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La huella demográfica del chavismo: éxodo y nuevas élites en Venezuela

La emigración del 25% de la población y la creación de una clase de nuevos ricos marcan el legado del chavismo en Venezuela. Un análisis del impacto social y económico que ha transformado el país.

Veintiséis años de chavismo han dejado una huella profunda en la demografía venezolana. El dato más impactante es la emigración del 25% de la población, un fenómeno que se ha convertido en un sello del fracaso de un régimen que prometió prosperidad. Pero no solo se trata de quienes han huido, sino también del surgimiento de una clase de nuevos ricos, favorecidos por una corrupción institucionalizada que ha redefinido el concepto de riqueza en el país.

Carlos Lizarralde, escritor y analista, ha dedicado su obra a documentar este drama demográfico. En su libro One in Four. The Exodus that Emptied Venezuela (Codex Novellus, 2025), Lizarralde argumenta que Venezuela ha atravesado varias rupturas poblacionales a lo largo de su historia. Desde la conquista española que comenzó un proceso de mestizaje, hasta la colonización y el comercio de esclavos, cada etapa ha moldeado el perfil cultural y demográfico del país.

La guerra de independencia también transformó la demografía, diezmando a la población de origen español y canario, y permitiendo que mestizos y grupos indígenas comenzaran a reclamar derechos. Esta movilización de las masas, lideradas por figuras como Boves y Páez, fue un preludio de las tensiones sociales que seguirían.

Sin embargo, el crecimiento poblacional fue limitado por la pobreza y enfermedades endémicas como la malaria. Todo cambió con el descubrimiento del petróleo, que trajo consigo un auge económico y nuevas olas migratorias de Europa y Suramérica, como señala Lizarralde. Este crecimiento, sin embargo, se vio truncado por la llegada del chavismo al poder en 1999, que reintrodujo la variable étnica en la política y agudizó el resentimiento entre diferentes grupos sociales.

El legado del chavismo no solo ha sido económico; también ha sido humano. La destrucción del tejido institucional y de los sistemas de salud ha llevado a un exilio masivo, con entre 8 y 9 millones de venezolanos abandonando el país. Esta diáspora ha fracturado cientos de miles de familias, dejando a padres e hijos separados, abuelos que no conocen a sus nietos y hermanos dispersos por el mundo.

El panorama demográfico actual es sombrío. La mayoría de los venezolanos se ha vuelto más dependiente del Estado, mientras que la clase media ha sido diezmada. En contraste, una nueva clase media alta, vinculada al régimen, disfruta de un estilo de vida privilegiado, alimentado por la corrupción y el lavado de dinero. Lizarralde también menciona la llegada de inmigrantes de la Gran Siria, que han comenzado a integrarse en la economía venezolana, pero su impacto aún es incierto.

Así, la pregunta persiste: ¿qué consecuencias tendrán estos cambios demográficos en la política, economía y cultura de Venezuela? La respuesta es difícil de proyectar, pero lo que es claro es que el país ha cambiado de manera irreversible, y no necesariamente para mejor.

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