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Las Hollywoodenses Profesias Autocumplidas por Antonio Sánchez García 

Porque ni el Corona Virus, ni la peste negra, la bubónica que arrasara con media Europa del fin de la edad media y el Renacimiento, ni la gripe española, que costara la vida de cientos de miles de seres humanos a comienzos del Siglo XX, han sido tan devastadoras como la peste roja, el socialismo marxista leninista, cuyas víctimas hay quienes calculan, por lo bajo, en 100 millones de muertos. Y al parecer no hay quien la detenga.

Todos hemos visto una de las últimas creaciones de Hollywood protagonizada por Brad Pitt: un virus ataca a la humanidad y amenaza con devastarla. Obviamente, el héroe, un norteamericano, la salva. El centro del conflicto no está en una populosa ciudad china, sino en el Medio Oriente. La providencial actuación del clásico héroe de la ficción que creó a Superman y a Batman resuelve la grave amenaza del inminente fin del mundo. La amenaza continúa.

El tema del virus creado en un laboratorio de guerra bacteriológica para arrasar con el enemigo no es nuevo. Lo novedoso es la aterradora realidad alcanzada por el caso del corona virus, que parece calzar con el esquema de la anticipatoria ciencia ficción del celuloide. Y éste parece mucho más cercano a lo real de las invasiones de extraterrestres que ha sido la otra profecía en busca de cumplimiento, desde que Orson Welles saltara a la fama con su versión radiofónica.

El hombre, la humanidad, gusta de imaginarse el Apocalipsis. Una proyección hacia el final de los tiempos de lo que nos tortura y atribula a diario. El castro comunismo, en todas sus versiones, y particularmente en esta última actualizada en Venezuela con el chavismo ladrón, asesino y narcotraficante, ha causado muchísimas más víctimas, y las seguirá causando, que las pandemias tan temidas. El coronavirus incluido. Y para vencerlo bastaría con una sencilla decisión tomada con seriedad y auto respeto por los gobernantes del mundo democrático. Siguiendo el ejemplo de Donald Trump que acabara con la vida del último terrorista, Soleimani.

Porque ni la peste negra, la bubónica que arrasara con media Europa del fin de la Edad Media y el Renacimiento, ni la gripe española, que costara la vida de cientos de miles de seres humanos a comienzos del Siglo XX, han sido tan devastadoras como la peste roja, el socialismo, cuyas víctimas hay quienes calculan, por lo bajo, en 100 millones de muertos. Ni siquiera la tuberculosis y el cáncer, las más devastadoras de las enfermedades que han azotado a la humanidad. Lo que a pesar del fracaso de todos sus intentos de reencarnación continúa amenazando a la humanidad. Hoy en Venezuela y en Chile. Mañana en España, en Colombia, en Argentina, en Brasil. Y el laboratorio que lo creara y lo echara a correr, desde el Palacio de la Revolución en La Habana, continúa desarrollándolo y propagándolo, sin que produzca la menor conmoción en los Estados Unidos – pregúntenselo al tontón de Bernie Sanders, que se niega a entenderlo – o a sus propagandistas españoles, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. La peste roja llevó hace siglo y medio para quedarse. Esa, y no otra, será la peste que termine dinamitando al planeta. Con el auxilio de las Naciones Unidas y su Comisión de Defensa de los Derechos Humanos. Y esa cofradía de la estupidez ilustrada de los Naim, Sanders & Cia.

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