#Noticia

Nueva guerra fría o geoestrategia planetaria de las vacunas, Por Paco Audije

Hay una geoestrategia mundial de las vacunas con impactos locales y nacionales, en los que la perspectiva humana y social se diluye sin más. China exporta sus vacunas CoronaVac a Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro es un escéptico sobre sus efectos. Presume de que no se vacunará. En el exterior, se asume que la actitud de Bolsonaro tiene casi únicamente que ver con su cercanía a extravagantes tesis negacionistas. Como si fuera sólo un convencimiento anticientífico puramente ideológico. Hay algo más allá, más miserable aún.

Pues no hay que olvidar que la vacuna CoronaVac, la única disponible en aquel país, está asociada al Instituto Butantan, una institución pública dependiente del Estado brasileño de São Paulo, donde el gobernador se llama João Doria, rival probable de Bolsonaro en las elecciones presidenciales de 2022.

En Brasil, aumenta el número de ciudadanos que responsabiliza a Bolsonaro de situar a Brasil en segunda posición de la clasificación de países más afectados por el coronavirus en el mundo: oficialmente, supera los 250 mil muertos con un nivel diario de más de un millar de víctimas mortales. Casi diez millones de afectados. En ese terrible contexto, Bolsonaro, mientras insiste en que no se vacunará, resalta su desprecio hacia “la vacuna china de João Doria”. Éste, a su vez, asumió el protagonismo del proceso general de vacunación al anunciar en verano que la fase de experimentación clínica de la CoronaVac china se realizaría con voluntarios de São Paulo, bajo la supervisión del Instituto Butantan que es el mayor productor de vacunas de América Latina.

La empresa farmacéutica Sinovac BioTech, que produce diversas vacunas en China, tiene acuerdos para distribuir su CoronaVac en otros países latinoamericanos, como Argentina, México, Perú y Chile. Asimismo, la vacunación masiva con CoronaVac está prevista en los Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Jordania, Turquía e Indonesia, además de diversos países africanos como la República Democrática del Congo o Botswana (Botsuana).

La diplomacia sanitaria de China tiene tras de sí una larga trayectoria. “Desde hace medio siglo, esa diplomacia se ha reforzado, sobre todo en los últimos años, como se vio en la crisis del Ébola, en el impulso dado a la llamada Ruta de la Seda Sanitaria, y ahora ante la pandemia Covid-19”, afirma estos días el politólogo francés Antoine Bondaz. En estos días, vemos cómo China ralentiza los pasos de la investigación internacional de la OMS, la FAO, la OIE (Organización Mundial de la Salud Animal) y otras organizaciones planetarias, relativa a los orígenes de la pandemia en Wuhan. Hace ya meses, el mismo Bondaz señalaba (« Le modèle de gouvernance chinois n’est pas un modèle à suivre », Le Monde, 16 de marzo de 2020) cómo el gobierno de Pekín trata de minimizar la lentitud de respuesta inicial –y la censura temprana- ante el coronavirus ya desde enero de 2020.

A continuación, sus objetivos serían imponer una imagen de efectividad práctica interna, por un lado, y de despliegue de solidaridad planetaria, por otro. Se trata de demostrar la superioridad del modelo tecnológico y político de China. Pekín no duda incluso en responsabilizar a las autoridades locales de Wuhan para dejar establecido que el régimen y el Partido Comunista de China son -más allá de Wuhan- reactivos y eficaces. Y mientras en el terreno mediático puede haber un empeoramiento de la imagen china en Europa, puede no estar sucediendo lo mismo en países africanos o latinoamericanos. La efectividad de la VacunaVac profundizará o reducirá el impacto de esa estrategia diseñada en Pekín.

El presidente Xi Jinping y los círculos de poder de China están muy atentos no sólo al impacto directo, sino a su reflejo y al poder blando de Pekín: a la transmisión de su imagen como régimen humanitario. De ahí su sensibilidad extrema, ante las críticas por su represión masiva en Tíbet o contra los uigures. Hong Kong es otro ejemplo de ese apartado de sus preocupaciones mediáticas.

Claro que -volviendo al ejemplo inicial- Brasil también ha contratado algunos millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca (sueco-británica), a través del ministerio de Salud (autoridad central), mientras culpaba al primer ministro indio Narendra Modi de presionar a AstraZeneca para que se retrasara la llegada de esos millones de dosis contra el Covid-19 destinados a Brasil.

Muchos dirigentes mundiales, no sólo los chinos, también otros, como Boris Johnson, tratan de utilizar el principio de las vacunaciones masivas para hacer olvidar su gestión inicial de la pandemia. En el caso del primer ministro británico, el objetivo es doble: por un lado, quiere que se olvide cómo despreció los riesgos de la pandemia hasta que él mismo tuvo que ser hospitalizado por contraer el coronavirus; ahora, el Reino Unido supera ampliamente los cien mil muertos.

Además, cuando ya se palpan impactos muy negativos del Brexit, está convencido de que es posible disfrazarlo -en esta etapa de la pandemia- con acaparamiento de vacunas y despliegue de energía ante la prensa británica. El resultado de todo ello, lo ha denunciado el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, en el Foro de Davos. Ramaphosa ha expresado su repulsa por el hecho de que determinados países adquieran y retengan “hasta cuatro veces más dosis de las necesarias para vacunar a sus propios ciudadanos”. En esa disputa global, se dibujan perfiles heredados de la guerra fría.

Caricatura de Ali Dillem en el diario argelino Liberté-Algérie.

Argelia, por ejemplo, busca primero sus vacunas en Rusia, como antes la formación de sus militares o su armamento. En la política antipandémica de la India, es determinante la existencia de AstraZeneca Pharma India Ltd (1400 empleados), con sede en Bengaluru (Bangalore), zona donde su ubica el llamado Sillicon Valley indio.

Según el diseño de alianzas habitual, India propone una actitud similar a China; pero más centrada en los países vecinos del sur y sureste de Asia. Con la excepción de Pakistán, como no podía esperarse de otro modo. La colaboración y la solidaridad entre esas tres potencias (nucleares) entra dentro de lo que vemos en otros terrenos problemáticos. Una línea de discursos adobados de solidaridad humanitaria con reflejos de viejos conflictos (Cachemira, fronteras disputadas en los estados norteños indios, predominio en Asia, etcétera).

Ni siquiera ante el infierno que significa la pandemia, hay algún dirigente mundial que parezca olvidar preocupaciones históricas más bien relacionadas con la defensa, sus ambiciones territoriales y los despliegues militares. De modo que a Rusia, le queda la recomposición de sus lazos con varios países que en el pasado pertenecieron al «tercer bloque» de la Guerra Fría, los no alineados: Argentina, Irán, Argelia (ya mencionada), Palestina… y algún miembro de la Unión Europea (Hungría) que perteneció al Pacto de Varsovia. Los ciudadanos de esos países esperan ya vacunas rusas contratadas por sus respectivos dirigentes.

Rusia ha pedido a la Unión Europea autorización para distribuir su vacuna Sputnik V, al mismo tiempo que el primer ministro húngaro Viktor Orbán criticaba la lentitud de la Agencia Europea del Medicamento para avalar otras vacunas anticoronavirus. A la vez, y para reafirmarse, ha negociado con China el suministro de un cierto número de dosis de la VacunaVac. De modo que los episodios relativos a la disputa AstraZeneca-UE no son nada más que un ejemplo de cómo la pandemia revive –por otras vías- capítulos que nos recuerdan lo que subyace en la mayoría de los discursos de geoestrategia humanitaria.

Por cierto, la Agencia Europea del Medicamento estuvo situada en Londres hasta que la marcha del Reino Unido de la Unión Europea forzó su traslado a otra ciudad de la UE (Amsterdam, en este caso). Otra vez, el Brexit, cómo no.

Comment here

A %d blogueros les gusta esto: