«Ardiente sol que quemas mis entrañas,
sangre y sudor de mi dolor por la negra esperanza.
Tierra del petróleo…
¿A dónde fueron las riquezas de mi bonanza?
¿Acaso se esfumaron como la brisa de mi lago querido?
¿O fueron a parar a las alforjas y bolsillos de algún mal parido forajido?
¡LOS CHIMICHIMITOS DE LA FEDERACIÓN PETROLERA!
“Los chimichimitos estaban bailando el toro torito tongolé…”
Historia y simbolismo
La frase antes citada pertenece al tradicional canto popular venezolano Los Chimichimitos, originario de la Isla de Margarita y popularizado en escuelas y festividades de todo el país. La letra original suele decir:
“Los chimichimitos estaban bailando el coro corito tamboré…”
nombrando distintos personajes que participan del juego infantil.
Sin embargo, detrás de aquella inocente melodía existe una leyenda oscura profundamente arraigada en el folclore oriental venezolano.
Según la tradición popular, los “chimichimitos” eran espíritus de niños que murieron en el vientre de sus madres durante las travesías marítimas del Caribe, mientras familias patriotas huían de la brutal represión ejercida por el brigadier realista Francisco Tomás Morales contra quienes apoyaban la independencia de Venezuela.
Como aquellos niños jamás nacieron ni cometieron pecado alguno sobre la tierra, el pueblo no los consideraba espíritus malignos. La leyenda cuenta que, en noches de luna clara, aquellas almas inocentes aparecían sobre las playas orientales revolcándose en la arena y entonando melodías hipnóticas que adormecían a los viajeros y pescadores.
Con el paso del tiempo, aquella tragedia convertida en leyenda terminó transformándose en un alegre juego infantil practicado en carnavales y escuelas venezolanas.
LA METÁFORA PETROLERA.
En la dinámica del juego, los niños forman una gran rueda mientras la canción va nombrando personajes: el cojo, la bruja, la vieja, el negrito… Cada uno entra al centro del círculo representando un papel caricaturesco mientras los demás cantan al ritmo del tambor.
Y precisamente así —como en esta vieja fábula venezolana— han sido engañados durante 27 años los trabajadores petroleros de Venezuela.
Porque así como en la leyenda aparecen personajes oscuros y siniestros, también la industria petrolera venezolana terminó secuestrada por una cúpula sindical corrupta, despiadada y servil, que no escatimó esfuerzos para entregar los derechos contractuales y las conquistas históricas de la clase trabajadora petrolera.
Derechos conquistados tras décadas de huelgas, sacrificios, persecuciones, lágrimas y sangre obrera. Hoy, aquellas conquistas parecen haber sido cambiadas por privilegios personales, favores políticos y negociaciones a espaldas de los trabajadores.
El “COJO ” DE LA REVOLUCIÓN PETROLERA.
Y así como en el cuento aparece “el cojo”, en esta tragedia petrolera también existe uno.
Pero no porque caminara cojeando…
Sino porque, sencillamente, se cogió todo. Ese personaje no es otro que Wills Rangel, dirigente sindical convertido —según sus críticos históricos— en símbolo del sindicalismo sometido al poder político.
Durante años fue operador cercano de Carlos Ortega, aunque jamás logró representar auténticamente el sentir de las bases petroleras. Dentro del viejo sindicalismo era visto como un personaje polémico: tramoyero, oportunista y hábil para cambiar de bando según soplara el viento político.
Nunca contó con verdadera confianza dentro de la CTV ni dentro de sectores tradicionales de Acción Democrática, precisamente por su reputación de negociar más en favor del poder que de los trabajadores.
Con la llegada del chavismo encontró finalmente el espacio perfecto para crecer políticamente.
Tras la muerte de Hugo Chávez y el ascenso de Nicolás Maduro, terminó consolidándose como pieza clave de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores y de la FUTPV, estructuras sindicales señaladas reiteradamente por trabajadores disidentes de actuar subordinadas al poder Ejecutivo.
Bajo su dirección —afirman numerosos dirigentes obreros— se terminó consolidando la destrucción progresiva de los contratos colectivos petroleros, reduciendo salarios, pulverizando beneficios históricos y sustituyendo derechos laborales por bonificaciones sin incidencia en prestaciones sociales.
DE LA SOPA AL DÓLAR PETROLERO.
Quienes lo conocieron en sus inicios recuerdan —con ironía amarga— al personaje que frecuentaba la antigua fuente de soda Alaska la cual se encontraba ubicada en la icónica esquina de La Pelota a Marrón, en el centro de Caracas, Venezuela (antigua parroquia Altagracia).Este tradicional local fue un famoso punto de encuentro en la ciudad, reconocido popularmente por sus deliciosas merengadas y su comida tradicional. Alli will Rangel se la pasaba pidiendo “un fuerte” para completar el desayuno o el almuerzo.
Hoy, dicen sus detractores, continúa pidiendo…
Pero ya no para una sopa. Ahora los favores y negociaciones se cobran en dólares, precisamente en la moneda del “imperio” que tanto condena discursivamente la cúpula sindical oficialista.
LA ACUSACIÓN HISTÓRICA.
La Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV) ha sido señalada durante años por sindicatos independientes y dirigentes disidentes de haber entregado las conquistas laborales de la masa obrera petrolera al Estado venezolano.
Entre las principales denuncias destacan:
La firma de contratos colectivos inconsultos.
La eliminación progresiva de beneficios históricos.
La destrucción del salario petrolero.
La suspensión de cláusulas de salud, alimentación y fondos de pensiones.
La persecución y judicialización de dirigentes sindicales disidentes.
Diversos dirigentes obreros, entre ellos José Bodas y Eudis Girot, han denunciado públicamente que buena parte de la cúpula federativa terminó subordinada a intereses políticos antes que a la defensa de los trabajadores.
SIN HCM NI ATENCIÓN MÉDICA: LA VIDA DEL TRABAJADOR PETROLERO EN RIESGO
Uno de los golpes más devastadores contra la clase obrera petrolera venezolana fue la destrucción progresiva del sistema de salud y del histórico HCM petrolero, considerado durante décadas uno de los mejores beneficios contractuales de América Latina.
Trabajadores y dirigentes sindicales acusan directamente a la dirigencia de la FUTPV, encabezada por Wills Rangel, de haber entregado una de las cláusulas más sagradas del contrato petrolero: el seguro médico de los trabajadores.
La integración inconsulta del antiguo FONDECRO al sistema SICOPROSA terminó convirtiéndose —según denuncian numerosos trabajadores— en el sepulcro del seguro petrolero.
Hoy, prácticamente ninguna clínica privada del país acepta SICOPROSA.
Lo que antes representaba tranquilidad, protección y dignidad para miles de familias petroleras, terminó convertido en una póliza fantasma, inútil para atender emergencias médicas en una nación donde la salud pública también colapsó.
EL CASO DE JOSÉ TIRADO
La tragedia del trabajador petrolero José Tirado resume el drama humano que viven miles de obreros de Pdvsa.
Tirado, perforador de pozos en la Faja Petrolífera del Orinoco, sufrió una grave fractura en el dedo índice de su mano izquierda mientras trabajaba en el área Junín.
El accidente ocurrió el 4 de octubre de 2018, cuando una guaya de acero destrozó el hueso de su dedo.
En aquel momento, SICOPROSA todavía era aceptado por algunas clínicas privadas. Fue atendido de emergencia en un centro médico de Pariaguán, estado Anzoátegui, y posteriormente sometido a otra intervención quirúrgica en un hospital adscrito a Pdvsa en San Tomé.
Sin embargo, la operación no logró resolver completamente el daño.
Desde entonces necesita un injerto óseo urgente.
Pero nunca pudo realizarse la intervención.
¿Por qué?
Porque las clínicas dejaron de aceptar el seguro petrolero.
“De allí para acá suspendieron el seguro y no he podido hacerme la otra operación que me faltó”, declaró el trabajador.
Ocho meses después de la segunda cirugía aún mantenía un minitutor externo en el dedo índice, mientras esperaba una solución que jamás llegó.
EL DESMANTELAMIENTO DEL HCM PETROLERO
La póliza HCM del sector petrolero —hospitalización, cirugía y maternidad— fue durante años una conquista emblemática de los trabajadores venezolanos.
Era un sistema contributivo: el trabajador aportaba el 20% y Pdvsa cubría el restante 80%.
Pero la estatal petrolera dejó de pagar.
Y aunque el descuento continuó apareciendo en los recibos de nómina, los trabajadores quedaron prácticamente desprotegidos.
“Pdvsa descuenta a los trabajadores, pero no paga. Viola nuestros derechos a la vida y a la salud”, denunció el dirigente sindical José Bodas.
Las clínicas privadas comenzaron entonces a negar atención médica alegando falta de pago.
“No hay cama”,
“no hay servicio”,
“solo atendemos estrictas emergencias”.
Ese se convirtió en el viacrucis cotidiano de miles de trabajadores petroleros.
Incluso personas con infartos o cuadros críticos —según denuncian dirigentes sindicales— fueron rechazadas en centros privados.
Muchos terminaban trasladados a hospitales públicos colapsados, donde comenzaba otro drama marcado por escasez, abandono y peloteo burocrático.
Numerosos trabajadores fallecieron en medio de esa tragedia silenciosa.
TRABAJAR ENTRE EL PELIGRO Y EL ABANDONO.
La situación se vuelve todavía más alarmante si se toma en cuenta que gran parte de los trabajadores petroleros laboran actualmente sin equipos adecuados de seguridad industrial.
Las fallas de mantenimiento, el deterioro operativo y la ausencia de protocolos aumentan constantemente el riesgo de accidentes laborales, derrames de crudo, fugas de gases tóxicos y explosiones.
Muchos empleados denuncian incluso que Pdvsa incumple la entrega periódica de uniformes y equipos de protección establecidos en el contrato colectivo.
Paradójicamente, mientras el riesgo laboral aumenta, la protección médica desaparece.
Los salarios petroleros —que antes figuraban entre los mejores de América Latina— hoy resultan insuficientes incluso para costear una consulta médica básica.
Antes de la llegada del chavismo, un obrero petrolero podía devengar alrededor de 680 dólares mensuales; un técnico superaba los 1.200 dólares y un profesional podía alcanzar los 2.200 dólares mensuales al cambio de la época.
Hoy, muchos trabajadores apenas sobreviven con salarios equivalentes a menos de un dólar semanal.
ENTRE EL FUNERAL Y LA ENFERMEDAD.
Trabajadores y dirigentes sindicales denuncian una amarga ironía:
Mientras el HCM desaparecía, el seguro funerario era ampliado.
“Pdvsa elimina el HCM y amplía el seguro funerario. Esto es el comunismo: asesinan lentamente a los pueblos mientras los jerarcas del régimen alquilan pisos completos en clínicas privadas por una gripe”, denunció el dirigente Iván Freites.
La deuda multimillonaria de Pdvsa con clínicas privadas y farmacias terminó destruyendo la confianza del sector salud hacia la empresa estatal.
Muchos médicos y clínicas dejaron de trabajar con la petrolera porque, cuando finalmente pagaba, la inflación ya había pulverizado el valor real del dinero.
EL MIEDO COMO HERRAMIENTA DE CONTROL
A las denuncias sobre destrucción contractual y abandono médico se suman también acusaciones de presión política dentro de la industria petrolera.
Numerosos trabajadores afirman que durante procesos electorales sindicales y políticos fueron amenazados con perder su ficha o carnet petrolero si no apoyaban electoralmente a Wills Rangel y a la estructura sindical oficialista.
El miedo, la persecución y la dependencia laboral terminaron convirtiéndose —según denuncian sectores disidentes— en herramientas de control dentro de una industria que alguna vez representó orgullo, estabilidad y ascenso social para millones de venezolanos.
Y mientras tanto, los nuevos “chimichimitos” continúan bailando alrededor del derrumbe de la industria petrolera venezolana…
Porque en esta tragedia nacional, el tambor nunca dejó de sonar.
Solo cambiaron los dueños de la fiesta.
Y mientras los trabajadores sobreviven entre salarios pulverizados, migración forzada y hambre, los nuevos “chimichimitos” continúan bailando alrededor del derrumbe de la industria petrolera venezolana.
Porque en esta tragedia nacional, el tambor nunca dejó de sonar…
Solo cambiaron los dueños de la fiesta para enriquecerse con el sudor del obrero.
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