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«Cajón de Sastre» La palabra como puente: Carlos Hugo Garrido Chalén, 34 años de la Unión Hispanomundial de Escritores. Por José Luis Ortiz Güell

El poeta y presidente fundador de la UHE reflexiona sobre el papel del escritor frente a la guerra, la inteligencia artificial y la indiferencia institucional

Hay hombres que convierten la poesía en un acto de resistencia. Carlos Hugo Garrido Chalén es uno de ellos. Poeta, escritor y presidente mundial fundador de la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE), lleva 34 años tejiendo una red de palabras que no solo buscan belleza, sino justicia. En un planeta herido por la desigualdad, la guerra y la prisa digital, su voz sigue siendo un faro ético. Esta es su carta de navegación.

Corría el año 1990 cuando Carlos Hugo Garrido Chalén, desde su profunda convicción humanista, fundó lo que entonces llamó Unión Hispanoamericana de Escritores. Hoy, tres décadas y media después, la organización es la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE). Ahora agrupa a cientos de voces en varios idiomas y continentes. Pero el origen fue el mismo que ahora: la certeza de que la literatura no puede ser un lujo intelectual, sino una herramienta de transformación social.

“Frente a la gran crisis social, económica, política, educativa y financiera —y sobre todo ética y moral que agobia al planeta—, entendimos que teníamos una gran responsabilidad frente al caos desatado”, afirma Garrido Chalén.

Uno de los conceptos que más ha madurado en el pensamiento del poeta peruano es la paz. No una paz ingenua ni declamativa, sino una “paz con justicia total”. Una paz que no ignore la desigualdad, la exclusión o la corrupción. Porque, como sentencia: “incluso la paz, fuera de los lirismos que se quedan en el limbo de las simples conjeturas intrascendentes, debe ser reconceptuada”.

Para Garrido Chalén, el escritor no puede mirar hacia otro lado. La literatura es, ante todo, un acto ético.

En un mundo donde la inteligencia artificial avanza sin freno, el líder de la UHE lanza una advertencia medida pero firme:

“La inmediatez digital y la presencia de la inteligencia artificial constituyen un gran paso, pero también un gran peligro, cuando de aquí a diez o veinte años comience a ponerse por encima del ser humano”.

No rechaza la tecnología, pero defiende la centralidad del ser humano, del alma, de la sensibilidad que solo un poeta puede transmitir.

Construir una red internacional de escritores durante 34 años no ha sido fácil. Garrido Chalén lo reconoce con honestidad: “Nada hubiera sido posible sin ese sentimiento de amor que nos ha animado siempre, por encima de las deslealtades, envidias, odios y mezquindades”.

Ese amor —palabra tan poderosa como incómoda en ciertos círculos— es para él la única fuerza capaz de respetar las identidades culturales. Así, puede hacerlo sin fragmentar la comunidad literaria.

Uno de los pasajes más conmovedores de la conversación con la periodista Yanelki Rodríguez Gómez es cuando el poeta habla del silencio de los gobiernos y las instituciones culturales:

“Ese es el mayor drama fomentado por la indiferencia, que hemos enfrentado durante estos 34 años”.

Aun así, no claudica. Su organización sigue tendiendo puentes, exigiendo que poetas, artistas y académicos sean incluidos en los planes educativos nacionales e internacionales.

Cuando se le pregunta por el futuro, Carlos Hugo Garrido Chalén no responde con ambiciones de poder ni de permanencia institucional. Su mirada va más lejos:

“Nuestro mayor reto no es que nuestra Organización trascienda más allá de los años simplemente, sino lograr, como un legado, que las obras de nuestros asociados sean amadas y leídas por los niños, los jóvenes y los ancianos del mundo”.

Un legado que enseñe a repudiar la guerra, la barbarie, la corrupción, el racismo y toda forma de violencia. Porque, advierte, “de lo contrario no nos habrá servido nada caminar estos caminos”.

La Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) sigue activa, convocando certámenes, publicando antologías y defendiendo la libertad creativa con responsabilidad social. En un tiempo de respuestas rápidas y algoritmos, la palabra de Carlos Hugo Garrido Chalén nos recuerda algo esencial: la poesía también puede salvar al mundo.

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