La construcción de un mito ideológico buscó fabricar una identidad popular basada en la simbología de izquierda, tan común en este sector.
En lo personal, tuve la oportunidad de conocer a Maduro en dos ocasiones. Recuerdo que la primera vez fue en Maracaibo, cuando él era miembro de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores. La segunda ocasión fue en la oficina de José Khan (el «Chino Khan»), para entonces director del Banco Central de Venezuela (BCV), cuando Maduro ya ocupaba el cargo de diputado nacional. Mi impresión en esos encuentros fue haber observado a un tipo humilde, pero muy alejado de ser un líder obrero.
Confieso que cuando fue electo presidente de Venezuela, pensé que los trabajadores seríamos los protagonistas al tener un «presidente obrero». Nada más ajeno a la realidad. La brecha entre el mito y el proceder de Maduro como presidente marcó una realidad muy alejada de la de un gobernante verdaderamente enfocado en la clase trabajadora.
De acuerdo con los reportes de ONG como PROVEA, durante el período de Maduro al frente del Estado hubo más dirigentes sindicales y líderes gremiales presos o bajo régimen de presentación que en otros gobiernos democráticos. Asimismo, la OIT señala que la gestión de Nicolás Maduro ha sido históricamente la que más ha perseguido a sectores como los sindicatos de Guayana, del petróleo, docentes, salud, Corpoelec, entre otros.
Pulverizó los salarios convirtiéndolos en bonos precarios, degradó la calidad de vida y acabó con las convenciones colectivas marco. En fin, la historia lo recordará como el presidente que sumió a los trabajadores en la precariedad que hoy padecemos.
Carlos Labrador
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