Recientemente, recibí la llamada de un consecuente líder del Copei-Zulia, Jorge Cruz, quien me solicitó plasmar la historia de la Democracia Cristiana Universitaria (DCU). Lo hago desde mi condición de expresidente de la FCU y de la DCU, pero sobre todo, como actor y testigo de un movimiento que no nació para contemplar la historia, sino para transformarla. Esta es la visión de una acción librada con éxito, escrita no desde la nostalgia, sino desde la convicción de que el poder se conquista con ideas, organización y coraje.
La DCU nació en la Universidad del Zulia (LUZ) como el brazo estudiantil de COPEI en una época donde las aulas eran el epicentro del debate ideológico del país. Desde sus inicios, la organización fusionó la doctrina social de la Iglesia y el humanismo cristiano con un marcado y genuino espíritu de rebeldía zuliana.
Antes de la expansión de la Ciudad Universitaria, la histórica sede de La Ciega fue el corazón latente de este movimiento. En sus pasillos, frente al lago, convivieron decenas de líderes brillantes. Como bien me lo ha recordado el noble intelectual Alfredo Rincón Rincón —demócrata cristiano de convicción pura y pensamiento independiente—, la grandeza de la DCU no radicó en individualismos, sino en una gesta colectiva donde todos, sin excepción, fueron espectaculares.
Espacios de encuentro como la oficina de Manuel Guanipa, compartidos junto a figuras de la talla de Oswaldo Álvarez Paz, Alí Moncayo, Guillermo Lugo Sarcos, Omar Fuenmayor, Cristo Chiurio, José Figueredo, Oscar Belloso, Jesús Ramón Contreras, Gilberto Urdaneta, Elio Suárez desde su casa en la Av Baralt y Guillermo Yépez Boscán en el IRFS —a quienes conocí en persona y traté de cerca—, no eran simples laboratorios de estrategia. Eran verdaderas escuelas de orientación política y ciudadana para la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Caminé mi primera formación al lado de auténticos gigantes de la política.
Así, la DCU se consolidó como la gran fuerza centro-humanista de LUZ, haciendo un firme contrapeso a las corrientes de la izquierda marxista-comunista y a la hermana juventud de Acción Democrática.
Durante los años 70, 80 y 90, la DCU en LUZ vivió sus momentos de mayor hegemonía, liderando la Federación de Centros Universitarios (FCU-LUZ) y los centros de estudiantes de facultades clave como Derecho, Medicina e Ingeniería. La plataforma universitaria funcionó como una cantera inagotable de líderes que más tarde se convertirían en alcaldes, diputados, concejales y gobernadores del estado Zulia.
Nuestras banderas de lucha siempre fueron claras: la defensa inquebrantable de la autonomía universitaria, la exigencia de un presupuesto justo, la modernización académica y el bienestar estudiantil. Comedor, transporte, becas, medio pasaje, ropería… lo que nuestros líderes ofrecían, se cumplía. La eficiencia en la gestión fue nuestra mejor carta de presentación.
Fue en ese escenario de alta exigencia donde me correspondió asumir con valentía la Presidencia de la FCU-LUZ de forma sobrevenida —tras haber sido candidato y ejercer la Vicepresidencia—, ante la expulsión institucional del presidente y el suplente de la época. Ese liderazgo, multiplicado por el esfuerzo de una pléyade de jóvenes, trascendió las fronteras universitarias.
Nos proyectamos con fuerza regional: asumí como miembro principal del Directorio de la DCU, pieza fundamental de la JRC del Zulia y Secretario General de Asuntos Estudiantiles del Estado, acompañando en su directorio la gestión de Saady Bijani, quien ostentaba el liderazgo de la juventud en la región.
El Nuevo Siglo y el Apetito de Poder…
Con la llegada del siglo XXI y la instauración del actual modelo político, las dinámicas de la universidad sufrieron el impacto de una profunda polarización y el asfixiante cerco presupuestario. A pesar de las divisiones y la dura realidad de la diáspora, los militantes demócrata-cristianos supieron reconfigurarse, articulando alianzas unitarias y demostrando que la resistencia también es una estrategia de poder.
El legado de la DCU se mantiene hoy como uno de los pilares históricos de la dirigencia gremial en la región. Me alegra profundamente ver a nuevos cuadros luchar hoy por el rescate de la organización. Como un soldado con experiencia, formado por hombres que no se arrugan, estoy a la orden para guiar y acompañar en esa tarea. Algo sí debo advertir a las nuevas generaciones: los que hacen política conmigo, jamás vuelven a ser los mismos; aprenden a ganar.
Nombrar a cada líder de La Ciega y de la Ciudad Universitaria sería una tarea monumental, pero olvidarlos es imposible. Todos aportaron su grano de arena para que el Zulia fuese siempre la vanguardia estudiantil más sólida, libre y rebelde de Venezuela.
Hoy vamos por más, estamos jóvenes de espíritu y con el futuro intacto para levantar de nuevo el movimiento estudiantil hacia la grandeza. La juventud de hoy cuenta con plataformas tecnológicas formidables: redes sociales, mensería instantánea, videollamadas y plataformas digitales.
El reto actual es conectar esas nuevas tecnologías con el legado inquebrantable de los hombres y mujeres que se formaron en el eterno CREM, la DCU y la corajuda JRC… ¡una generación que no se arrugó, no se arruga, ni se arrugará jamás!
¡Vamos al rescate de la DCU: la fuerza de la historia y el coraje del futuro en nuestras manos! ¡Viva la DCU, NOJODA!
DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano.&
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