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La medicina no es una ciencia exacta Opinión por la Doctora Silvia Cabrera

Quiero compartir este escrito de mi gran amiga y excelente doctora, a quien admiro y quiero mucho, Dra. Cristina Zemba.

“Honremos la medicina basada en la experiencia, porque la medicina no es una ciencia exacta. Muy claramente 2 + 2 siempre serán 4, aquí y en Júpiter. Por eso esas ciencias se llaman exactas. La medicina no es así —mal que les pese a muchos que tienen complejo de ciencias exactas—.

Mira chaval, aquí nunca 2 + 2 son cuatro, porque, ya que te gustan las ciencias, el cuerpo humano es un complejo sometido a infinitas variables. Siguiendo el ejemplo: 2 + 2 pueden ser 4, ó 6, ó 0. Una apendicectomia puede sucederse de una cicatriz minúscula, de un absceso o incluso de la muerte. Porque son infinitas las variables… y porque la experiencia cuenta. Como un piloto de avión, cuentan las horas de vuelo. Y las miles de circunstancias (temporales) que has tenido que capear y no están en los libros. Los libros son asépticos y te describen una serie de síntomas que muchas veces los pacientes —como no leen los libros, ¡pero que malos son!— no te relatan al pie de la letra. Y ahí interviene tu creatividad y la capacidad de interpretar eso que te cuentan y no está en ningún libro. Ahí intervienen el sentido común, la intuición y la experiencia.

Atiende un paciente con el manual en la mano y solo tendrás fracasos.

Pero ahí están ellos, los cerebros lavados por las farmacéuticas, que han creado aquello de ‘medicina basada en la evidencia’, tras lo cual se parapetan en el dogma para rebatir todo lo que no sea un fármaco. Perdona, ¿medicina basada en qué evidencia? ¿En algún estudio o estudios, la mayoría de las veces amañados y pagados por las farmacéuticas? ¡Vamos, que no nací ayer! Esto lo aprendí y lo intuí ya en la residencia: fármacos ‘prometedores’ que no duraban ni un suspiro. Los sacaban a bombo y platillo y luego no se volvía a hablar de ellos. La práctica diaria —la práctica y no la ‘evidencia’— acababa desdeñándolos. Una vez más la voz de mi Maestro — la experiencia!—, me dijo: ‘NUNCA seas la primera en usar un fármaco nuevo. Hay cosas que sabemos que funcionan desde hace años; que sean siempre tu primera opción.’

Los trabajos ‘científicos’ hablan de números, de estadísticas: ‘tanto por ciento se cura de esto con esto’. En cambio yo siempre me he preguntado qué hago con el POR CIENTO PERSONA que no funciona… Para ella es el 100% de fracaso.

He tenido una vivencia muy ilustrativa en estos días con mi propio dedo. Los que sólo leen los libros miraban con espanto, no se aventuraban a un pronóstico, hablaban de operar, no sabían cuánto tiempo iba a llevar. En definitiva me creaban incertidumbre. Sin embargo, los ‘perros viejos’ —ya fuera una enfermera, un cirujano, un trauma o un plástico— me decían indefectiblemente ‘Curará y bien’. Ellos aportaron cosas prácticas a mi vida, fruto de su experiencia y no de los libros. Uno me dio esa férula plástica que me cambió la vida literalmente. Otro me olfateaba el dedo como un sabueso. ¡Qué bonita esa semiología clásica que hizo grande a la medicina auscultando, palpando y oliendo: ‘Hay olor a pseudomonas’, decía un gran internista, ‘la cultivabas y había pseudomonas y no otro bicho. Cristina, ves, las bacterias huelen.’ Otro finalmente me habló de los tiempos exactos de curación: cada 7 días, como un reloj. Todo eso hoy olvidado y menospreciado.

Todas esas cosas fruto de la experiencia y no de los libros, fueron las que realmente me ayudaron. Por eso hoy volví a Urgencias del hospital. Me había atendido un residente joven que, claro, como es joven, no tenía todo este bagaje. Ese primer día lo convencí de que me curara como me había parecido a mí por intuición, y aceptó. Por eso vi que no era cerrado. Pero quería verme a los 15 días, lógicamente. Por eso fui hoy a mostrarle el estado de mi dedo: ‘¡Ostras!’, dijo, ‘¡pero qué bien que está!’. Como fui jefe de residentes en un gran hospital durante 2 años, sé leer el interés en los ojos de un médico joven. Por eso pasé a contarle las opiniones de mis ‘perros viejos’; le mostré lo que estaba tomando (Enzimas —mejor antiinflamatorio que un ibuprofeno—) y precursores del colágeno —para granular—. Miraba todo con ojos anchos de admiración y gusto, tomando nota de todo con interés: ‘¡ostras, qué bien, gracias!’.

ESO es un médico normal y no el dogma estúpido y descerebrado que nos quieren vender. Cualquier médico de bien, por naturaleza, honra la experiencia y no la ‘evicencia’ de publicaciones ‘pulguientas’ y amañadas.”

La experiencia es el mejor bagaje de un médico de verdad. honremos la medicina basada en la experiencia, ¡y basta ya de tonterías!

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