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Opinión: La crisis del coronavirus pone al descubierto la grave tragedia que vive la población Migrante y Desplazada

La crisis sanitaria del Covid-19 iniciada en el primer trimestre del 2020, ha marcado un antes y un después en la vida de las personas a nivel global. Mucho se ha escrito sobre la pandemia por las múltiples crisis adicionales que desató en los ámbitos médico, económico, social e incluso como civilizacion. Sin embargo, está claro que ni siquiera los países desarrollados han podido frenar los
nefastos impactos de la pandemia, menos aún América Latina y El Caribe, que ya antes enfrentaban el desmantelamiento o privatización de sus sistemas de salud, educación, creciente desempleo, una profunda crisis económica producto de los bajo precio del petróleo. La crisis sanitaria viene sobre crisis pre-existentes y ha sumado impactos graves en los sectores populares empobrecidos y más aún en las personas migrantes, refugiadas y desplazadas, que continúan siendo, al igual que los pueblos
indígenas, los más invisibles de los invisibles.
El cierre de fronteras ha condenado a la población migrante y refugiada a un aislamiento social, médico y alimentario, que impide el retorno de las familias que desean regresar a sus lugares de origen, llevándolos a utilizar pasos irregulares, en donde proliferan bandas criminales, de trata y tráfico de personas.
En los países receptores, las personas migrantes, refugiadas y desplazadas han sido objeto de una profunda discriminación y estigmatización que les ha impedido el acceso a los sistemas de salud, a una atención básica, acceso a medicinas y más aún a la aplicación de pruebas de Covid- 19.
Muchas personas migrantes, refugiadas y desplazadas, especialmente niñas, niños, mujeres embarazadas, personas con enfermedades catastróficas están sufriendo hambre y desnutrición lo cual agrava su ya deteriorada condición inmunológica y los expone a un inminente contagio. Peor aún no se les ha brindado la atención debida ni a estrategias de contingencias que les brinde apoyo de alimentos ni protección en caso de desalojos, la población migrante en situación de vulnerabilidad ha sido desalojada de sus precarias viviendas por falta de pago, sin ninguna consideración por parte de arrendatarios indolentes que han arrojado a madres, padres de familia, jefas de hogar, niños, niñas y adolescentes a la calle.
Muchos han tenido que permanecer en estaciones de buses, metros o simplemente en la calle en la mayor indigencia. La población migrante que ha estado trabajando en el sector informal ha perdido todo, sus medios de subsistencia y la posibilidad de reactivar sus micro-emprendimientos con los cuales sostenían a sus familias y/o enviaban remesas a sus lugares de origen.
Las trabajadoras del hogar, en su mayoría mujeres migrantes y refugiadas, han sido despedidas; o están siendo víctimas de
un incremento de explotación laboral y para no ser despedidas sin justificación han preferido el silencio, sin la posibilidad de denunciar por la falta de acceso a la justicia, o de recursos económicos para invertir en recargas telefónicas, internet o paquetes de datos.
La población migrante y refugiada no denuncia las constantes violaciones a sus derechos humanos por su condición de irregularidad en los países de destino, por temor a ser deportados o para no sufrir
extorsiones por parte de la policía migratoria, que las amenaza o presiona a cambio de dinero.
Por todas estas condiciones, muchas familias migrantes y refugiadas, mujeres solas, muchas veces cabezas de hogar, embarazadas, con hijos e hijas, han decidido regresar a sus lugares de origen sin tener las condiciones mínimas para su retorno porque sus vidas corren peligro por hambre o por contagio y no tienen acceso a la atención médica necesaria.
Por todo lo antes expuesto se hace imperativo que organismos internacionales acudan en auxilio de estos grupos humanos, y promuevan a los estados la regularización migratoria para la población migrante y
refugiada que se encuentra en los países de destino, aportando con su trabajo, impuestos y contribuyendo con su riqueza cultural y social. Asi como su aporte como mano de obra en la cadena de cuidados del sector Salud, la cosecha de frutas, la construcción y otras áreas de servicios. Sin embargo, los Estados han develado su hipocresía pidiéndoles a esta población que se mantengan en casa, pero sin brindarle apoyo y asistencia mientras dure la cuarentena.
Ineludible es la realidad y Las personas migrantes y refugiadas, no son las
causantes de la transmisión del virus, por el contrario, sectores de clase alta que regresaron de turismo en Europa fueron quienes contagiaron masivamente a la población. Igualmente El cierre de fronteras, estigmatiza más a quienes desean regresar y los gobiernos de los países de origen no están haciendo nada para apoyarles en su regreso.
Finalmente las instituciones gubernamentales deben hacer partícipe a la población migrante y refugiada de las ayudas estatales como el derecho a la alimentación, el acceso a programas sociales y la ampliación de
servicios que les permita enfrentar la pandemia, porque al igual que la población de acogida necesitan diversos recursos para atender necesidades emergentes.
Para ello pueden apoyarse en la cooperación internacional a invertir más recursos para una respuesta regional conjunta, eficaz y articulada particularmente para los países que reciben la migración de venezolanos que para este momento crítico son la población más vulnerable.
Las organizaciones no gubernamentales ONGs tienen el compromiso moral de velar por los derechos de los migrantes y refugiados/as, así como atender, prevenir o acceder a la justicia por la violencia basada
en género contra niños, niñas y adolescentes que se encuentran en aislamiento o en rutas
migratorias.
Recordar el importante papel que juega la sociedad civil tanto desde el punto de vista humanitario como del desarrollo, por la cercanía con la población migrante y refugiada y porque es la primera en actuar frente a las necesidades. Sin embargo,
se observa que cuando no existe un mensaje institucional de Solidaridad, se promueve la criminalización de la migración; TODOS SOMOS SERES HUMANOS VICTIMAS DE UN MISMO FENÓMENO.

Coromoto Díaz
Quito- Ecuador

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