Opinión

Opinión: ¡Santrich vive!, Por Luis Velázquez Alvaray

¡SANTRICH VIVE!

Con una fuerza armada rodilla en tierra humillada ante las guerrillas cocainizadas, han convertido a Venezuela en la verdadera Marquetalia. Aparecen versiones sobre la muerte de un personaje rocambolesco, que sintetiza todo este siniestro espectáculo que vivimos en América Latina, en manos de la turbulencia, entendida como delincuencia organizada.

Santrich vive! Es innegable. Vive en Maduro. De prontuarios delincuenciales semejantes. Asesinos. Las listas de caídos bajo sus sangrientas manos son incontables. Jóvenes y niños engañados y masacrados en las montañas colombianas. En las calles venezolanas, el tirano se ha ensañado – fiel copia de la ira del guerrillero-, contra liceístas, universitarios, jóvenes protestando por el robo de su futuro. Son muchas las tumbas de inocentes en Colombia: han caído por órdenes de este terrorista. Los cementerios venezolanos están llenos de luchadores. El Santrich de Miraflores ordenó su fusilamiento.

Para cometer sus fechorías han estructurado la red de narco más poderosa del mundo. Cuentan con el apoyo de un Estado fallido, cuyos principales representantes son los otros Santrichs: traficantes, torturadores, extorsionistas. Reclamados por exportar cocaína.

Santrich vive! Si vive en muchos. En los falsos diputados, que bajo el fraude y la trampa han tomado el congreso de Colombia, donde el personaje llegó con la cuota que Santos entregó a estos terroristas. Aquí, robándose los votos para tener una curul criminal en apoyo al tirano. En yunta con la delincuencia multinacional, convirtieron a Venezuela en una zona de guerra contra la población.

 Recompensa alta. Por los de aquí y por los de la frontera. Millones a quien los capture. Veremos quién cobra la primera. Muchos observan las solicitudes al clan de Miraflores, de Cabello y sus jueces asaltantes de “El Nacional”. La de Maikel Moreno, con pistola, prontuario y requisitoria idéntica.

Contó con jueces para liberarlo cuando ya estaba en proceso de extradición. Los autóctonos tienen sus tribunales, se absuelven ellos mismos y se roban los bienes de los demás, de las industrias, los medios, las fincas. Las toman a mano armada. Se apropian de todo con fusil de asalto y sentencia publicada.

Sus mecenas no encuentran cómo explicar la aventura de su congénere, glorificado en Miraflores. Mudos, zombis, inermes: ausentes, hechizados, escondidos. Los guerrilleros extranjeros, que fueron a por su contrincante, tienen secuestrado un grupo de militares del país mampara. Los restos de la fuerza armada, dirigida por otro análogo, piden clemencia a los grupos insurrectos, hoy dueños y señores. La recompensa por Padrino alcanza las mismas proporciones de “los soles”, de la nueva Marquetalia.

 Solo ejemplos. Santrichs hay muchos, tantos como terroristas en el mundo. Ex guerrilleros, candidatos a presidentes, que en Colombia ya ofrecen su menú de futuro en las calles, asaltando propiedades. En Perú, escondidos bajo un sombrero, con el rifle listo para apoderarse del país.

¡Santrich vive! Es el fantasma errante del Castro-chavismo.

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