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Recomendaciones para educadores y periodistas, Por David Figueroa Díaz


Desde que comencé a escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, he tenido el cuidado de advertir que no soy catedrático del idioma español ni pretendo serlo. Solo soy un aficionado del buen decir, que con conocimientos relativos en el manejo del asunto, de manera regular y por más de veinte años me he preocupado por contribuir con un mejor uso del lenguaje escrito y oral.

Esa siempre ha sido la intención, y me complace que a la luz de los aportes que he brindado, muchas hayan sido las personas que han aclarado sus dudas y mejorado su escritura, lo cual evidencia que el trabajo no ha sido en vano. Una incontable cantidad de los contenidos que he publicado han surgido de inquietudes que por diversas vías he recibido y recibo de manera frecuente, como demostración de que existe un marcado interés por hacer un mejor uso de la expresión escrita y oral.

Pero a la par de esa preocupación por mejorar, hay quienes siguen tropezando con la misma piedra. Lo lamentable es que quienes, sin tomar en cuenta el rol que les corresponde desempeñar ante la sociedad, como educadores y periodistas, no han tomado en cuenta la importancia de escribir bien y hablar de la mejor manera, sin pretensiones de eruditos. Lo dicho no significa que todos los educadores y periodistas no sepan escribir ni hablar bien, pues existen honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente. De manera muy respetuosa, a ellos van dirigidas estas líneas.

Es muy frecuente el uso inadecuado de los verbos comenzar e iniciar. La mayoría de los redactores no se ha percatado de que, aunque son sinónimos, no se construyen de la misma forma. Se debe tener presente que los acontecimientos no inician, se inician. En tal sentido, no es correcto escribir o expresar que «hoy inicia una jornada de desinfección masiva» o que «la Vuelta a Venezuela en bicicleta inicia los primeros días de 2022».

Es chocante oír a un docente o comunicador social decir: estabanos, ibanos, venianos u otra palabra de la misma naturaleza, en lugar de estábamos, íbamos, veníamos. Y digo que es chocante, porque como educadores y comunicadores sociales deben ser ejemplos del buen decir, pues de lo contrario no estarían cumpliendo cabalmente su función de educar y de informar, en cada caso.

La «s» innecesaria también es muy común, en casos como: dijistes, fuistes, hicistes, vinistes, etc. El despropósito es favorecido por la influencia de otras formas en las que sí es necesaria la mencionada letra, como en la segunda persona del singular de otros tiempos: «Tú comes»; «Tú venderás, «Tú amabas».

En cuanto a ver y haber, la cosa es parecida. Quizás porque suenan casi igual, muchos son los redactores y hablantes que incurren en mal uso. A ver es una secuencia que se forma con la preposición «a» y el verbo ver. En tanto que, haber es un verbo en infinitivo. En muchas publicaciones en las redes sociales, cuyos autores son personas a las que sería impensable tacharles una falta de ortografía, aparecen frases como: «Hoy va a ver sesión extraordinaria»; «Él va haber cómo hace para solucionar el problema»; «Tenías que a ver visto eso»; «Pudo a ver sido una equivocación», etc. Las formas adecuadas son: «Hoy va a haber sesión extraordinaria»; «Él va a ver cómo hace para solucionar el problema»; «Tenías que haber visto eso»; «Pudo haber sido una equivocación».

Sobre haya, halla, aya y allá he escrito muchas veces; pero no está demás volver sobre el asunto, en función de disipar las dudas que aún quedan. Haya es una forma del verbo haber: «No importa las limitaciones que haya»; «El director no halla (no encuentra) la forma de explicar su ausencia»; «La aya (niñera) se marchó temprano»; «Allá (adverbio de lugar) nacieron sus padres…». Hay unos más osados que utilizan la palabreja haiga en lugar de haya, bajo el pretexto de que la RAE la aceptó.

Quizás la reina de la lista de las impropiedades, que muchos estudiosos del tema las han catalogado como las diez más comunes, es sin dudas osea, con su variante ósea. Es difícil no encontrar un escrito en el que la malhadada palabra aparezca, como si fuese una innovación lingüística. Pareciera que existe una tendencia a sustituir la forma correcta: «Osea, tú te marchas mañana»; «Vienen todos, osea, somos seis»; «Ósea, tú no vas a asistir a la reunión».

Es prudente señalar que o sea es una expresión equivalente a es decir, «que se emplea para introducir explicaciones o hacer precisiones; osea es el verbo osear, conjugado en tercera persona del presente y segunda del modo imperativo. Ósea es un adjetivo usado para designar aquello que es de hueso». ¡Así de fácil!

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