Opinión

La Unidad Opositora un Dilema Existencial, Por Rafael Simón Jiménez

Paradójicamente, y para desgracia de los venezolanos, el desprestigio y la erosión en el apoyo popular del gobierno, marcha simétricamente proporcional a la profundización de las diferencias en el mundo político opositor, haciéndose cada vez más notorias y protuberantes sus divisiones, atomizaciones y posiciones deliberadamente irreconciliables.

Resulta imperdonable, que quienes desde los distintos espacios del fraccionado mundo de los que se oponen a la continuidad de este nefasto régimen, no entiendan su responsabilidad y papel a cumplir como dirigentes dentro de la actual situación venezolana, y para beneplácito gratuito o tarifado del gobierno, se encarguen de profundizar y multiplicar, sus reales o supuestas diferencias, permitiendo que sobre esa falta de sentido histórico, se prolongue el sufrimiento y la tragedia del País.

La unidad de todos los venezolanos, colocados en posición favorable a la transición y al cambio político democrático, no es una opción entre muchas, sino un requisito y una necesidad existencial y sine qua non, para generar esa salida hacia la conquista de la libertad y el progreso. Eso que los politólogos caracterizan como la “naturaleza del régimen “es decir su esencia hegemónica, autoritaria y violenta, cimentada sobre el control absoluto del poder y la complicidad de factores armados legales e ilegales, obligan a unificar en un solo frente, en un solo esfuerzo y en una sola alternativa a todas las fuerzas civiles partidarias del rescate de la democracia.

Sin embargo a contravía de la razón y la lógica, y sobre todo desatendiendo el drama y la calamidad social que hunden en la pobreza, el hambre y la diáspora a millones de Venezolanos, y que deberían ser el foco fundamental de preocupación y atención de la dirigencia política democrática, esta parece entretenida en preservar pequeños espacios de poder político o económico, en dar rienda suelta a ilusorias aspiraciones burocráticas, en levantar fracasadas estrategias de salidas no electorales, o en establecer al mejor estilo “chavista “ líneas divisorias entre los distintos factores e individualidades ubicados en el campo opositor, creando sus propias antinomias y calificaciones : colaboracionistas Vs. Consecuentes, Honestos Vs. Tarifados, electoreros Vs. Radicales, todo lo cual resulta amplificado y estimulado desde un gobierno que consciente del costo que le ha significado la destrucción de Venezuela encuentra en la pelea y fractura de sus adversario su único método de sobrevivencia en el poder.

Pero la disyuntiva resulta demasiada costosa y lapidaria sobre todo para esos millones de ciudadanos que sobreviven en la Venezuela destruida o que han tenido que ver desgarrar sus familias por la huida desordenada tras la sobrevivencia: O se hace un esfuerzo serio, consistente, responsable y patriótico por agrupar y reagrupar a los distintos movimientos y liderazgos políticos y civiles, que concurren al mundo opositor, o este gobierno agotado, desacreditado y cojistranco, seguirá saqueando y depredando a Venezuela luego del 2.024 y con un horizonte que pudiera prolongarse indefinidamente.

La tarea luce titánica, y seguramente para muchos irrealizable, pero la pregunta pertinente es: dependiendo el futuro de Venezuela de esa unidad, no vale la pena acaso hacer un esfuerzo titánico, himalayico o del tamaño que fuera necesario? La respuesta parece determinada por la lógica y obliga en consecuencia a diseñar una línea de acción, consistente, un cronograma, unas ideas, una hoja de ruta que pueda comenzar a desenmarañar ese mundo tan fraccionado y conflictivisado, y lo ayude a superar su laberinto.

Y aquí creo, hay que trazar una primera línea que delimite la realidad y potencialidad del espacio de las fuerzas del cambio, y es que ninguna diferencia por antagónica que sea, ninguna rivalidad, ninguna disidencia de visiones o criterios, puede llevar a un movimiento o líder a privilegiar el entendimiento con el gobierno, por encima de una aproximación o búsqueda de coincidencia con quienes aun con grandes diferencias comparten el mismo propósito alternativo.

Un elemental concepto del mundo de la política y la estrategia, es precisamente delimitar eso que se denomina “el adversario principal “, que en la realidad venezolana, no puede ser otro que un régimen que en más de dos décadas de hegemonía, ha causado la destrucción económica, social, moral e institucional, más grande de nuestra historia, y cuya sustitución por métodos democráticos y en el menor plazo posible debe ser objetivo común de todos los factores democráticos.

Delimitado ese extenso campo, de todos quienes comparten el propósito de una transición en Venezuela, incluyendo los factores disidentes del Chavismo, debe rescatarse en su interrelación las conductas, valores y métodos prototípicamente democráticos, es decir el lenguaje respetuoso, la aceptación de la diversidad, la tolerancia frente a las ideas y planteamientos por disimiles que nos resulten, las visiones contradictorias e incluso colocadas en las antípodas de las nuestras. Esto que parece accesorio resulta en la realidad de la atomizada oposición venezolana algo principalísimo porque solo sobre el respeto y el reconocimiento de esa diversidad opositora es posible trabajar la construcción de la unidad necesaria.

El tema principal del dialogo en el mundo de las fuerzas del cambio, tiene que girar en torno a la transición democrática, es decir al contraste de opiniones y visiones sobre cómo construir esa salida de cara al 2.024, aquí deben redoblarse los esfuerzos de tolerancia, amplitud y entendimiento, para acercar posiciones, limar diferencias y crear un entorno favorable a las acciones y estrategias comunes, sin pensar que las múltiples y variadas diferencias de todo tipo que han anidado en el mundo opositor puedan tener un final feliz de fácil o pronta consecución.

Restablecer el dialogo, la comunicación, la disposición al entendimiento, en un entorno y con una metodología democrática, es el único camino posible para viabilizar una candidatura y una estrategia única opositora de cara a las elecciones Presidenciales de 2.024, no se pueden colocar la carreta delante de los caballos, es decir pretender elegir un nominado, sin que previamente se hubiere construido un espacio de unidad y coincidencia que sea la base sólida para esa candidatura.

Está de más, afirmar que no creo que exista una formula pre elaborada que pueda hacer el “milagro “ de amalgamar a una oposición que mientras busca afanosamente interlocución y dialogo con el gobierno, se regodea y se solaza en reiterar y remarcar sus diferencias. Solo que este propósito que algunos pueden calificar de “ilusorio “ o “imposible “ , es la única alternativa que existe para poner fin en 2.024 a este desastroso régimen, y con ello al prolongado sufrimiento de millones de Venezolanos, y ese solo propósito hace loable cualquier empeño.

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