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Reportaje: Las políticas de Nicolás Maduro también amenazan a esta parte de América Latina

Tomado de ElNuevoHerald.com

La lista de transgresiones cometidas por el gobierno venezolano durante los últimos años llega a proporciones colosales. Entre tantas transgresiones, es fácil ignorar que el daño causado por los gobiernos chavistas trasciende las heridas infligidas a la estabilidad política.

Así como el Palacio de Miraflores ha sido víctima de las ambiciones desmedidas del régimen, el medio ambiente venezolano, y particularmente la selva amazónica al sur del país, han sido ultrajados por el gobierno en turno. 

En un evento el mes pasado organizado por la Sociedad de las Americanas y el Consejo de las Américas (AS/COA), el vicepresidente de la organización, Eric Farnsworth, entrevistó a la emprendedora social venezolana Cristina Burelli, quien se ha vuelto portavoz de investigaciones contra el ecocidio al sur de su país natal.

A diferencia de otros crímenes del régimen chavista que han recibido amplia cobertura internacional, los abusos ambientales son difíciles de registrar por una variedad de razones. En primer lugar, no es fácil acceder al sur del país donde se encuentra gran parte de la diversidad biológica. Además, existen grandes riesgos personales de ir en contra de las intenciones del régimen.

Al hablar de sus inicios en la investigación ambiental, Burelli resaltó que “nadie estaba dispuesto a hacerlo porque es peligroso denunciar este tipo de ecocidio, de actividad criminal, y la condición fue que lo haríamos de manera anónima”.

Pero también existe un problema con la imagen que el país pinta de sí mismo. Aunque Venezuela cuenta con una enorme diversidad biológica, su nombre suele ser sinónimo de “petróleo” y no de “Amazonas”. Como menciona Burelli, “Venezuela nunca se ha presentado como un país amazónico. Siempre nos vendemos como un país petrolero”.

De pioneros ambientales a ecocidas

A pesar de la imagen popular que existe de Venezuela, es crucial darle importancia al aspecto ambiental para reconocer el ecocidio que ocurre al sur del país. 

Venezuela se encuentra entre los diez países más diversos del mundo entero, colocado a un lado de Brasil y Colombia en las listas de megadiversidad. En particular, los territorios al sur del río Orinoco cuentan con fauna y flora impresionantes, así como una superficie superior al territorio de España o el estado de California. 

Es justo al sur del Orinoco donde se encuentra un 6% de la selva amazónica. Si bien, este no es un porcentaje grande del total, no implica que la región carezca de importancia. Al contrario, la amazona venezolana coincide con el escudo guayanés que es una de las regiones más antiguas de todo el planeta. Por ello, el pequeño fragmento de selva cuenta con un enorme valor biológico.

Dadas sus riquezas naturales, Venezuela fue uno de los pioneros en la regulación ambiental, inclusive siendo el primer país en América Latina en instaurar un ministerio para el medio ambiente.

Pero durante los últimos años la tendencia ambientalista ha desaparecido prácticamente por completo de los intereses del gobierno.

El problema radica en la dependencia de Venezuela en el petróleo. De acuerdo con la OPEP, un 99% de los ingresos de exportaciónvenezolanos provienen de la venta de este recurso en el mercado internacional. Y desde que Maduro llegó al poder, el petróleo ha perdido gran parte de su atractivo. El valor del crudo ha disminuido de manera significativa desde el 2012, un año antes de que Maduro entrara a la presidencia. Aunque es cierto que el precio repuntó entre 2016 y 2018, las sanciones internacionales contra el régimen en años recientes han dificultado toda comercialización de este recurso.

“Ahora, con la caída de la industria petrolera, el régimen ha decidido saquear la región del Amazonas” dijo Burelli.

La diversidad biológica del sur venezolano es acompañada por una enorme variedad de minerales, la cual representa una fortuna para un gobierno desesperado por obtener recursos. Especialmente dados los bajos requisitos de capital pues, como agregó Burelli, “a diferencia de la industria petrolera que es muy compleja y requiere mucha inversión, excavar oro es muy barato”.

Es aquí donde nace el ecocido. Para obtener recursos subterráneos, el gobierno debe de talar la selva en la superficie, poniendo en riesgo tanto a las plantas que quitan como a los animales que pierden sus hábitats en el proceso. Poco a poco, la necesidad económica del régimen destruye la riqueza del planeta.

Condiciones de esclavitud y guerrillas en la zona

Como era de esperarse, las minas de oro y otros minerales que han surgido al sur del río Orinoco han traído consigo una enorme cantidad de problemas para la población.

En primer lugar, las condiciones a las que se exponen los trabajadores dentro de las minas son de carácter infrahumano, guiando a que Burelli las describiera como “esclavitud moderna”.

De sobrevivir a las demandas laborales, los mineros debe enfrentarse al peligro de contraer malaria e inclusive el riesgo de ser envenenados al usar mercurio que es necesario en la extracción de ciertos minerales.

Y aún hay más, pues las minas suelen ser administradas por pandillas venezolanas o guerrillas colombianas, lo cual ha resultado en casos de violencia contra trabajadores locales.

Esto ocurre principalmente en los estados de Amazonas y Bolívar, los cuales “están básicamente en las manos de actores no estatales” como comentó Burelli. 

“Son pandillas locales, pero en el estado de Amazonas estamos viendo presencia de disidentes del ELN y las FARC quienes, bajo invitación del régimen, están explotando las minas” agregó.

Todo esto ha tenido un impacto significativo en las comunidades indígenas de la zona, las cuales se han visto obligadas a elegir entre arriesgar sus vidas en la mina para obtener trabajo o esperar oportunidades inexistentes en sus comunidades.

El Nuevo Herald trató de contactar a los ministerios de ecosocialismo en los estados de Amazonas y Bolívar sobre las minas en la región, más no se obtuvo respuesta.

Las operaciones de extracción en el sur de Venezuela expresan la desesperación del régimen ante la falta de recursos y la escasez de alternativas. La historia moderna de Venezuela queda resumida en las frases que Farnsworth usó para abrir su conversación con Burelli:

“Venezuela es una nación que ha pasado de ser la más rica en América Latina, a una de las más pobres, aun con las reservas de petróleo más grandes del mundo”.

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