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La visita. Por Aylen Bucobo

“La tristeza es incómoda pero profundamente humana, porque nos dice qué pasa en nuestro interior y nos ayuda disipar el dolor”

Confieso que siempre evito la tristeza, cuando siento que se acerca, que viene a visitarme, que me acecha, cierro la puerta, desvío mi mirada, cambio mis pensamientos y la ignoro.

La tristeza es una visita inesperada, no deseada, ni querida. Ella llega de manera sorpresiva, sin tocar la puerta, solo pasa sin permiso y te abraza.

Aunque sé que la tristeza ayuda a sanar, a purificar el alma, reconstruye el corazón, trae cambios, y nos impulsa a empezar de nuevo, siempre evito vivirla pero en ocasiones me alcanza, me atrapa, me abraza y no me suelta.

La tristeza es un paso fundamental para cerrar ciclos emocionales y seguir avanzando. Es un proceso que aunque nos hace sentir mal, no es negativo. Al contrario, permite sanar, limpiar y madurar.

Los conflictos no resueltos, los duelos no vividos por completo, pueden hacer que una persona se ancle en el pasado, o simplemente sienta que debe cerrar un ciclo y caminar hacia otra etapa de su vida.

Los ciclos son procesos de la vida que tienen un inicio, un desarrollo y un final, o conclusión, y que en su mayoría van acompañados con la tristeza, dolor o sufrimiento.

Es importante aprender a cerrar etapas cuando ya un proceso o una situación no da para más, porque debemos seguir adelante y evitar quedarnos estancados.

La tristeza tiene diversos motivos por los cuales nos visita. Saber reconocer qué nos hace sentir tristes es esencial para poder trabajar en el proceso, porque el cierre de ciclos implica dolor, pérdidas, duelos, distanciamientos…

Dicen que la tristeza es la emoción más duradera, porque es la que más tarda en disiparse, porque se asocia con experiencias más relevantes que provocan, miedo, ira… A su vez, viene del dolor, de la decepción, la traición, la pérdida, los cuestionamientos…

También es la emoción más difícil de ocultar, porque es menos fácil de contener y no mostrar, porque se refleja en la mirada, en la actitud, en el estado de ánimo, incluso en la manera de vestir.

La tristeza se alimenta de los pensamientos, por tanto, es determinante cambiar los pensamientos tristes y recordar experiencias o episodios que nos produzcan alegría y bienestar. Es decir, encauzar los pensamientos de manera más constructiva y no dañina.

Estar triste se relaciona más con el pasado, por eso, es que si nos encontramos con una situación triste actual, nos llevará a evocar un evento similar del pasado. Es decir, la tristeza actual automáticamente nos lleva a una tristeza del pasado. Es como una cadena.

Uno de los lados positivos de la tristeza es que nos lleva a hacer una introspección profunda, porque esta emoción propicia hacer una reflexión necesaria. Dicen que incluso, es una emoción intelectual, porque ha inspirado creaciones poéticas y literarias.

Otro lado positivo de la tristeza es que, en condiciones normales, lleva a tomar decisiones y a actuar, cuando quizás en otro momento de la vida no fuiste capaz de hacerlo. En otras palabras, te da la fuerza para poder tomar acciones que hace tiempo quizás no te atreverías.

La tristeza además ayuda a procesar pérdidas, promueve la empatía y consolida la conexión social porque lleva a la persona a pedir apoyo. Asimismo, pone una pausa al ritmo de la vida, porque hace reflexionar, valorar, aprender de los errores para madurar o florecer emocionalmente.

Libera tensiones, reduce el estrés porque llorar te libera, drena, te da un respiro y trae una paz interior inmensa. Te hace más fuerte, te hace crecer, te ayuda a cerrar ciclos, a abrir nuevos caminos e iniciar otros proyectos.

Permítete vivir esta emoción y sigue adelante.

Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo

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