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Ha pasado un año y todo sigue igual: Crisis migratoria, sin muro pero la misma política de Trump

A un año de su victoria electoral, los demócratas intentan dar una imagen de competencia mientras aplican en la frontera las criticadas políticas del ex presidente

Estados Unidos rozó en el año fiscal de 2020, que acabó el 30 de octubre, su récord histórico de detenciones de inmigrantes en la frontera. En total, se produjeron 1.659.206 arrestos, según las estadísticas oficiales. Es una cifra inferior en apenas un 0,1% al récord absoluto, que se había alcanzado en 2000. Y un salto considerable en relación a la tendencia histórica. Aunque las detenciones alcanzaron niveles muy altos durante la presidencia de George W. Bush, en los mandatos de Barack Obama y Donald Trump se mantuvieron entre los 300.000 y los 500.000 anuales. La tendencia empezó a cambiar en el último año de Trump, cuando las cifras se doblaron en solo doce meses, hasta exceder los 800.000 arrestos. Ahora, han vuelto a hacerlo.

A primera vista, esos números confirman la tesis de quienes hablan de una ‘invasión’ de inmigrantes, una idea reforzada por las fotografías de refugiados haitianos perseguidos a caballo por la Patrulla Fronteriza. En realidad, como siempre con las estadísticas, cuando se analizan los datos la realidad es diferente. Y hay otro matiz: durante tres meses y 20 días de ese año – casi un tercio del total -, Donald Trump fue el presidente. El aumento de las detenciones, así pues, tiene una responsabilidad compartida.

Pero, cuando está a punto de cumplirse un año de la victoria electoral de Joe Biden, hay un hecho incontrovertible: la Casa Blanca no ha logrado controlar la situación en la frontera. La supuesta ‘competencia’ de que el equipo del presidente hace gala no se ve por ningún lado en la crisis migratoria. Y, desde luego, quienes menos la vislumbran son los votantes. El 29 de marzo, el 43% de los estadounidenses apoyaban la política de inmigración de Joe Biden. El 6 de junio, el porcentaje había subido de manera marginal al 45%. El 29 de septiembre, se había desplomado al 35%, según las encuestas de Ipsos y la Universidad de Chicago.

En realidad, los datos, aunque malos, no lo son tanto como parece a primera vista. Porque una cosa es el número de arrestos y otra el número de personas arrestadas. Así, las 1.659.206 detenciones se quedan en poco más de un millón. No es que haya más de 500.000 inmigrantes fantasmas, pero sí muchos que han sido arrestados más de una vez. Es decir: las autoridades les detienen, les pone en la frontera con México, y vuelven a entrar, para ser detenidos de nuevo.

Ése es uno de los factores que influyen en las cifras. El otro es que muchos inmigrantes – sobre todo, familias con menores de edad o incluso niños que viajan solos -, en cuanto cruzan la frontera hacen lo posible para ser detectados. La razón es que, así, pueden reclamar ante las autoridades estadounidenses estatus de refugiado. Es una tendencia creciente, a medida que América Latina se colapsa a cámara lenta, entre el narcotráfico – sobre todo en El Salvador, Guatemala, y Honduras – y las dictaduras – Cuba, Venezuela y Nicaragua -, generando un caos que se extiende cada día más en uno de los gigantes de la región, México, que parece ir rumbo a convertirse en un ‘narcoestado’, con 16 carteles disputándose el control del tráfico de drogas en el país. En esa situación, es lógico que el flujo de latinoamericanos que escapa a Estados Unidos no disminuya.

La gran paradoja, sin embargo, es la falta de respuesta del Gobierno de Biden. El presidente ha entregado la cartera de lo que en EEU se llama «la frontera» a su ‘número dos’, Kamala Harris, en un hábil movimiento que ha dejado a la ex senadora californiana liquidada políticamente. Harris, que es una política sin otra ideología que su ambición personal, nunca ha tenido interés en actuar sobre la inmigración. A ello se ha sumado su proverbial habilidad para generar caos burocrático, su nulo liderazgo para crear un cóctel explosivo en materia de inmigración. El resultado: Biden está imitando en esta área las políticas de su predecesor, Donald Trump, a pesar de que basó gran parte de su campaña electoral en el rechazo de éstas.

SIN MURO, PERO MISMA POLÍTICA

Así es como el presidente mantiene una de las medidas de su predecesor de las que había abjurado. Se trata del llamado Título 42, una regulación de 1944 que fue recuperada por Trump en marzo de 2020, al inicio de la pandemia. En función del Título 42, cualquier persona procedente de otro país que pueda ser considerado como un riesgo potencial para la salud pública es deportada de inmediato, con independencia de que tenga derecho a asilo. La aplicación del Título 42 había sido calificada por Kamala Harris como «inconstitucional». Pero eso era cuando estaba en la oposición. Ahora, el Gobierno del que forma parte la aplica. La única diferencia es que Biden no la emplea con los menores de edad.

La otra gran iniciativa de Trump que Biden sigue ejecutando es el programa ‘Quédate en México’, oficialmente conocido como Protocolo de Protección al Migrante, que establece que aquellas personas que quieran solicitar asilo en EEUU deberán hacerlo en los consulados de ese país en México. Eso significa que es ese país, y no Estados Unidos, quien asume la carga de esos inmigrantes, algo a lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador está totalmente dispuesto, a pesar de su retórica nacionalista.

En este caso, sin embargo, esta política no ha sido idea de Biden. Es más: el presidente la abolió, pero la Justicia le obligó a reactivarla. El Gobierno la ha recurrido ante el Tribunal Supremo pero, hasta que éste dicte sentencia, ‘Quédate en México’ se mantiene. Igual que se mantiene en buena medida la política de Trump, aunque sin el muro y sin la separación de familias. La imagen de competencia que Biden ha tratado de dar en materia de inmigración se ha estrellado no contra el muro de Trump, sino el de los hechos.

Fuente: Diario El Mundo

PABLO PARDO Corresponsal @PabloPardo1 Washington

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