, algo profundo, algo que esté a la altura de lo que acabo de escuchar. Pero no encuentro las palabras. Ella lo percibe, y con una delicadeza que no merece este oficio tan rudo, me adelanta:
«No hace falta que diga nada. Ya lo ha escuchado todo. Ahora solo tiene que contarlo bien. Por ella/os» —se toca otra vez la sien—. «Por la/os que ya no pueden contar nada.»
Asiento, mudo. Bajo las escaleras sin mirar atrás, porque temo que, si la vuelvo a ver, romperé en algo que no sé si son lágrimas o un aplauso.
En la calle, el aire de Madrid huele a tarde y a tabaco lejano. Me siento en un banco, enciendo un cigarro que no quiero, y escribo en mi libreta una sola frase. La única que merece cerrar esta historia:
«Hay artistas que se escuchan con los oídos. Y luego está Belle De Z, que se escucha con las costillas rotas y el corazón cosido a puntos.»
Cierro la libreta. Miro al cielo. Y por primera vez en décadas de años de oficio, no tengo nada más que añadir.
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