Opinión

Los jetones de las redes Opinión Por Alfredo Álvarez

Cultivo y profeso un especial afecto por el Zulia y por buena parte de sus hijos. Más de la mitad de mi vida trascurrió entre ellos, asumiendo como propia su rica cultura, sus nítidos valores morales impregnados por el sol de la mejor calidad en el mundo y un mágico sentido del arraigo. Me hice un profesional del periodismo en sus espacios, egresé de su universidad centenaria, tengo hijos y nietos maracuchos, así como muy sobradas razones para perpetuar mi afecto por esos cálidos y estentóreos personajes. Ese inventario de afectos, también troca por una ex esposa maracucha, algunos viejos amores vestidos ya con el obligante sepia de los recuerdos. También contabilizo un nutrido grupo de amigos maravillosos, ruidosos e irrenunciables.

Periodista Alfredo Álvarez

Amo su lengua, vernácula y concluyente. Me refiero a un habla polisémica, dueña absoluta de una semántica elástica, contundente y sonora. Polémicos hasta cuando duermen los hermanos zulianos acostumbran ocasionalmente a llamar las cosas con unas designaciones patibularias y mordaces. A los hombres de excesos en el verbo y muy pobre acción viril, los nombran plumúos. Si la penosa práctica invade espacios más allá de su geografía familiar, entonces el plumúo se trasforma en jetón. Créanme que es lo peor que le puede suceder a un mortal que se precie de serlo. Ser un Jetón es lo último en la degradación de la escala humana maracucha, algo muy cercano a ser caraqueño.

Para un maracucho jetear es hablar sin la licencia de la cordura. Es hablar sin el soporte de los argumentos necesarios, es prescindir de aquellas ideas que convencen y deben convocar los consensos necesarios. Jetear es hacer ruido cuando ya no se puede hacer otra distinta que más ruido, y todo ello sin trascendencia alguna. En los días que corren, cuando lo que se reclama es coherencia y equilibrio en nuestras valoraciones, sobreabundan los jetones por todos lados. Hay algunos que hasta cadena nacional nos abruman, y otros en concurridos programas de TV nos amenazan con el mazo de Trucutrú. Los Jetones están de moda.

Vale decir que, en buena proporción, estos últimos a los que aludo, ni son maracuchos, ni los inspira la vitalidad de mis queridos gritones zulianos. Son otra cosa, pero sobreabundan el espacio de lo público. Umberto Eco nos asegura que las redes sociales tienes muchos y buenos atributos, pero también ellas exhiben en sí mismas serias y complejas debilidades. Dispuso -según nos advierte el sabio italiano- de facilidades infinitas para que miles de estúpidos hicieran valer por encima de cualquier limitación sus torpes y pobres ideas. Gracias a este detalle, hoy día se discute si las redes sociales han trasformado profundamente el criterio acerca de lo que se debe entender como libertad de expresión, para convertirlo en una analogía de los linchamientos suscitados en la guerra civil americana.

La impunidad existente en el ciberespacio, crea las condiciones óptimas para que, sin limitación ni responsabilidad alguna, en las redes sociales se emitan juicios de valor cuya temeridad solo es superada por la carga calórica de una tormenta solar. En las redes conviven, en una relación muy ambigua e imprecisa la libertad de expresión con la libertad de linchamiento. Veamos las experiencias de Me Too, la proliferación de los más escabrosos fake news, el abandono de las elementales normas de lo políticamente correcto y el jeteo en su mayor expresión.

Se me antoja una clasificación acerca de los diversos tipos de Jetones que pululan y abundan en las redes sociales. Aclaro que es un ejercicio de arbitraria observación empírica, también aclaro que este dudoso esquema clasificatorio, sin duda es una incompleta aproximación a la realidad que pretende describir, pero supongo que podrá establecer algunos parámetros para entender porque y cómo se habla tanta bostada – el término es gocho no maracucho aclaro- en las redes sociales. Aquí les vá.

Jetón de Izquierda: No está enterado que celebramos en estos días los 30 años de la caída del Muro de Berlín. Avizora en cualquier malestar social el resurgimiento de la lucha de clases y la definitiva validación de las teorías del barbudo Carlos Marx. Del comunismo puro y duro mutó a ecologista, indigenista, hippie verde, adorador de los OVNIS, militante pro aborto, impulsor de la ideología de género, feminazi, separatistas y seguidores de los gobiernos pluriculturales. Hay una subdivisión que identifica a los Jetones de una Izquierda Carnívora, mas fósil y atrasada, y otra más light, de elegante corte Vegetariano. Abundan y muchos de ellos no saben que lo son.

Jetones de Derecha. No podría decirse que en Venezuela exista propiamente un pensamiento de derecha, pero lo asumen más como un mecanismo de defensa ante la incertidumbre y el caos generalizado de la postmodernidad. Un país de clase media y partidos políticos modernos trata más bien de ubicarse en un segmento menos impúdico, como el centro liberal o la socialdemocracia. Aun así, hay quienes odiando a los jetones de izquierda suponen que ese acto los convierte en personas de pensamiento de derecha. Creo que desde la mejor época de Castillo Lara y Germán Borregales en Venezuela a nadie se le ocurre decir que es de derecha. Al regimen le conviene mucho que existan porque así pueden justificar toda su quincalla ideológica.

Jetones de la Redes. Son un caso típico de disociación emocional. Están convencidos que la realidad es la red y que ellos pueden alterarla a voluntad con una masiva profusión de tweets, RT, comentarios y agrias polémicas con quienes suponen son sus adversarios. Sufren profundas depresiones cuando su material no entra en las tendencias del time line diario. Existen entre ellos marcadas diferencias impuestas por el número de seguidores que ostentan, la cantidad de RT que puede alcanzar una genial ocurrencia suya, o las verdades ocultas en la Deep Zone, a la que solo ellos están facultados para conocer. Acostumbran a utilizar varias cuentas simultaneas y alguien con menos de 3000 seguidores, para ellos, es algo menos que un mojón de perro.

Jetones Vieja Guardia. Son dinosaurios ya por encima de los 50 años a quienes las redes les proporcionan sexo ocasional y un sinfín de conquistas cibernéticas. Compran viagra como si fueran caramelos, así como cualquier cantidad de juguetes sexuales en línea. Algunos de ellos para no perder parte de su identidad ideológica postean memes donde se recuerda que con los Adecos se vivía mejor, afiches de Carlos Andrés Pérez y lamentan ese último desvarió del Negro Claudio bailando pegado con los Jetones de Izquierda. Se declaran Magallaneros hasta la muerte y exigen que se almidone su ropa interior. Poseen teléfono inteligente, pero solo aprovechan el 10% de la capacidad instalada de sus aparatos. Usan Biguene para pintar sus canas, y guardan como un tesoro sus zapatos marca Lucas hechos en corfam.

Jetonas de la Ideología de Género: Siempre existieron, lo que sucede es que los aires de la postmodernidad les han sugerido que adoptar esa impresionante designación les hará mucho bien. Muy posiblemente son una derivación de las Brigadas Femeninas del PC, pero el machismo imperante en las tierras del Marxismo Leninismo les impidió manifestarse con anterioridad y ahora sienten que este es su tiempo. Odian a los hombres y creen ciegamente que inventando un nuevo idioma proceden a liberar a la mujer esclavizada de una vida sumisa y de penurias con un marido aburrido y patriarcal. Altamente agresivas y violentas, gustan de romper todo su paso, en especial cuando piden abortos gratis y sexo sin límites. Tienen una estrecha vinculación con otro espécimen nombrado como las feminazis y el movimiento LGTB. Algunos siquiatras las evalúan como una expresión de machismo duro y puro, pero a la inversa, lo cual sería algo así como un hembrismo de nuevo cuño.

Jetones de la Anti política: En la misma medida que creció el desencanto por la política y la democracia surgieron estos extraños seres. Aborrecen toda responsabilidad ciudadana, se niegan a ocupar los espacios que les corresponden porque suponen que la política siempre ha sido algo muy sucio y ellos no están para eso. Apoyaron con igual y demencial furia a Manuel Rosales, luego a Capriles y ahora a Guaidó para inmediatamente aborrecerlos por traidores, blandengues, corre puel suelo y faltos de bolas. Les encantaría un presidente como Lorenzo Mendoza, pero no se acercarían a formar parte de una mesa de control electoral, porque ese resultado ya está cantado. No han emigrado, porque no tienen visa y son capaces de difundir un tweet donde se asegura que Juan Guaidó se sometió a una operación de cambio de sexo, que María Corina es extra terrestre y que Leopoldo López es socio de Diosdado Cabello en los negocios de perros calientes ubicados en el paseo de los Próceres. Son idiotas absolutos en la acepción que los antiguos griegos le dan a esta palabra

Los Jetones Apocalípticos: Son los mismos que aseguran que mañana a las 9.30 am se acaba el mundo y que los Marines están llegando por Puerto Cabello, pero el servicio de autobús contratado por la embajada americana para su movilización, no llegó, por falta de gasolina y cauchos. Anuncian, antes que se produzca cualquier evento en el cual la gente deposita algún grado de esperanza, su total fracaso. No importa de lo que sea, si es para conciliar la producción petrolera, la caza de chigüires, la nueva nomenclatura de las calles de los Roques. Ya ellos están enterados que eso no funcionará. Según afirman este país se jodió para siempre y no vale la pena intentar refundarlo, porque el venezolano es flojo, achantado e irredento. Una navidad con Maduro equivale a 10 veces el juicio final y ellos, ya lo habían advertido.

Los Jetones del exilio. Son una mezcla hibrida entre los jetones apocalípticos, los anti políticos, los enviados de Dios y la vieja guardia. Viven cómodamente en Miami – y no se sabe a cuenta de que- cada 15 minutos le dan instrucciones terminantes a Juan Guaidó de cómo es que se debe batir el cobre en Venezuela. Su medio favorito es el twitter e incluso, después de meterse una botella de etiqueta azul entre pecho y espalda, se graban en video para mentarle la madre al presidente encargado. O sencillamente gritarle en otro video, ambientado con rancheras, que es un irresponsable porque no les hace caso. El tono de sus improperios rompió toda norma de cortesía y va camino a convertirse en un novedoso estilo de aparición, ya que los viejos usos no dan resultado. No están medicados y creo que abandonaron sus terapias anti depresivas. Odian a la MUD y toda expresión opositora vernácula, aun habiendo forjado ellos el currículo de esos prestigiosos próceres opositores. Otros, coquetearon con el Chavismo y de qué manera.

Los Jetones Históricos: Suplantan y compiten manera ilegal con los historiadores de verdad. Inventan fechas, nuevas efemérides, crean épicas mitológicas e inexistentes, por lo cual son capaces de escribir que el maíz y la yuca son un invento de las etnias del semiárido Falconiano. Su narrativa teñida de pólvora y azufre coloca en boca de Simón Bolívar desde la teoría Gestalt, la teoría de cuerdas, la emancipación de los Rosacruces, las aventuras amorosas de Richard Cohen y la trama secreta de los Chimichimitos. Esto último –según ellos- el verdadero germen de toda la producción teatral de William Shakespeare, quien, a su juicio, es un vulgar plagiador. Son los que aseguran que el primer socialista de la humanidad fue Jesucristo y que tanto los Mayas, Incas y Aztecas fueron militantes del PSUV antes que el que te conté.

Jetones Economistas: Juegan a placer con las cifras de estudios econométricos y las predicciones sobre el oscuro e impenetrable signo de la economía nacional. De la misma manera en que predicen fantasiosas maneras de desarrollo económico, tienen a la mano muy convincentes argumentos donde justifican porque su predicción inicial no se dio como la había formulado al principio. En ese caso tienen una segunda versión de los hechos, la cual también será errada, pero que ya tiene su explicación de porqué fallo. Por fortuna no les prestan mucha atención y sus ejercicios de chamarreros, quedan para las fabulaciones de libretistas de programas de ciencia ficción. Algunos exhiben títulos académicos de prestigiosas universidades del primer mundo, pero al confrontarlos, suelen enojarse y descalificar con los más feos improperios a los mortales que no entienden sus pronósticos. Tienen estrechos vínculos con los jetones del exilio y les gusta bloquear en el twitter a quien les incomoda.

Jetones de los Fake News. Esto son los peores. Aún dormidos pueden detectar un fake a cientos de kilómetros a la redonda y replicarlos en todas sus redes sociales incluyendo las señales de humo. Son capaces de difundir y discutir la veracidad de un mensaje que asegura que una mezcla de miel, ácido bórico y limón constituyen la cura definitiva del Chikunguya. Una semana antes, esa misma medicación, difundida por ellos curaba el cáncer y un mes antes era cura para los golondrinos y los cólicos menstruales. Perdieron la cuenta de los golpes de estado que han anunciado en redes sociales gracias a la prima de una amiga que trabaja en un salón de belleza donde concurre la esposa de un general que está en la pomada. Actúan fundamentalmente en WhatsApp y twitter y son responsables de los 635 anuncios de la muerte de Simón Díaz, de la resurrección de Juan Gabriel y descubrieron un primo del eslabón perdido que habita en la Quebrada del Totumo. Son los favoritos de las redes sociales.

Como podrán ver, enfrentando una excluyente hegemonía comunicacional, ausencia de medios y espacios para el desarrollo de una vigorosa agenda pública, aunado a esta fauna de improvisados comunicadores es muy difícil trasmitir un mensaje de esperanza, coherencia y voluntad democrática. Aun así, seguiremos insistiendo. Para reconquistar la democracia y las instituciones de la República los jetones deben ceder el paso y hacer algo de silencio. O mejor, que hable solo uno a la vez.

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