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Opinión: Bolívar contra los casinos, Por Luis Britto García


Septiembre, 2021
Luis Britto García
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Se nos disculpará que recapitulemos la Historia cuando en algunos aspectos pareciera que no hemos aprendido de ella. La muerte de su esposa María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza reduce a Simón Bolívar a una depresión que intenta disipar llevando una vida dispendiosa en Europa por un período breve. Durante él incurre en los excesos que pueden esperarse de un mozo en plena juventud. Gastos pródigos, bailes desenfrenados, aventuras galantes. En París, en 1804, escribe a su prima Fanny du Villars que, al encontrarse en Viena con su maestro Simón Rodríguez, éste “no cesa de vituperar los gastos que él llama necedades frívolas”. En ningún documento consta que frecuentar garitos fuera uno de sus placeres. ¿Qué hubiera ocurrido si en lugar de jurar en el Monte Aventino la libertad de América, dedica su vida a dilapidar su fortuna en las casas de juego que anunciaban la decadencia moral de Europa?

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Lima, 1826. El que fuera mozo atolondrado es ahora Libertador. En carta fechada 9 de mayo de 1826, reprime a su sobrino Anacleto Clemente: “Cansado ya de oír las quejas de tu madre y de tu familia, voy a hablarte por la última vez aprovechando la ocasión de mi edecán O’Leary que te llevará esta carta: te dirá de viva voz cuan disgustado estoy por tu mala conducta y te intimará la orden de que inmediatamente te vayas para Venezuela a estar al lado de tu familia, si no a cuidarla, al menos a no desacreditarla como lo has estado haciendo en Bogotá. Te lo digo por la última vez, Anacleto: si no te vas inmediatamente de Bogotá, si no abandonas ese maldito vicio del juego, te desheredo para siempre; te abandono a ti mismo. Es una vergüenza para ti y para tu familia ver la infame conducta que has tenido en Bogotá, librando contra tu pobre madre sumas que no las gasta un potentado, abandonando tu mujer, y, para hacer lo que faltaba, desacreditando al vicepresidente; faltando de este modo a tu patria, a tu honor, a tu familia y tu sangre ¿Es éste el pago que das al cuidado que tuve de llevarte a Europa para que te educases; el que ha tenido tu madre para hacerte hombre de bien, y en fin, es éste el modo que correspondes a los beneficios que te he hecho? ¿No te da vergüenza ver que unos pobres llaneros sin educación, sin medios de obtenerla, que no han tenido más escuela que la de una guerrilla, se han hecho caballeros; se han convertido en hombres de bien; han aprendido a respetarse a sí mismos tan sólo por respetarme a mí? ¿No te da vergüenza, repito, considerar que siendo tú mi sobrino, que teniendo por madre a la mujer de la más rígida moral, seas inferior a tanto pobre guerrillero que no tiene más familia que la patria?”

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Boyta, noviembre de 1826. En marcha hacia Venezuela para desbaratar la tentativa secesionista de Páez, pernocta en la hacienda de Boyta. Quizá para aliviar el tedio de la marcha, Bolívar, a quien no se le conocían vicios, juega a los naipes con el vicepresidente Francisco de Paula Santander y los señores Montoya y Arrubla. Su fiel edecán Daniel Florencio O´Leary narra que la suerte favoreció al Libertador, por lo que éste exclamó “Si así continúo, seré dueño del empréstito”. Santander, que adelantaba un negociado con Arrubla y Montoya para enriquecerse con la desmesurada deuda que contrataba la República, se sintió mortalmente ofendido. Así empieza la disensión que llevará a Bolívar a comunicarle el 16 de marzo: “No me escriba más, porque no quiero responderle ni darle el título de amigo”, y que impulsará a Santander al intento de magnicidio del 25 de septiembre de 1828, que en breve se conmemora.

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Bogotá, septiembre de 1827. Como Presidente, el 29 de ese mes el Libertador sanciona decreto que considera vagos y somete a presidio a quienes se dedican a juegos prohibidos conjuntamente con los dueños de casas de juegos, y autoriza el allanamiento de tales antros para verificar la comisión del delito, a fin de prevenir la desmoralización de las costumbres y la ruina de los ciudadanos.

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Bucaramanga, mayo de 1828. Acuartelado en Bucaramanga para sofocar la rebelión del almirante Padilla en Cartagena, conversa con Perú La Croix, quien consigna que Bolívar atribuye la depravación moral que hay en el país a la mala educación, a la falta de luces y a la pasión del juego, que estaba generalizada en la Gran Colombia. Testimonia Perú Lacroix que el Libertador “en ninguna parte había visto la pasión del juego más generalmente dominante y más fuerte que en Colombia”.

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El juego de azar es para Bolívar, en sus propias palabras, mala conducta, maldito vicio, delito punible mediante presidio, infame conducta que lleva a faltar a la patria, al honor, a la familia, a la sangre, arruinándolas y desacreditándolas. Humillación, repudio, sonrojo y profunda vergüenza hubiera causado al Libertador adivinar que la Patria que juró emancipar en el Aventino iba a terminar infestada de timbas, maquinitas, garitos y casinos, regentados por tahúres, fulleros y legitimadores de capitales. Vergüenza que indudablemente compartimos todos los venezolanos dignos de serlo.

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Justificado es que honremos la memoria del Padre de la Patria. Coherente sería que respetáramos su obra e ideas. A dos centurias de recibir de él la Independencia, Venezuela padece una infección de garitos donde, según publicaciones colombianas, lavan sus fondos mal habidos los paramilitares. En la década pasada había más casinos que universidades nacionales. Una denodada campaña de Jorge Rodríguez les puso coto. Fallecido el Comandante Chávez y dedicado Jorge a otros cometidos trascendentes, los garitos repuntan como nueva pandemia moral. Me reporta el amigo Jesús Borges Jiménez que aparecen, entre otros muchos sitios, en Caracas en el Hotel Dubai, el Waldorf, el Tamanaco, el Humbold y Conami. En Miranda brotan en La Cascada, Macaracuay, la Urbina, Coliseo, Buenaventura. En Aragua, en el Platinum y el Bellagio. En Lara, en Lidotel, Platinum, Ballagio. En Zulia, en Maruma, Del Sur, Inter, Pipo. En Falcón, Baywatch, Tucacas. En Barinas, Center Llanos. En Bolívar, Roraima, Casino Guayana. Ello a pesar de que la apertura de una casa de juego es delito sancionado por el Código Penal vigente. Si así aparecieran industrias productivas, saldríamos de la crisis. No sé si la esperanza de que se laven algunos capitales en esos pozos sin fondo justificará que se tolere tal plaga, “faltando de este modo a tu patria, a tu honor, a tu familia y tu sangre”.

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