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Opinión: “Sed Agradecidos” Arribando a los 65 Por Reverendo Julio-Carmen Ruiz

La Biblia le puso límites a nuestra edad cuando sentenció que “los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10). Curiosamente, quien escribió estas desalentadoras palabras fue alguien que vivió ciento veinte años, y al morir se nos dice que “sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor” (Deuteronomio 34:7). Su nombre fue Moisés.

Creo que las palabras de Moisés fueron dirigidas a nuevas generaciones, entre las que encuentra la que estamos viviendo ahora. Ciertamente llegar a los setenta es como la meta de cada hombre moderno. Quien pasa esa década, y llega más allá de los ochenta, debe contar como bendición la extensión de sus días, pero sin olvidar que muchos de ellos traerán los males de un cuerpo que va perdiendo su vigor y la lozanía de la juventud, aunque la experiencia de esos años es gratificante.

Y la verdad es que muchos no llegan a esta edad adulta, pues algunos se quedan en la niñez, la adolescencia y la juventud. Quien esto escribe Dios le ha permitido llegar a los 65; me faltan 5 para completar la meta establecida por la Biblia. Y cuando veo el camino andado, donde ha habido “molestia y trabajo”, la palabra que saca una melodía de mi corazón es GRATITUD.

Sí, gratitud por la vida misma, pues, aunque nací acompañado (soy gemelo), mi compañero de viaje nació muerto. A eso llamo gratitud, porque Dios preservó mi vida al oír después que las probabilidades de morir era la misma que le tocó a mi hermano. Mi gratitud la llevo hasta mi adolescencia y juventud, porque me crié en un hogar humilde, en un pueblo humilde, pero en un ambiente sano, nutrido de amor de hogar y del amor de la iglesia donde conocí a mi salvador. Sí, mi gratitud, porque Dios me preservó en esos años para lo que sería finalmente mi destino, mi pasión, mi entrega, y lo que es hoy mi razón de ser: pastor del que es el Príncipe de los pastores.

Sí, gratitud, por la mujer que Dios tenía para ser la compañera de tan largo viaje, mi amada Carmen. El Señor no pudo escoger a alguien mejor para ser mi complemento. Mujer fiel, amante del Señor y de cuya unión han venido nuestras bellas hijas: Laura, Oly y Sara, con nuestros tres nietos y el que nacerá muy pronto. Sí, gracias a mi Dios por darme tan hermosa familia. Han sido cuarenta años de matrimonio, donde las bendiciones de Dios jamás se han detenido.

Sí, gratitud, porque de estos 65 años, por lo menos 46 han sido dedicados al ministerio pastoral, de enseñanza, de liderazgo y mi pasión por escribir. Al ver las iglesias pastoreadas y los distintos ministerios donde he servido, digo: “Doy gracias al que me fortaleció, al que me tuvo por fiel poniéndome en el ministerio” (1 Timoteo: 12). En esto rebosa mi mayor gratitud porque al final todo se lo debo al que me creo, me salvó y tuvo todavía su deferencia de llamarme al ministerio. Debo destacar que en estos años de pastorado, la Iglesia Bautista Ambiente de Gracia que ahora dirijo, ocupa un lugar especial de mi corazón, así como fueron las otras cuatro que pastoreé.

Al llegar, pues, a estos 65 años mi gratitud al Señor será por siempre, porque en el testimonio que estoy contando, hay un reconocimiento exclusivo que solo le pertenece al Autor y consumador de estos años vividos. No tengo nada de que gloriarme. “Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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