Opinión

La democracia no es un discurso Por Antonio José Monagas

La ignorancia es causa de múltiples males y errores del hombre. Repetidamente, se actúa según lo determinan las fuerzas de las circunstancias. Generalmente, así se ha pensado el ejercicio de la política. La historia contemporánea es el mejor indicativo y fehaciente testimonio del grado de barbaridades que se ha cometido en nombre de la democracia. Pero de una democracia mal entendida. Y sobre todo, mal concebida. Sus equivocaciones se han traducido en ingentes problemas con repercusión en todos los planos del devenir social, político y económico.

La democracia se ha valido del discurso para considerar una serie de variables que, en su correlación, determinan postulados que son elementos de su praxis. Pero ello no puede fundamentar su acción en consideraciones que muchas veces ni siquiera son debidamente comprendidas por causa del rigor teórico bajo el cual opera la ciencia política. 

Sin embargo, hay quienes se valen de meras consideraciones para desvirtuar realidades incontrolables debido al factor incertidumbre arguyendo presunciones que buscan convertirlas en determinaciones.

Ahí, radica la fuente de innumerables problemas que han obstruido esperanzas y expectativas de desarrollo económico y social. Sencillamente, porque la democracia no es un discurso. 

La democracia es una realidad edificada no sólo por ideologías y sentimientos políticos. También es una manera de traducir intenciones en realidades. Anhelos en hechos que denoten esfuerzos por cimentar principios de justicia social, valores de rectitud, paz, verdad, respeto y no violencia. Su conjugación forja condiciones que incitan las libertades políticas y económicas necesarias para apuntalar el crecimiento moral y ético de quienes se plantean el serio propósito de convivir compartiendo y de compartir conviviendo.

La democracia no es un discurso. Menos, un discurso utilizado para confundir. No es un discurso que viene aprovechándose como elemento de cobarde manipulación o de abusiva explotación del hombre por el hombre. Tampoco es un medio para acorralar conciencias. Mucho menos, para engañar sentimientos. 

La democracia es una estructura intangible sobre la cual se erige todo un pensamiento social colectivo desde el cual se enarbolan ideas que, como semillas, germinan en forma de frondosos árboles de cuyos frutos depende la alimentación espiritual de una nación. Sus ramas saben brindar el mejor cobijo en momentos que las inclemencias del tiempo de la economía y la política puedan arreciar.

La democracia no es un discurso, por cuanto no es un juego entre quienes manifiestan algún apego a ideología política de raigambre democrática. Por lo contrario, es un reto el cual se afronta con la disposición de un sentimiento con espíritu de pueblo y entrega de alma y corazón. En democracia todo florece. Porque quienes así lo creen, se convierten en jardineros sociales cuyo jardín es la política. O sea, la propia vida. Por tanto, toca reincidir manifestando categóricamente que la democracia no es un discurso.

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