Sucesos

Fedeagro: exige reducir el número de alcabalas en Venezuela

Frutas, verduras u hortalizas, cualquier rubro es bueno, para los funcionarios apostados en alcabalas en las carreteras, que imponen el cobro de «vacunas» a los transportistas de alimentos como una forma de extorsión para dejarlos avanzar.

La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), ha denunciado en varias oportunidades la matraca en las alcabalas; sin embargo, afirma que las irregularidades se hacen más frecuentes lo que trae como consecuencia que el intermediario, es decir, el transportista tenga pérdidas y el producto llegue hasta 6 veces más costoso al consumidor.

La situación en las alcabalas no puede convertirse en un impuesto a los horticultores, a ejemplo de ello, los camiones que llevan estos rubros al llegar a las alcabalas, se ha vuelto común la exigencia de la documentación; y si por alguna razón, no está algún documento al día deriva en ser “pechado” por los funcionarios policiales o militares.

Esta situación se traduce, en pérdida en los camioneros, que se desprenden no sólo de la mercancía, sino que en ocasiones les quitan hasta combustible y el dejar productos o rubros de las cosechas, que se transportan en ese momento en las distintas alcabalas es prácticamente el pago de un  “impuesto”.

Por eso, la exigencia del sector está, en que no se debería permitir el trato que se da en las alcabalas a los transportes de alimento, que en consecuencia se traduce en un costo que termina encareciendo los productos al consumidor”, en tal sentido, Fedeagro solicita al ministro para relaciones interiores, A/J Remigio Ceballos, que se revise las alcabalas para su eventual reducción en las carreteras.

Los ganaderos y agricultores que conducen por en el país sienten que transitan “por un fuerte militar” cuando van de una ciudad a otra, debido al excesivo número de alcabalas.

El atravesar un punto de control es una pérdida para cada transportista, a lo cual se le suma el alto costo de gasoil que lo deben comprar en el mercado negro, cuyo valor se ubica hasta en un dólar por litro. A ese gasto también se le suman los peajes, que en cada parada son al menos 10 dólares los que deben cancelar; todos esos factores unidos hacen que el intermediario tenga que incrementar costos en los viajes para que les pueda dar la base, afectando al consumidor final.

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