«La historia ocurre dos veces:
la primera vez como una gran tragedia
y la segunda como una miserable farsa»
Carlos Marx en
“El 18 Brumario de Luis Bonaparte”
Por supuesto, esta vez, no se trató del golpe de estado clásico, cuyos protagonistas fundamentales son los militares, por ejemplo, la intentona fallida de Chávez en febrero de 1992 o la fallida intentona golpista de noviembre del mismo año, dirigida por Hernán Grüber Odremán, Luis Enrique Cabrera Aguirre y Francisco Visconti (personajes que nadie recuerda). Todas estas intentonas de ciertos sectores militares para tomar el poder se presentaron travestidas como “revolución” y terminaron rebajadas a rebelión militar fallida o alzamiento militar fallido.
Los eventos del 3 de enero fue a mi juicio un “golpe palaciego”, ya saben su definición: “Un golpe palaciego es un tipo de golpe de Estado por el cual un gobernante o un sector del gobierno es desplazado por fuerzas pertenecientes al mismo gobierno”. Este ha sido gestado y desarrollado por los hermanos Rodríguez con el apoyo de EEUU (que, como dice Les Luthiers en “La Comisión”: “Los EEUU han sido los principales propulsores de “nuestra actual democracia” y… .de nuestras anteriores dictaduras)
Los hermanos Rodríguez han dicho que ellos no traicionaron a Maduro entregándolo a los EEUU, inclusive Jorge Rodríguez ha dicho en reiteradas ocasiones, en entrevistas a los medios internacionales y nacionales que ellos, inclusive, conversaron con Nicolás Maduro, la noche del 2 de enero, su hermana, Delcy Rodríguez, lo hizo hasta las 10 y 30 de la noche y él lo hizo hasta las 11 de la noche. Ellos, continúa diciendo, Jorge Rodríguez, estaban ajenos a lo que ocurrió dos horas después cuando empezó el bombardeo sobre Caracas y la incursión militar norteamericana que se llevó a Maduro.
En verdad, Nicolás Maduro y Cilia Flores, solo vieron el reyo cuando los marines entraron a balazos en el bunker de Fuerte Tiuna. Es ahora, en una prisión en Nueva York, que ambos oyen los truenos.
Pero, bueno, recuerden amigos que el traidor más famoso de la historia cenó con el traicionado hasta la 10 y 30 de la noche del miércoles, conocido mucho tiempo después como “el miércoles santo” o “día de la traición”. Esa noche, el traidor cenó con el traicionado con quien compartió el pan (pita) y el vino, acompañados con otros 11 comensales en la que la hermandad era tal que todos se sentaron del mismo lado de la mesa.
Fue al mediodía de ese día que, “el Imperio”, les entregó a los hermanos Rodríguez treinta monedas de plata, perdón, les entregó en calidad de tutelaje o protectorado la jefatura del gobierno.
Reconocer los hechos del 3 de enero de 2026 como un golpe de Estado desde el poder “prudentemente planificado en sus operaciones” y conceptualizarlo como tal (“golpe de Estado Palaciego”) es una tarea obligatoria para oponerla a la narrativa construida por los hermanos Rodríguez que en su empeño de quedarse en el poder ocultan esa realidad señalando que se trata de una “falta forzada” y por tanto no corren los lapsos constitucionales para el llamado a elecciones.
Siguen hablando de “soberanía” vulnerada, pero, sin pudor alguno, han inaugurado un vasallaje.
Todavía hay especialistas y analistas políticos que caracterizan las consecuencias de los hechos registrados el 3 de enero como el inicio de una transición y que solo hay que “esperar un poco”. El hecho de haber librado al país de Nicolás Maduro quien con Diosdado Cabello, son los personajes más repudiados, por casi la totalidad del país y su extracción, inequívocamente produjo el alivio y la alegría de todos los habitantes del país. La cuestión es que lo que estamos viviendo los venezolanos como resultado de esos eventos por la decisión de la administración Trump de dejar en el poder a los mismos que han dirigido al régimen por más de 27 años, con la excepción de su cabeza, ha producido un estado de ánimo desalentador, de desasosiego e incertidumbre con un futuro que el régimen pretende cerrarlo, presentado la continuidad como un escenario que puede ser permanente.
Ahora, no sé si habrá que seguir llamándolos “revolucionarios” a los chavistas que actualmente se ocupan de administrar el poder. Yo estimo que es mejor llamarlos “ex revolucionarios”, porque ya no hacen “revolución” y, sino hacen revolución no pueden ser revolucionarios. O tal vez sí, pues esto de coparticipar, en un golpe de Estado contra su propio gobierno, con los antes odiados imperialistas y ahora someterse a sus directrices y designios es, de verdad, un hecho que revolucionó sus cimientos ideológicos, sus narrativas y también la vida de sus ejecutores locales (“la boina roja por el blazer azul, de Delcy Rodríguez y del lenguaje de confrontación por el lenguaje edulcorado de Jorge Rodríguez) y todo parece indicar que les ha ido muy bien.
Todo indica que esta tormenta va para largo. Yo les confieso como dice Piglia en su novela “Respiración artificial” refiriéndose a otra cosa, pero a mí me permite leer a los Rodríguez, a Cabello, y al resto de la nomenklatura chavista que: “(yo) …. a estos los conozco bien: vinieron para quedarse. No crean una palabra de lo que dicen. Son cínicos, mienten…. Están orgullosos de pertenecer a una estirpe de criminales…”
Y refiriéndome a MCM, estimo que ella debe, una vez por todas, enfrentar la visión cínica del mundo y de la política de Donald Trump. Él no solo carece de principios, sino que “deprecia la idea misma de principios”. No tengo dudas de que ella debe regresar al país para encabezar un movimiento masivo y unitario de la ciudadanía con un “agitado y permanente revuelo en las calles” exigiendo elecciones hacer suyas las palabras del Papa León XIV: “No le tengo miedo a Trump”
Sábado 18/04/2026
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