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De la Constitución moribunda al fin del Socialismo del Siglo XXI. Por Joaquín Chaparro Oliveros

Decir que en Venezuela han «asesinado» la democracia no es una exageración narrativa; es la forma más precisa de describir cómo desmantelaron el voto y la voluntad popular. Más que un ataque puntual, lo que hemos vivido es una sentencia dictada contra las instituciones, las garantías y el derecho básico de los venezolanos a decidir su propio destino.

La primera gran tarea que tenemos por delante es urgente y decisiva: desplazar al régimen del poder e instaurar un sistema democrático que permita redefinir el país, forjar instituciones sólidas e ingresar de verdad al siglo XXI.

A veces da la impresión de que el tiempo se detiene. Si contamos desde el 3 de enero al 3 de septiembre pasado, apenas han transcurrido 8 meses —o lo que es lo mismo, 244 días y 5.856 horas—. Eso no es nada comparado con las más de tres décadas en que Chávez, Maduro y ahora Delcy han ejercido el poder de forma indebida.

Pero hay algo fundamental: cuando la democracia se reinstaure, será para siempre, per saecula saeculorum. Todo lo que hemos sufrido tras abrirle la puerta a la violencia a través de la antipolítica —y que tan caro ha pagado el pueblo venezolano como una traición a la libertad— no será más que una pesadilla, un hueco oscuro en nuestra historia republicana que no volverá a repetirse jamás.

Este desmantelamiento no ocurrió de la noche a la mañana. Comenzó mucho antes de ir a las urnas, a través de la persecución judicial, las inhabilitaciones arbitrarias a líderes clave como María Corina Machado y el encarcelamiento de activistas.

El punto de quiebre se consolidó tras las elecciones del 28 de julio de 2024, cuando se desconoció abiertamente la voluntad popular ante la mirada del mundo. Pretendieron matar la metáfora del voto y la soberanía del pueblo, pero no van a poder. No existe poder humano en la Tierra que detenga lo que la sociedad civil ya decidió, especialmente la fuerza indomable del pueblo zuliano.

Este proceso ha tenido un costo humano sumamente doloroso. La «sentencia a la democracia» se ha traducido en represión, detenciones arbitrarias, torturas, familias fracturadas por la migración forzada y vidas perdidas en las calles por el solo hecho de exigir respeto a las urnas electorales.

Sin embargo, la Venezuela que viene no es un simple regreso al pasado. La Venezuela que conocimos y caminamos no volverá tal cual; renacerá una mucho mejor, más grande y firme. Traer de vuelta a María Corina y reconstruir la patria es la meta en la que estamos anotados en primera fila.

Los zulianos la traeremos de regreso y, como bien decimos en Maracaibo: !Donde ronca una tigra, no hay burro con reumatismo¡. El futuro les pertenece a los venezolanos de bien, y la libertad volverá a ser la regla para todos.

Como nos recuerda la Palabra de Dios para darnos temple y empuje en esta hora crucial:

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas»

— Josué 1:9

DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano, pero diferente…

Sociedad Civil – Zulia con María Corina y Edmundo (MCM).&

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