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Mordedura, picadura y gerundio Por David Figueroa Díaz

Es agradable saber que, pese a las múltiples impropiedades que a diario aparecen en los medios de comunicación y redes sociales, hay un marcado interés por minimizarlas. En ese sentido, muchas son las publicaciones en las que aparecen consejos sobre cómo mejorar el lenguaje oral y escrito, las cuales son muy útiles; pero en ocasiones esas recomendaciones están basadas en un purismo exagerado, ante lo cual hay que tener cuidado, pues el efecto pudiera ser igualmente provechoso que dañino.

También son frecuentes polémicas en las que los tertuliantes, con razón o sin ella, exponen sus puntos de vista, a veces equivocados o excesivamente puristas. En algunos casos ocurre que alguien, con la intención de imponer su criterio, apela a la ofensa, dejando en evidencia su falta de conocimiento y de educación. El purismo no es en sí malo, pero es una de las razones por las que algunas personas encuentran errores en donde no los hay, y eso le hace mucho daño a la compresión de los asuntos gramaticales y lingüísticos. ¿Por qué? ¡Porque las lenguas no son puras!

Hace pocos días alguien en varios de los grupos de WhatsApp de los que formo parte, una persona advertía sobre la necesidad urgente de suero antiofídico para alguien que había sido mordido por una serpiente, y la respuesta no se hizo esperar, no para aportar lo requerido, sino para señalar que las serpientes no muerden, sino pican. De manera indirecta, aunque el asunto no era conmigo, dije que los ofidios no tienen pico y por lo tanto no pican.

Al cabo de poco rato la polémica creció. La médica Érica Arteaga, directora de un centro asistencial de la capital de Portuguesa, también usó la palabra mordedura para referirse al caso; pero un ciudadano que dice ser gran conocedor de gramática y lingüística, intervino, y para dejar constancia de sus «grandes» conocimientos y sabiduría, reprendió a Érica, quien de manera humilde aceptó, no sin antes advertir que, aunque su fuerte no es lenguaje oral o escrito, está convencida de que debe ser mordedura y no picadura. Un común amigo de la médica y de quien esto escribe, me pidió opinión, y he aquí mi razonamiento.

Las serpientes tienen colmillos, es decir, dientes, y por lo tanto no es difícil colegir que muerden, no pican. ¿Por qué? Porque no tienen pico, sino boca. Ahora, que a boca y pico se les use algunas veces como sinónimos, eso es otra cosa. Pico tienen las aves, hocico otros animales, y boca los humanos, aunque en ocasiones, pico, hocico y boca pasan a ser sinónimos, cuando quien las emplea desea causar algún efecto: «Cierra el pico (hocico, jeta), por favor». Lo que produce un zancudo, un alacrán o una araña, no podrá ser una mordedura, pues tampoco tienen dientes. En todo caso será una picadura, en alusión al pico de las aves, solo que el zancudo extrae sangre, y el alacrán y la araña inoculan veneno.

Y ya que he mencionado aves, alguien, a quien no conozco, se le ocurrió escribir y publicar una lista de refranes criollos, muchos de ellos venezolanos; pero en una versión culta, como: «Ocúpate de la manutención de las aves córvidas, y estas te extirparán los globos que perciben las sensaciones visuales», que equivale a: «Cría cuervos y te sacarán los ojos».

Sobre el gerundio

Con relación al gerundio, tema del que he perdido la cuenta de las veces que lo comentado a lo largo de los años en los que me he dedicado a estos menesteres, es preciso señalar que es un tiempo verbal que expresa una acción en desarrollo, anterior o simultánea a la principal, aunque la Real Academia Española registra su uso con posteridad casi inmediata. Es incorrecto su empleo como participio de presente, esto es, como adjetivo en función de atributo: «un barril conteniendo cien litros de agua». La docta institución admite una excepción: agua hirviendo.

Es igualmente incorrecto su uso para indicar una acción posterior a la principal: «Viajó a Maracaibo en avión, asistiendo a un congreso de ginecología». Recuérdese que solo es admisible la posteridad casi inmediata: «Entró dando un portazo». En las acciones de entrar y dar el portazo hay una posteridad que casi no se nota, es decir, casi inmediata.

Es el mismo caso de: «Entró saludando de manera muy efusiva», pues inmediatamente al entrar, comenzó a saludar.

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