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El retorno, Por el Dr Gonzalo Oliveros Navarro 

Siempre pensé que, cuando a Venezuela retornare la democracia y la libertad, por tierra, mar y aire, la gran mayoría de quienes afuera estamos, como los judíos con Moisés, regresaríamos a Venezuela. Hoy no estoy tan seguro.

La inseguridad no deriva, como cualquier mal pensado seguramente concluirá, que esas condiciones, por ahora, no están a la vista. Ello, que pudiere ser, a título de discusión parcialmente cierto, no es en todo caso, el supuesto del cual parto. Lo hago de otro.

La permanencia fuera del país, sobre todo cuando ella ha conllevado la imposibilidad de retornar al mismo, sin duda que obligó a la persona a centrarse donde está. A establecer allí relaciones personales y de trabajo que, nadie lo dude, difícilmente podrá replicar -en especial las últimas- dentro de Venezuela, máxime cuando que, al retornar, ya no será, en función de la edad, la misma persona que salió y se verá obligado a competir con otras, de menor edad, que permanecieron en el mismo, la que, dada las práctica existente no solo en Venezuela sino en el mundo, de privilegiar la edad sobre la experiencia, privará al momento de que quienes contratan personal, tomen la respectiva decisión.

La estancia fuera de Venezuela, cuando se tienen hijos, adicionalmente, genera entre estos y sus amistades, vínculos afectivos que, la decisión de retorno seguramente obligará a los padres a evaluar pues esos muchachos, cuando ya han pasado 10 o 12 años afuera, ya con su grupo interno de amistades, probablemente, poca vinculación tengan. 

La situación, entonces, debería obligar a quienes están al frente de Venezuela y también a quienes pretendan dirigirla, a diseñar de manera consensuada, una política conjunta de retorno. 

Una que, por un lado incentive el mismo, máxime si quienes lo hacen, estudiaron y se prepararon en el exterior, así como una que dé

facilidades de incorporación al mercado laboral a quienes, por la experiencia que primero adquirieron dentro de nuestro país y luego durante el tiempo que duró su aventura migratoria, mucho pudieran aportar para recuperar el tiempo perdido.

Si alguna característica entiendo tiene nuestra migración, es que salimos de nuestra tierra más porque se nos hizo imposible quedarnos, que por las oportunidades que afuera se nos ofrecía. Estas últimas las buscamos y construimos con esfuerzo. Eso, difícilmente se botará por la borda solo para retornar al país. Es una pena decirlo, pero, así entiendo, lo piensan muchos.

Esa situación obliga entonces, así lo reitero, a tomar medidas internas que enfrenten esa situación; a diseñar políticas públicas, no solo para el nacional que se quedó sino también para el que afuera salió, pero también, valga la pena recalcarlo, para el extranjero que, viendo en Venezuela una oportunidad de progreso, crea que puede aportar al desarrollo del país.

Para estos últimos, el gobierno de Venezuela, cualquiera que él sea, si requiere de talento humano, debe estudiar, promover y aplicar políticas públicas de inclusión que permitan, por una parte, que quienes afuera se encuentran, vean en Venezuela una posibilidad cierta de progreso, donde la edad, por ejemplo, no sea límite de contratación sino incentivo para ello, así como para que una nueva ola migratoria -una que, con su inteligencia, voluntad y disposición de progresar- de alguna manera palie la pérdida de capital humano que, como consecuencia de políticas públicas diseñadas adrede para ello, originaron que cerca o más de 9 millones de venezolanos, nos viéremos precisados a salir de nuestro país.

Finalmente, que no se concluya que, por esa eventual decisión de permanencia allende las fronteras, quienes así lo decidan, dejarán de ser menos venezolanos que los que adentro permanezcan. Ellos -orgullosamente- continúan siéndolo a pesar de que el Estado nada ha hecho para protegerlos y mantener su vinculación.

Concluyo con la siguiente idea: En esa tierra al norte del sur es menester una reforma constitucional y legal que facilite la permanente vinculación del venezolano que por el mundo se encuentra, con nuestro país. Ello, así lo creo, es un imperativo inevadible. Corresponde entonces a quienes en su mano tienen la posibilidad de hacerlas efectivas, adoptar las medidas que sean conducentes para mantener vivo en ese ciudadano su vinculación con nuestra tierra pues él, si alguna característica tendrá hasta su muerte, será que llevará consigo el gentilicio que le honra. 

@barraplural

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