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Puntos suspensivos, interrogación y exclamación, Por David Figueroa Díaz


La semana pasada publiqué un artículo titulado «Un vuelo rasante sobre las mayúsculas y minúsculas». Le coloqué ese nombre para dar a entender que hay mucho más de lo que mostré; pero preferí hacer un compendio sobre los casos en los que más se incurre en impropiedad.

Dije que el origen de las dudas está en el hecho de que la normativa de la Real Academia Española de la Lengua es extensa y ambigua, amén de que las empresas editoriales suelen tener sus propias reglas que son diferentes a las de la docta institución.

El otro motivo por el que muchos redactores incurren en errores de ortografía elemental, está vinculado con el descuido y con el desconocimiento de la importancia de escribir para el público. Hay que tener presente que los medios de comunicación, lo he dicho infinidad de veces, ejercen un inmenso poder inductivo, que hace que todo lo que en ellos se escriba o se exprese de forma verbal, mal o bien, tenderá a arraigarse en el vocabulario. De no ser así, las redes sociales no estarían plagadas de disparates y otros despropósitos que desvirtúan la verdadera esencia de la comunicación social. Claro, hay contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente.

El uso de las letras mayúsculas y minúsculas de forma inadecuada se ha convertido en una especie de moda, al punto de que hay personas que a toda palabra le colocan inicial mayúscula. Incluso, he visto teléfonos que tienen ese tipo de escritura, y a lo mejor por eso piensen que es nueva forma de escribir correctamente. Eso, junto con los puntos suspensivos, la interrogación y la exclamación, son las situaciones en las que a diario se evidencia descuido y desconocimiento. Conozco un profesor venezolano, universitario, historiador, poseedor de un Premio Nacional de Historia, que en ortografía no da pie con bola.

Lo lamentable es que quienes incurren en faltas, como el aludido profesor, son educadores y comunicadores de gran prestigio, que por el rol que desempeñan ante la sociedad, están llamados a ser ejemplos del buen decir, sin pretensiones de eruditos. Lo digo, lo he dicho y lo sostengo: ningún ser humano que sea profesional universitario debe tener errores ortográficos, pues de lo contrario, sería interesante saber cómo hizo para obtener el título.

Aunque a algunos les parezca una nimiedad, es necesario recalcar que los puntos suspensivos se usan para expresar una pausa inesperada o un final impreciso. Son solo tres, y no cuatro ni cinco, como suelen usarlos muchos comunicadores sociales y otros usuarios habituales de las redes sociales.

El catedrático mexicano Sandro Cohen circunscribe el caso a cuatro usos básicos: Para indicar que una enumeración podría continuar: «Fue un viaje larguísimo por las ciudades más importantes de Europa, incluyendo Londres, Amsterdam, Viena, Madrid, París, Berlín, Roma…»; «No hay nada que haga mal: canta, baila, actúa…».

Cuando se deja una frase incompleta, cuando una oración es interrumpida, o cuando se cita parte del título de una obra: «Como dice el refrán: no hay mal…»; «Ni tanto que queme al santo…»; «Parafraseando a Neruda: puedo escribir los versos más tristes…»

Cuando se cita solo la primera parte de una oración que se entiende que debe ser bipartita: «Aunque me ofrecieran todo el dinero del mundo…»; «Si realmente pudiera convencerla…»; «Tan solo si pudiera salir vivo de esta batalla…»

También se emplean los puntos suspensivos para expresar ironía, sorpresa o dramatismo: «Me juró que daría todo el dinero que me hiciera falta para el viaje, y solo me dio un cheque por… un millón de bolívares»; «Bajó del escenario furiosa, tiró una silla, pateó una cubeta que alguien había dejado allí; se nos acercó y… empezó a llorar como un bebé…»; «Todo lo que escribe es perfecto: nunca falta una coma, las ideas están perfectamente desarrolladas, sus oraciones están construidas con sentido de buen gusto y armonía tan abrumador… que me da una infinita pereza leerlo».

En cuanto a los signos de interrogación y de admiración, como su nombre lo sugiere, se usan para preguntar y para enmarcar frases exclamativas, respectivamente: «¿Qué hora es?»; «¿Cuándo piensas visitarnos en Bogotá?»; «¿No sabes quién es el solista del viernes?», etc. Para las exclamaciones es el mismo caso de las interrogaciones: «¡Si lo hubieras visto…!»; «¡Imposible no reconocerlo con ese sombrero!»; «¡Ya llegó!», etc.

Existen otros casos de usos de los signos de interrogación y de exclamación; pero por razones de espacio tiempo, se los mostraré en otra ocasión. Por ahora baste con saber que siempre se usarán dos en cada caso, y que omitir el de apertura constituye un error ortográfico que debería evitarse, con el fin de cumplir el cometido.

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