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Opinión: Discriminación, Xenofobia y Estado Democrático, Por Coromoto Díaz



La incertidumbre y la amenaza sanitaria y económica provocada por el coronavirus se han mezclado con un diagnóstico errático de la crisis migratoria de Venezolanos, lo que ha derivado a un fenómeno inédito para la región, al que le llamaremos como segregacionismo democrático: que no es otra cosa que la práctica política de “Excluir” a las personas en condición de movilidad humana, apelando a valores democráticos, de manera que la violación de sus derechos sea justificable”, esto se explica: “Por ejemplo, cuando se trata al migrante o desplazado Venezolano como una amenaza sanitaria y se justifican medidas radicales basándose un pseudo principio de justicia, con argumentos como los venezolanos reciben recursos millonarios, o el Gobierno ha abandonado a sus ciudadanos para prestar atención al Venezolano: se moviliza el resentimiento a partir de principios legítimos como el derecho a la salud o la preocupación por la economía.


La consecuencia más palpable de este segregacionismo
democrático es la deshumanización del migrante o desplazado, y es profundizado por las propias instituciones gubernamentales con prácticas como las deportaciones o medidas restrictivas extremas para el DEBIDO proceso regulatorio del Venezolano.

Durante campañas político electoral en países de la región y en específico en el pasado, era común oír a gritos por megáfonos: “¡No a la inmigración ilegal!”, “No más Venezolanos”, “La criminalidad ha invadido nuestro territorio por culpa del Venezolano”. En medio de la tensión que aún prevalece: Las consignas se fundamentan en que hay que frenar como sea está “invasión”. Hay voces que piden ayudar a los inmigrantes, pero se escuchan más palabras enfurecidas como “ilegales”, “invasores” o “parásitos”, “No tengo nada en contra de los inmigrantes, pero si no hay para nosotros, cómo va a haber para ellos”, “Todo lo que no sea la lucha por los derechos de los ecuatorianos no tiene cabida en esta provincia”, lo que ha alimentado la desconfianza, la discriminación y el miedo. ¿Y la xenofobia? “Indudablemente”. Permite, además, excluir a las personas del grupo de los que consideramos dignos de tener derechos. “Se construye una frontera moral y el individuo se transforma en un sujeto violable”.


Entonces la política hace uso de un discurso que pretende capitalizar este descontento respecto a la migración. Candidatos de derecha o de izquierda, centran su discurso en la falta de control y la poca adecuación de políticas migratorias según ellos eficaces… “La inacción de este Gobierno ha hecho de que este fenómeno se haya desbordado”. Un resentimiento, AMPLIADO POR LAS REDES SOCIALES, por donde corre como río, rumores y Fake news sin control. “Se busca un chivo expiatorio para descargar la angustia y la agresividad. Esa es la base el mecanismo de la xenofobia”, y tanto líderes como políticos hacen uso del mismo excusados en un nacionalismo irracional.

La existencia de las redes sociales es una de las claves de la propagación de estos miedos, de la Aporofobia hacia la llegada de los venezolanos al Ecuador. “La amplia difusión del discurso del odio ‘online’ representa un peligroso caldo de cultivo para la discriminación y la xenofobia”. La llegada de Venezolanos está siendo “mediatizada no solamente por los medios tradicionales, sino también por personas que graban imágenes, añadiendo comentarios despectivos, violentos y discriminatorios”.

“La sociedad ecuatoriana tiene una información errónea que no contrasta y se crea una concepción imaginaria y un miedo al pobre que viene a quitarnos lo nuestro”, “Y es usada para el provecho político”. Distorsionando la realidad ya a unos niveles grotescos.

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