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Opinión

El lema de la izquierda es “en el Gobierno confiamos” en contra de “la intangible confianza en Dios”, Por Coromoto Díaz

El izquierdismo moderno tiene una idea equivocada de la naturaleza del hombre, la naturaleza de las relaciones humanas, la naturaleza del desarrollo humano, las condiciones en las que deben darse las relaciones y el desarrollo, y los ideales e instituciones necesarios para promover y proteger la libertad ordenada. Estos conceptos erróneos fomentan la irresponsabilidad económica, el conflicto social y la incoherencia política. Al debilitar la capacidad de confianza en sí mismo, la cooperación voluntaria, el realismo moral y el altruismo informado, degradan el carácter de las personas.

Cuando se aplican en una política social, interfieren en la adquisición de los logros esenciales del desarrollo, entre ellos la confianza básica, la autonomía, la iniciativa, la actividad, la identidad y la competencia. La ideología izquierdista perturba el equilibrio de las influencias recíprocas entre el individuo, la familia, la comunidad y el gobierno.
No aboga por la rectitud moral ni entiende el papel crítico de la moralidad en las relaciones humanas. La propaganda izquierdista no abarca una identidad de competencia, ni aprecia su importancia, ni analiza las condiciones del desarrollo y las instituciones sociales que promueven su logro. La agenda de la izquierda no entiende ni reconoce la soberanía personal, y no impone límites estrictos a la coacción del Estado. No celebra el genuino altruismo de la caridad privada. No aprende las lecciones de la historia sobre los males del colectivismo.

Lo que atrae con pasión a la mente izquierda es un mundo lleno de lástima, sufrimiento, necesidad, pobreza, desconfianza, ira, explotación, discriminación, victimización, alienación e injusticia.

Los que ocupan este mundo según la propaganda izquierdista, son “trabajadores”, “los prole” “minorías”, “pequeños”, “mujeres” y “desempleados”. Son pobres, débiles, enfermos, vagabundos, engañados, oprimidos, desfavorecidos, explotados y victimizados.

En la mente de la izquierda radical, este sufrimiento es infligido a los inocentes por varios depredadores y perseguidores: “grandes empresas”, “grandes corporaciones”, “capitalistas codiciosos”, “imperialistas”, “opresores”, “los ricos”, “millonarios”, “los poderosos” y “egoístas”.

La cura de la izquierda para este mal sin fin es un gobierno autoritario muy grande que regula y gestiona la sociedad a través de una agenda de cuidados redistribuidos desde la cuna hasta la tumba. Y un gobierno que está en todas partes y hace todo por todos. El lema de la izquierda es: “en el Gobierno confiamos” en contra de: “la intangible confianza en Dios”.

A través de los múltiples derechos a los bienes, servicios y estatus social inmerecidos, el político de izquierdas promete asegurar el bienestar material de todos, proporcionar atención médica a todos, proteger la autoestima de todos, corregir las desventajas sociales y políticas de todos, educar a todos los ciudadanos y eliminar todas las distinciones de clase. Claro todo fundamentado en el estricto control de una minoría de intelectuales y progres.

Con los intelectuales de izquierda compartiendo la gloria, el político de izquierda es el héroe de este melodrama. Se lleva el mérito de haber dado a sus electores todo lo que quieren o necesitan, aunque no haya producido con sus esfuerzos ninguno de estos bienes, servicios o estatus transferidos, sino que en realidad los ha tomado de otros por la fuerza.

Debe quedar claro en este punto que estas políticas sociales y las pasiones que las impulsan contradicen todo lo racional de las relaciones humanas, lo que las hace irracionales.


Entre sus consecuencias están los incansables esfuerzos de la mente izquierda por tergiversar la naturaleza humana y negar los requisitos indispensables para las relaciones humanas.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de caigaquiencaiga.net y sus directivos.

Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

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