En Venezuela urge la implementación de un nuevo 3 de enero ya que al parecer la encargada o “interina” del régimen no ha entendido bien el mensaje de Estados Unidos al ignorar por completo las directrices emanadas tanto de la presidencia de USA, como de las decisiones tomadas por la mesa de conversaciones.
La ilegitima de Miraflores no solo ha desacatado la orden de liberar plenamente todos los presos políticos que el régimen mantiene, sino que además, ha ordenado arreciar las medidas coercitivas contra la población venezolana aumentando los racionamientos eléctricos, ordenando abusos y excesos policiales, aumentando el precio del dólar a través de sus acólitos poseedores de grandes cantidades de dólares y por ende los mayores ofertantes de dólares (vía BCV y mesas de cambio) y permitir que los dueños de los bancos que operan en el país jueguen con las divisas que se les asignan a su antojo y sin control.
Todo está cada día peor en Venezuela, al parecer las políticas de sanciones de los Estados Unidos para Venezuela solo afectan al ciudadano común. En este sentido, urge la implementación de un nuevo 3 de enero en Venezuela para terminar de deslastrarnos de la bazofia que no le han bastado 27 años de abusos y saqueo y ahora dicen estar apoyados por los gringos para terminar su trabajo destructivo en contra de Venezuela.
La última palabra no la tiene Estados Unidos, la última palabra la tiene el pueblo venezolano quien tiene que perder el miedo que nos han infligido durante 27 años y levantar su voz de protesta y realizar actos de desobediencia civil tal y como lo establece la propia Constitución de Venezuela y, aunque suene a utopía en un país donde el temor se respira en todos sus estratos, debemos tener claro que el miedo no desaparece porque lo neguemos, desaparece cuando lo enfrentamos y enfrentarlo no significa confrontación temeraria, significa, desde cada trinchera, ejercer la ciudadanía. Que un abogado use su voz. Que un periodista diga la verdad sin vender su conciencia. Que un maestro use su pizarra para enseñar de verdad. Que un ama de casa use su cocina para organizar un comedor. Significa que, aunque el miedo esté ahí, decidamos actuar juntos.
Porque la confianza no nace de promesas. Nace de encuentros. Nace de saber que tu vecino no te va a delatar, que tu colega no te va a traicionar, que tu abogado te va a defender hasta el final.
Termino con una frase: “La libertad no es un espacio, es una decisión”.
Decidamos hoy que la reconstrucción no es un plan de gobierno: es un pacto entre ciudadanos. Que la confianza no es un sentimiento pasivo: es un acto de valentía compartida.
No los invito a no tener miedo. Los invito a no dejar que el miedo decida por nosotros.
Dr. Gustavo Duque Largo
Analista político.
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