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El vuelo 164/ El riesgo de convertir el 3 de enero en un evento fútil. Soc. Ender Arenas Barrios.

I

El vuelo 164.

En realidad, la nota de la semana trataba, solamente, sobre el riesgo de convertir la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores en un hecho insustancial. Pero, entonces, enciendo el televisor para ver el programa de un venezolano en el extranjero que no se desmadeja rindiéndole culto a Trump, me refiero al que dirige César Miguel Rondón (bueno hay otro dos más, el de Gladys Rodríguez y el de dos tipos los martes, pero ese no lo cuento porque es el de Francisco Rojas y este servidor).

Allí escuché la entrevista que le hizo César Miguel Rondón a una joven periodista venezolana que trabaja en el Washington Post, María Luisa Paul y los comentarios a su reportaje sobre los 146 venezolanos deportados por Trump y que murieron en un edificio, colapsado por los terremotos, de La Guaira donde fueron alojados, en verdad, depositados por las autoridades venezolanas.

 Todos los casos que han salido a la luz contados por algunos sobrevivientes y por los familiares de los que murieron y desaparecieron bajo los escombros y son ahora una mera estadística anunciado, día por medio por Jorge Rodríguez son, por decir algo, terribles y conmovedores pero, este en particular está rodeado del silencio y el misterio condenado a desaparecer de los titulares de la prensa en algo así como para que no se sepa.

La muerte y desaparición de la mayoría de estos deportados del vuelo 164, tiene una causa: los terremotos que devastaron a la Guaira ese 24 de junio y que hicieron colapsar el edifico donde fueron “depositados”. Pero, su muerte tiene responsables y la responsabilidad no recae sobre la brutal naturaleza sino sobre el régimen y sus agentes represivos que en lugar de dejar en libertad a venezolanos que ya habían sufrido detención y malos tratos en EEUU sin haber cometido delito alguno, al llegar, en lugar de gozar de libertad los detiene la policía política “para investigar” sus antecedentes.

Los 146 deportados, habían estado detenidos durante meses en los centros de detención de ICE, según reporta la periodista Paul. Yo, ignoro si venían felices de retornar al país que los vio nacer, pues creo que, muy a pesar de lo que muchos inmigrantes, refugiados y exiliados expresan, con todas las vísceras de su cuerpo, sus deseos de regresar al país, muchos de los que eso dicen lo hacen de “los dientes para afuera”, con todo de que para los venezolanos inmigrar ha sido como morir un poco.

Pero, presumo, que para los ocupantes de ese vuelo era preferible el regreso al país (donde no van a tener trabajo, y tampoco electricidad, ni agua, ni salud, sin libertades públicas y en fin con la peor crisis humanitaria producida en el continente) que, experimentar la pesadilla de estar detenido en EEUU donde el “sueño americano” se ha convertido en una pesadilla igual o peor que la que podrían vivir en Venezuela.

Ese 24 de junio, era esperados por sus familiares en el aeropuerto de Maiquetía. Habían adornado las instalaciones donde se espera a los pasajeros con globos de múltiples colores, carteles de bienvenida y hasta de comida.

Pero ¡Sorpresa! sus familiares no alcanzaron a verlos ni hablar personalmente con ninguno de ellos. Se les adelantó el SEBIN, la terrible policía política de la dictadura que a diferencia de lo que usualmente se hace en cualquier país del mundo, en la que son las organizaciones civiles de Derechos Humanos los que reciben y dan atención a los deportados, el SEBIN los metió en un autobús, entre ellos a 19 mujeres y 7 niños y se los llevaron a La Guaira al hotel Santuario de la Llanada que, según la periodista, nunca ha sido usado como hotel, sino como alojamiento temporal para los que llegan de EEUU como deportados.

El SEBIN, por supuesto hizo lo que sabe hacer, les quito los celulares que fueron revisados para “ubicar quienes de los deportados eran antipatriotas, escuálidos, traidores, etc.”

Pocas horas después, bajo un ruido trepidante, el edificio empezó a balancearse, cedieron los pisos de las habitaciones, algunas de ellas atiborradas por las mujeres y sus niños recién llegados, los techos cedieron y todo el edificio terminó por desplomarse.

 El estado brillaba por su ausencia. “La primera ayuda externa en el hotel fue un pequeño grupo de bomberos que llegó al lugar pasadas las 11 de la noche del 24 de junio (unas cinco horas después del terremoto)…. y alrededor de las 3 de la mañana, empezaron a ayudar a levantar escombros y a sacar a personas, algunas heridas y otras muertas”.

La periodista Paul señala que, a partir del 25 de junio, los funcionarios del SEBIN cerraron el acceso al hotel.

Este caso envuelto en el más absoluto misterio explica, sin embargo, que tanto en Venezuela (ha sido lo común en los últimos 20 y tantos años) como en los EEUU se ha producido un quebrantamiento de los límites de la acción política por parte del Estado. Del régimen, ya lo sabíamos es la naturaleza de esta dictadura y de todas las dictaduras. De EEUU es su nueva naturaleza desde la llegada de Trump al gobierno, por segunda vez, que ha debilitado a la democracia norteamericana.

Para los deportados llegados en el vuelo 164 no habrá una segunda oportunidad para recomenzar su vida y para aquellos que son responsables de su muerte (para quien los deportó, para quienes decidieron detenerlos sin razón en el edificio que los enterró y para quienes son responsables de obligarlos a huir del país) no debería haber perdón.

                                                    

II

                                 El riesgo de convertir el 3 de enero en un evento fútil

Ese día, el 3 de enero de 2026, con enorme entusiasmo y alegría, los venezolanos pusimos la recuperación de la democracia en manos de Donald Trump, todavía se observa ese entusiasmo en algunos sectores del país. En lo personal a eso de las 12 de ese día empecé a tener la convicción de que habíamos “muerto en la orilla”.

En los días que han transcurrido hasta ahora, el lunes se cumplió siete meses de la extracción de Maduro y su esposa del poder y depositados en una cárcel de Nueva York, uno piensa, como es que se haya confiado en Trump para recuperar la democracia cuando él es el mismo hombre que ha puesto en peligro a la democracia en su país, que hasta su llegada al poder era considerada una de las más sólidas del mundo, sino la más sólida.

Es una ironía apostar por la recuperación de la democracia y la reinstitucionalización del país en manos de él mismo hombre que “ha abusado de sus potestades ejecutivas, se auto percibe como un “Rey”” y además de “broma en broma”, de chiste malo a otro peor, proclama su intención de convertir al país en el estado 51 de la Unión Americana, que tiene como mantra de que el venezolano es un ciudadano feliz, que los que antes eran simples dictadores ahora son eficaces conserjes y muy buenos socios de los negocios que ahora se están haciendo.

Todo ello por el bien y la felicidad de los venezolanos (Trump dixit)

Ha pasado de todo en estos siete meses y muchos afirman: “Sí, es verdad, ha ocurrido de todo, pero, paradójicamente, no ha pasado nada”.

Pero, esto no es tan cierto y, de verdad, no es tan así, pues, entre otras cosas ocurrieron un par de terremotos que dramáticamente devastó a la Guaira con un número de muertos y de desaparecidos no determinados aún, pero que develó una cuestión fundamental: la naturaleza ficcional del Estado venezolano (aunque eso ya, la presencia de Rusia, China, Irán, Turquía, grupos paramilitares y organizaciones criminales dueñas de ámbitos importantes del territorio venezolano y sobre el capítulo de la extracción de Nicolás Maduro nos había adelantado algo de esa cualidad estatal venezolana: el Estado como apariencia, como una mera ilusión) y así llegamos al 1 de agosto, día presentado como el “día D” de la política venezolana, día en el que comenzará a andar a pasos firmes la transición hacia “la democracia”, resulto, que a pesar de ser sábado, ese día, trascurrió como un domingo por la tarde y todo quedó aplazado para el lunes 3 de agosto.

El lunes 3 de agosto, después de tan expectativas, solo una llamada por Zoom y dos comunicados, que ya el país conoció, con los puntos a tratar y el nombre de los asistentes. Sumamente escuetos, como si hubiesen sido redactados empujados por la improvisación. Hasta el jueves, 5 de agosto, reunidos bajo una carpa en “La Carlota” pudieron sentarse frente a frente, pero, como en una serie de Netflix, el desenlace se sabrá en diciembre, donde el gran ausente: la gente podrá enterarse por la televisión

 Después de siete meses de los eventos del 3 de enero, cómo evitar que los hechos producidos ese día, no se convierta en algo insustancial y que ya suena a música vieja y aburrida cada vez que el inefable Trump habla desde la puerta de su avión.  Cómo lograr que este nuevo encuentro negociador logre contribuir a desarrollar un orden democrático. Qué debe hacerse para que no se repitan los resultados de las otras 17 mesas de diálogo.

Muchos analistas les atribuyen a los hermanos Rodríguez una gran habilidad para ganar tiempo. Ellos quieren quedarse en el, eso es obvio, y para ello necesitan tiempo, (el tiempo es el bien más preciado en la política, sentencia Norbert Lechner). Cómo usarlo es la pregunta que ellos deben hacerse todos los días y cómo gastarlo es la pregunta consecuencia de la anterior. El objetivo que los desvela es ampliar el plazo de tiempo, que no está determinado, pero los rodea como una densa atmósfera, de estar en el poder.

Tienen un hándicap a su favor: Trump que es hoy quien tiene la capacidad para recortarles el tiempo en el poder y que él fue quien se los regaló compensándolos por la entrega de Maduro, ha demostrado, más bien, interés de seguir manteniéndolos al frente del gobierno, porque son ellos los que le garantizan mantener al país en condición de tutela, protectorado o en una relación neocolonial. Lo paradójico, y los Rodríguez lo saben, es que el problema lo tiene Trump: pues el tiempo de su permanencia en la presidencia de su país tiene un plazo determinado para su salida de este. De tal manera que si él se dispusiera a acortar el tiempo de los Rodríguez en el poder pudiera hacerlo, pero no puede ampliar el suyo.

La comisión que encabeza Dinorah Figuera que se sienta frente a la comisión que lidera Jorge Rodríguez esta en una posición dilemática, por un lado, expresa las demandas por una apertura democrática cara para la sociedad venezolana y al mismo tiempo está condicionada por el modelo Rubio de las tres fases (no olvidemos que ellas es una empleada de Rubio), sus propuestas democratizadoras encierran una oferta a futuro frente a un régimen tutelado, protegido y, qué duda cabe, transformado en colonia, encierra a los venezolanos en el presente inmediato con la anuencia del tutor.

El tiempo “es un bien precioso de la acción política”. Y no hay un tiempo único. Cada actor político en la actual coyuntura organiza su propia noción del tiempo.

Hoy, entre otras cosas, están enfrentadas tres maneras de verlo y usarlo o no usarlo: La noción de tiempo del régimen cuya pretensión es ampliarlo al máximo. Prolongar “el presente actual”. Trump, coincide con esta concepción de tiempo, solo que él si lo tiene constitucionalmente contado y limitado, sin posibilidad de ampliarlo.

El tiempo de la comisión negociadora, encabezada por Dinorah Figuera, está constreñido por los plazos objetivos, paradójicamente, no precisados del plan Rubio, ya saben el plan siempre enunciado, pero nunca explicado de la estabilización, la recuperación y la transición democrática lo cual se opone a las “urgencias subjetivas” de los venezolanos que demandan la transición en una fecha establecida ahora y no dejarla en medio de la nebulosa de la paciencia sugerida por el plan Rubio. Finalmente, la noción de tiempo de la mayoría democrática, encabezada por María Corina Machado, que capta las urgencias que la gente tiene hoy frente a la incertidumbre reinante que no le permite tener sosiego. Es un proyecto a futuro, pero a diferencia del proyecto Rubio del que Figuera es su vocera en la mesa de diálogo, la de María Corina Machado esta encarnada en una idea de “presente venidero” que no tengo especio para explicar lo que parece un galimatías.

Pero, ella también enfrenta un enorme reto: perder su tiempo por no actuar oportunamente. Aunque en su descargo no la dejan y le han boicoteado su regreso.

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