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Opinión

Intervención del Banco Central de Venezuela y la triple dimensión, económica, estatal y familiar Por Johnny Galué Martínez

“LOS DÍAS POR VENIR”

El tratamiento de la crisis, y esta intervención del Banco Central de  Venezuela en la crisis financiera no hacen más que debilitar más aún nuestro signo monetario, la misma está dirigida   a fortalecer el Dólar paralelo o monitor ante el Bolívar debilitando de esta forma aún más el poder adquisitivo de los venezolanos.

  La  defensa de nuestra soberanía e integridad territorial como financiera, con este acuerdo de entregar un millón de hectáreas del Territorio Nacional, no sólo ha sido desafortunadas sino simple y llanamente ineptas.  Lo mismo puede decirse del desempeño de unos indolentes mandos de nuestra Fuerza Pública y Fuerzas Armadas que seguro vendrán a justificarse diciendo que ellos son obedientes.

Pero también es cierto que ellos tienen un entrenamiento y conocimiento que razonablemente les permite prever,  este tipo de amenazas para recomendar a las autoridades civiles las vías de actuación apropiadas, lo que al menos en apariencia, no han hecho dado a su larga,  como estrecha relación con los grupos que se aprovechan de estas actividades de sustracción y ahora de introducción del contrabando. Situación está, que anuncia en agravarse con la reciente intervención del Banco Central de Venezuela, y con ello pretender que el Ejecutivo Nacional con ocasión a esta intervención, comienza a alterar los índices inflacionarios desde el propio Banco Central de Venezuela.  

Pocas veces hallaremos obras oportunas y esclarecedoras  para  procurar saber a qué  atenernos,  para conocer las causas últimas de lo que nos está pasando en estos graves momentos. Que sean capaces de iluminar  las acciones a tomar, en medio de tantas perplejidades  económicas que nos embargan.  

Pues  no conviene olvidar  que en el origen de esta  gran crisis venezolana, se encuentra la quiebra  financiera en su triple dimensióneconómica,  estatal y familiar,  que proviene en última instancia de un determinado sentido y  concepción de lo que el dinero mal habido representa  y significa para los acontecimientos futuros en el País.

  Para un país como el nuestro,  intervenido de facto, para una mejora de nuestro sistema financiero, me parece urgente recuperar el sentido del trabajo y la inversión para hacer pedagogía nacional, a sabiendas de que el principal problema político que seguimos teniendo es  el pedagógico.

  Dada  la gravedad de la  situación nacional en estas horas crepusculares que piden, al igual, que en la época de la crisis vivida en el periodo de la colonia, de nuevas formas de hacer las cosas, habrá que  apelar a  un cambio  de nuestras élites político financieras ante el colapso  producido por la corrupción aunada al chantaje que se hace a la población.

Lo que supone  convocar a esas minorías serias y calladas,  cuyo abandono hemos pagado tan caro, a la  misión  de detener  la pérdida  de nuestra rentabilidad, de una Venezuela  enferma  y rescatar el  país  en su dignidad, justicia y estima. Y ello, si  no me equivoco, solo podrá hacerse  desde  una  profunda regeneración democrática y económica, en cuya base esté precisamente un riguroso sentido reverencial de la inversión tanto  en su uso como  en su  control.

IMPLICACIONES

Las implicaciones de las políticas monetarias en Venezuela, muy intervencionistas por cierto, han distorsionado de manera superlativa los mecanismos del libre mercado.  Las soluciones presentadas al País,   han consistido en socializar aún más los riesgos. 

  El problema es que la actual intervención del Banco Central de Venezuela y  las medidas adoptadas para restablecer la estabilidad, han sembrado las semillas de otras burbujas  a medio y largo plazo. Estas nuevas burbujas se encuentran en distintas fases que amenazan con estallar. Pero éste no es el único problema permanente que nos van a dejar estas medidas. El otro, es la quiebra de valores.  No solo en la clase trabajadora, sino en las élites financieras, corporativas y políticas. La corrupción, el fraude, abuso, desigualdad, injusticia, desconfianza, el desabastecimiento total, es de tal naturaleza, que si queremos mantener la legitimidad social de la economía de mercado y la eficacia de las reformas y las políticas económicas, tendremos que reconstruir una política del bien común. Una política que reduzca las desigualdades, fomente la fraternidad y el sentimiento de justicia, para que sirva de sustento, entre los que «tienen» y los que «no tienen».

   Ahora lo que está en cuestión son los valores, las reglas y las instituciones que deberán de regular nuestra economía.

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