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Opinión

Capriles, Juan Pablo Guanipa, Carlos Ocariz, Manuel Rosales, María Corina Machado, Juan Guaidó, Carlos Prosperi, Ramos Allup, Williams Dávila, Benjamín Rausseo, Delsa Solorzano, Andrés Velásquez, Nicmer Evans, Antonio Ecarri, Henry Flacón, Gustavo Duque, David Uzcátegui, César Pérez Vivas, y la colonia Tovar…Por Soc. Ender Arenas Barrios

…Y seguimos contando. En realidad, he hecho algo que no se estila en notas como esta, es decir, titular de esta manera parece una locura, pero que procura recoger el clima que se respira dentro de la oposición venezolana de esta hora, que paradójicamente grita: ¡Unidad, Unidad y mas Unidad! Y aparece con un abanico de opciones que dan cuenta de muy poco realismo político.

“Muy poco realismo político”, dije, pues, el realismo político encierra una definición de la política, que es clásica, pero que a mí en lo particular no me gusta porque remite a una idea instrumental que concibe la política como una mera técnica y como ya sabemos la política es mucho más que un instrumento y mucho más que una técnica. Pero, es obvio, que debe haber cierto realismo político que permita poder ejercer un mínimo de cálculo de la acción de los otros a quien va dirigido el mensaje político que se espera realizar.

Ser realista en política significa que dentro del menú de opciones que se presenta se debe elegir aquella que sea factible de materializarse. Es necesario que nuestros opositores lean un poco a Maquiavelo, no está de más. Pues de él aprenderían las premisas básicas del tipo de realismo que es necesario para embarcarse en un evento donde hace falta actuar con cierta racionalidad y no pensar que dada las condiciones por las que atraviesa el país hacen posible cualquier “cosa”.

 Eso significa que se ignora que el país no es el mismo de 1998, que el clima cultural y político de hoy es totalmente diferente y eso hace que no todo lo que es posible o lo que se concibe como tal sea factible de ser realizado.

Y, en este sentido, me pregunto, qué cálculo habrá hecho la mayoría de este abrumador número de candidatos a las primarias sobre sus reales posibilidades de ganar tal evento o, peor, aun, si ellos tienen la fuerza y el poder de convocatoria para poder unir en torno suyo las demandas que hoy están reclamando las mayorías por un cambio político y la recuperación de la democracia.

La mayoría de esos precandidatos son opciones poco realistas. En verdad, no sé cuáles son los cálculos realizados, por ejemplo, por Juan Pablo Guanipa, Luis Emilio Rondón, Carlos Prosperi, Delsa Solorzano, Ecarri o Andrés Velásquez, solo para citar algunos, que no son todos. Solo, digo yo, podría aconsejarles, si pudieran coger consejos, una vieja lección que nos da Max Weber: ”..El imperativo político es que se debe hacer lo que se puede hacer (lo factible) lo que no se puede hacer tampoco se debe querer hacer”. Pero es casi imposible que tal cosa sea internalizada por una gente que piensa más en sus particulares intereses y en egos que nadie se explica de donde se originan, que en el interés general de un país que ya parece un ex país.

Los afectos a algunos de estos candidatos me dirán, que es verdad que el país ha cambiado, que hay un nuevo estado de ánimo, una especie de nueva sensibilidad y que por tanto la acción política no puede ser restringida a rasgos mínimos de racionalidad  y prejuiciar que lo que hacen esos precandidatos sin opción alguna, que crean ruido a la unidad, es irracional ya que hoy  en Venezuela entra en juego las pasiones, nuevas creencias, mitos y por supuesto nuevos intereses ligados estos a nuevos actores nacidos al calor de la destrucción realizada por el chavismo en mas de 20 años de desgobiernos. Pero, la realidad, es que, la mayoría de esos nombres que se leen a diario en la lista de los candidatos a las primarias no representan los sentimientos, las pasiones y el sentido de los venezolanos de hoy.

¿Porque están allí? Bueno, la mayoría son ficciones políticas.

A lo sumo esa larga lista,  con cierto realismo político debe ser reducida a no mas de cinco candidatos y a lo mejor ya son muchos.

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