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El Calendario Romano y la Fiesta de Navidad

El calendario que nos rige actualmente, se le atribuye en principio a un matemático de origen egipcio de nombre Sosígenes de Alejandría, aunque en la realidad lo que él hizo fue una reforma al calendario que regía antes en Roma y quien estableció que el tiempo histórico, en que estaban divididos los años, eran los días en que la Tierra gastaba en dar la vuelta al Sol.

Ya se sabía que un año eran trescientos sesenta y cinco días, pero una vez cumplidos estos, sobraban seis horas, o sea la cuarta parte de un día, lo cual, a través del tiempo acumulado, terminaba convertidos en nuevos días y meses, motivo suficiente para deducir que era un Calendario que estaba altamente descuadrado. Entonces Sosígenes dedujo que era menester buscar una salida correcta para aquellas horas sobrantes y estableció el año bisiesto, y para ello, cada cuatro años se debía hacer un ajuste de un día.

No obstante lo anterior, a algunos se les ocurrió, después del reinado de Constantino el Grande – que adoptó el cristianismo como religión oficial de Roma en el año 325 de nuestra era-, ordenar que se devolvieran los años en forma decreciente tomando como punto de referencia el nacimiento del Mesías y señalando los años pretéritos como antes del Mesías y los recientes como después. Entonces, el historiador francés Jean Duché, comprobó que dicha reforma produjo un desarreglo de cuentas, pues fijaron como fecha de nacimiento del Mesías seis años antes que se hubiese producido el mismo.

Además según el calendario bíblico que maneja el pueblo hebreo, tal nacimiento se produjo entre finales de Septiembre o principios de Octubre, tiempo durante el cual se lleva a cabo en Israel la Fiesta de las Cabañas (Sukot). Se ha venido enseñando erróneamente, que “los pastores de Israel acostumbraban sacar sus ovejas por la noche, en el mes de Diciembre”. Ello no era posible porque este mes es temporada invernal. Y el cristianismo, que en su mayor parte desconocía la vida anterior a los treinta años del Divino Maestro, que no tenía el conocimiento exacto de ese hecho trascendental, se fue llenando con la imaginación y los Concilios que eran verdad absoluta e indubitable.

Pero lo cierto de todo es que esos días que rodean la expectativa de la denominada Navidad, han servido en gran medida para activar el comercio, los viajes, los regalos, los festejos con música y licor y algunas otras cosas más, pero de todos modos siempre con una invocación a la paz y al amor. Las luces artificiales, los pesebres, la invención de Santa Klaus o sencillamente Santa para algunos países, son el fruto de esa veneración religiosa, así se adopte por el culto al placer y a la dicha material con visos de paganismo.

Alejandro Gutiérrez de Piñeres y Grimaldi

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