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Carlos Alaimo presenta: Editorial Versión Final // TRANSPARENCIA Y ÉTICA EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Una sociedad que quiere crecer con justicia y calidad de vida debe reclamar y exigir TRANSPARENCIA Y ÉTICA en el manejo de todos sus activos, recursos y actos administrativos. El tema más grave que tiene la Nación es la pérdida de los valores éticos y morales.

Sobre esta realidad es que toda la sociedad debe tener conciencia en la importancia que esta tiene para comenzar a cambiar el país. Es más fácil rescatar el cambio político que el país reclama y recuperar su economía que reconstruir y levantar los valores de la moral, de la ética y de la vocación de servicio que hoy están desaparecidos.

No hacemos nada con sustituir un modelo político por otro si el germen de la corrupción hoy convertida en cáncer está inmersa en la mente y accionar de los funcionarios y líderes públicos. Los empleados modelan a sus jefes. Si estos son mediocres y corruptos van a necesitar de subalternos con este perfil. Por ello es que los ciudadanos honestos se han alejado de la política y del empleo del sector público y si son talentosos tienen un componente adicional para no interesarse por ese sector laboral.

La administración pública debe ser transparente y para ello además hay leyes en todas las instancias para que así sea.

En el mundo moderno donde prevalece un orden moral todo es público, es el mismo concepto de los restaurantes donde sus cocinas son “open kitchen”, que permiten ver a los comensales como se cocina, desde la pulcritud, calidad de productos y proceso de alimentos; pues bien así debe ser nuestra administración pública. Caso contrario ¿Para qué sustituimos a gobernantes y alcaldes? si además del manejo de las tramitaciones y solicitudes en los actos administrativos mantienen el mismo “modus operandi” de los anteriores y de paso la ética, que es un valor individual del empleado o líder público es cuestionable por sus actuaciones, esto lleva al ciudadano honesto a alejarse de la política y de los políticos. La mayoría de los venezolanos son honestos.

La corrupción y mediocridad es una gran minoría que se han ocupado de conquistar espacios públicos. En el diario, todos los días recibimos informaciones de funcionarios desde su accionar público y personal, ingresos y manejos de recursos, entrega de contratos, matracas, extorsiones y nepotismos son los que prevalecen.

La ciudadanía cada día estará más consciente que el robo de los bienes públicos es el epicentro de la pobreza. De allí nace la vida miserable de los ciudadanos que no reciben calidad en sus servicios públicos; pagar más impuestos y sueldos miserables para los empleados.

Hoy la bandera de la transparencia, ética y vocación de servicio debe ser más reclamada por la sociedad a los políticos y funcionarios públicos, con rebeldía e irreverencia, propia de un pueblo que se resiste a vivir esta realidad pero otros venezolanos, por no enfrentarla, prefirieron salir del país con unas cifras alarmantes donde ya el 20 % de los nacionales han huido, con el Zulia doblegando este porcentaje.

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