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Opinión

¡Porque no te callas! Por el sociólogo Ender Arenas Barrios

Fue el Rey Juan Carlos de España el que ladeo la cabeza para ver mejor al hablador que interrumpía las intervenciones de todos los mandatarios y, especialmente, la de Rodríguez Zapatero en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado que se celebró en Santiago de Chile en 2007 y harto de las interrupciones le espetó el famoso: ¡Porque no te callas!.

Claro, no fue Chávez quien inauguró la manía del liderazgo de la izquierda latinoamericana de hablar profusamente de todo, intervenir en los asuntos de otros países del continente, al mismo tiempo, que se desgañitan hablando de la “autonomía y respeto a la soberanía de los pueblos”. Creo que esa es una herencia dejada por Fidel Castro el hablador incansable.

Esto viene a cuento, por los comentarios realizados por el presidente colombiano Gustavo Petro y Nicolás Maduro, el primero, que aprovecha cualquier ocasión para dársela de culto y autorizado para hablar de cualquier tema y Maduro, bueno a él ya lo conocemos de sobra y sabemos que cualquier evento él responde con el mismo discurso.

En primer lugar, la derrota de la opción del “apruebo” en el referéndum para la aprobación de la Constitución chilena que sustituiría la dada por la dictadura de Pinochet, aún cuando resultó en una verdadera paliza y en una innegable derrota para el gobierno que se colgó de la propuesta constitucional casi como su programa de si gobierno de ninguna manera significa la reaparición de Pinochet en la escena política chilena.

Fue una victoria del sentido común y de la prudencia ante un aparato constitucional que resultó contrario a lo ofrecido por los promotores de la Constitución, pues, la propuesta de un Estado de Bienestar se deslizó hacia una proyecto constitucional de extrema izquierda, desconociendo que los chilenos no son mayoritariamente de derecha y tampoco es de izquierda y, aun cuando la Constitución vigente sea producto de una dictadura feroz, los chilenos solo quieren un buen gobierno y no una revolución, la última que tuvieron por errores parecidos a los que ya comete Boric les  valió una dictadura de 17 años y miles de muertos y desaparecidos.

Obviamente que Petro que jugo al forfait en la Asamblea de la OEA que condenaría a la dictadura de Ortega y Murillo en Nicaragua por la violación sistemática de los derechos humanos, justificando la ausencia con excusas inverosímiles, hace un juicio del ciudadano chileno bajo el impacto ideológico de una izquierda que no termina por asumir que hace tiempo la política en sociedades como chile ha sustituido a las revoluciones, pero eso no lo tiene porque saber Petro, un hombre que se la da de muy culto y tiene atiborrada en su cabeza contradicciones que se expresan en las lecturas que hace que van desde el marxismo más ortodoxos hasta autores postmoderno que recitan en cada una de sus obras que todo está en crisis, incluyendo todas las creencias de Petro.

 Pero, al presidente colombiano, eso no le impide citar frente a cualquier público ambos paradigmas De allí que en las concentraciones por ‘el convocadas uno puede ver enormes signos de interrogación que cubre el rostro de los asistentes que muy pocas veces logran entender semejante maraña de conceptos abstractos y vacíos.

Por su parte, Maduro, que es la expresión de la más profunda una crisis de representación juzga al liderazgo chileno. Y no es que ese liderazgo de chile que ha demostrado sus falencias en este proceso y que parece, rápidamente a no representar a sus representados, solo que Maduro no tiene competencia para enjuiciar el liderazgo de nadie en particular, porque en realidad él no dirige a nadie. carece de la fuerza ética y moral para ejercer la dirección del país. Domina, eso si y lo hace en una situación de crisis abierta amparado en la Fuerza Armada y en el control institucional de los aparatos de poder autoritario.

Creo, en realidad, ahora que sobrepasado el límite en el número de caracteres permitidos para esta nota semanal, que me equivoqué de título de la nota, en verdad debería llamarse: ¡Cállense, cállense que me desesperan!.

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