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Opinión: «Literalmente hablando», Por David Figueroa Díaz


La frase que sirve de título a este artículo no es original, pues es comúnmente usada en los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, en las que mayormente se la emplea, yo diría que de manera abusiva, como suele ocurrir con otras. Es por eso que el entrecomillado es obvio.

Esos usos repetitivos de frases y palabras son frecuentes en personas que utilizan la escritura de manera habitual, y como una forma de mostrar su «dominio» del tema lingüístico, sienten especial complacencia en adornar su prosa o expresión oral, con tan mala suerte que, terminan convirtiéndose en el hazme reír de los lectores.

No es criticable que un periodista, escritor, analista político, narrador deportivo, comentarista u otro usuario del lenguaje oral o escrito se esmere por enriquecer su vocabulario; pero cuando ese empeño es exagerado, lo que se escriba o se exprese de manera verbal, se tornaría aburrido, cansón, ridículo, además de que evidenciaría la verdadera intención, escasos conocimientos y precario dominio del tema lingüístico de su autor. El lenguaje no se debe forzar, él fluye lentamente, hasta hacerse cotidiano.

En los medios de comunicación social, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente, hay muchos disparateros y exhibicionistas que acostumbran usar palabras que para el común de los mortales son extrañas. Les suena agradable, y siempre que pueden, apelan a ellas, sin importarles si son adecuadas o si constituyen una impropiedad, dado que su intención no es comunicar, sino hacerse sentir como eruditos del idioma español. De esos personajes, a quienes se les conoce como «espontáneos del lenguaje», están plagados los medios de difusión masiva.

Entre las tantas palabras y expresiones que de forma muy repetitiva aparecen, está el adjetivo «literal», aparejado con el adverbio «literalmente», al punto de que hoy día todo es literal, en la pluma de redactores y en la boca de locutores, animadores, publicistas y demás usuarios de los medios audiovisuales.

Voy a hablarles de este tema, en virtud de contribuir a disipar las dudas y de satisfacer la inquietud de mi amigo Manuel Castillo, quien gentilmente me había solicitado opinión al respecto. A Manuel le agradezco el comentario elogioso respecto de mi artículo de la semana pasada.

Literalmente, por definición, es un adverbio de modo que indica que lo que se escriba o se diga mantiene el significado exacto de las palabras. El empleo de dicho vocablo tiene la intención de hacer énfasis en lo que se escribe o se dice, con el deseo de ponderar la verdad. Si se dice que «la empresa está quebrada», no hay dudas de que tiene problemas de liquidez monetaria o de otra índole que no le permiten funcionar de manera normal, amén de que el cierre sería inminente. Es sinónimo de exactamente, textualmente, igualmente, idénticamente. Cuando en un texto se citan palabras o frases de uno o varios autores, manteniendo el orden y la estructura, se da entender que es una cita textual (o literal), para lo cual será necesario el uso de las comillas.

Ahora bien, el detalle es que al adverbio literalmente se le da un significado diferente del que registran los diccionarios, al confundirlo con figurativamente, y es por eso que muchos hablan de literal, sin saber qué significa, por lo menos en Venezuela, en donde para algunas personas, que presumen de ser modernas y de estar actualizadas, ese término está a flor de labios. Sin dudas, es una lamentable confusión que cada día cobra cuerpo y se ha tornado en un vicio casi indesarraigable.

Si un narrador o comentarista de fútbol dice que, ante un cobro de tiro libre, hay medio gol, sin dudas es una forma figurativa (no literal) de expresar el alto porcentaje de posibilidades y el peligro inminente de que haya gol. Claro está, no todo jugador representa el peligro del medio gol. Tendría que ser Messi, Cristiano Ronaldo o Juan Román Riquelme y Roberto Carlos en sus mejores tiempos. El medio gol no existe en lo práctico, y por lo tanto, no es literalmente, sino figurativamente, y como tal, es válida la expresión, aunque a algunos puristas no les parezca.

Y si alguien dice, por ejemplo: «Fulano de tal es un roble», significa que ese alguien es fuerte, con extraordinarias condiciones físicas y asombrosa resistencia, características que solo son comparables con el árbol o la madera de la especie mencionada; pero eso tampoco es literalmente, sino figurativamente, que es la confusión en la que desafortunadamente a diario incurren muchos profesionales de la comunicación social y no profesionales de esa ciencia, que por el rol que desempeñan ante la sociedad, deberían ser ejemplos del buen decir y de mejor escribir.

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