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Sigue el escándalo de la trampa chavista en el Miss Venezuela

La revolución bolivariana preparó a conciencia la realización del Miss Venezuela de este año, decidida a que formara parte de la campaña de «normalización» de Nicolás Maduro tanto en el nuevo escenario internacional como en el interior de su país.

«La noche más linda del año», como dice su canción, se debía sumar así a la burbuja económica levantada en Caracas por los enchufados del chavismo, conformada por locales de moda, hoteles en lo más alto de la cordillera, casinos, bingos, Ferraris último modelo y modelos espectaculares para mayor gloria de los bolivarianos en el 70 certamen del concurso. Y todo ello con entradas a 500 dólares en el histórico Poliedro de la capital, lo que equivale a más de 40 salarios mínimos de un trabajador del Estado.

La designación a dedo de Miss Distrito Federal, en detrimento de la deslumbrante Miss La Guaira, elegida por el tribunal, no sólo ha provocado el escándalo nacional, también ha confirmado cómo las cadenas de la corrupción se arrastran por todos lados en la Venezuela que en marzo del año que viene conmemorará la década transcurrida desde la muerte del gran líder, Hugo Chávez.

En el centro, Miss Distrito Federal y Miss La Guaira

«Me veo en el deber de levantar mi voz como una mujer valiente, segura de sí misma y capaz, que a su vez exige claridad para todo este asunto», protestó Andrea Romero, Miss La Guaira, la favorita de los jueces, de los periodistas y de las redes sociales, a la vez que exigía una explicación pública y transparente de cómo siendo la más votada por los jurados, no le entregaran la corona de belleza más famosa del mundo.

Algo parecido a una guerra civil provocó el vuelco.

«Esta edición no era cualquier edición, se celebraba el 70 aniversario del concurso de belleza que nos ha regalado siete títulos de Miss Universo, seis coronas de Miss Mundo y ocho de Miss Internacional. El jurado aseguró que votó por Andrea Romero, Miss La Guaira, que no era cualquier candidata, ya que participó en un concurso organizado por Osmel Sousa, presidente del Miss Venezuela durante 37 años y que salió en muy malos términos del concurso», precisa para Yoli Obelmejías, periodista de Espectáculos y locutora.

Las misses desfilando frente al jurado del Miss Venezuela

Los jueces fueron los primeros sorprendidos.

«Hicimos una encuesta y todos habíamos votado por Miss La Guaira y Miss Delta Amacuro. Quedamos desconcertados y al preguntar se nos recordó que también votaría gente de la organización. Todos, hasta la señora que limpia», expuso el jurado Toto Aguerrevere a la opinión pública.

La respuesta de la organización, a través de un comunicado, no convenció a casi nadie, pero sí provocó la dimisión del propio Aguerrevere, profesor de oratoria de las concursantes: los jurados «presenciales» habrían pretendido «empañar y deslustrar la imagen del magno y más importante evento de belleza del país».

Las palabras de quienes han sustituido al Archi Famoso Osmel Sousa, el zar de la belleza, no han contenido el «escandalazo» que todavía prosigue porque, en definitiva, habían impuesto a la ganadora pese a su mala noche en lo referente a la oratoria.

Diana Silva, Miss Venezuela, desfilando

Eso sí, el dedazo no se realizó por corrección política, pese a que la ganadora deslizó que a Venezuela la están arreglando. «Diana Silva, la ganadora, es una barbie, una muñeca, pero hubiera sido muy novedoso que lo hubiera hecho Andrea, por su piel y cabello rizado, que representa mucho a la mujer venezolana que se ve en las calles del centro de Caracas. Ella hubiese impactado en Miss Universo y en cambio muchas veces antes Miss Venezuela ha llevado rubias a los certámenes internacionales», desvela Obelmejías.

Una decisión que a la postre también ha fulminado cualquier posibilidad de que Silva salga elegida en una competencia internacional por culpa del escándalo, pese a que es algo que se trabaja en la organización, convencida de que una nueva corona «enterraría» definitivamente a Sousa.

Una decisión que a la postre también ha fulminado cualquier posibilidad de que Silva salga elegida en una competencia internacional por culpa del escándalo, pese a que es algo que se trabaja en la organización, convencida de que una nueva corona «enterraría» definitivamente a Sousa.

Además, la empresa Advanta, encargada de la producción, es conocida por su cercanía con el chavismo, al igual que otros empresarios que en los últimos meses han trasladado hasta Caracas a artistas internacionales, alejados de Venezuela durante años.

Símbolo de la corrupcion chavista

El nuevo comité que sustituyó a Sousa en 2018 y que llegaba con la intención de adecentar y limpiar la corrupción denunciada en su seno ha tropezado al final con las mismas cadenas. «Osmel Sousa fue despojado de su investidura porque se suponía que era un proxeneta al servicio de las élites políticas y económicas a través del servicio de las misses», recuerda para Néstor Llabanero, documentalista, investigador del mundo del espectáculo y buen conocedor de las entrañas del concurso de belleza más famoso de América Latina.

«Hay que recordar que ya en 2018 se reveló una trama de corrupción de lavado de dinero ligado a Petróleos de Venezuela (PDVSA) en el que funcionarios habían utilizado a las reinas de belleza y las fundaciones del concurso para depositar dinero ilícito en Andorra y lavar las fortunas. Todo está ligado a esa «nueva clase» que han querido imponer lo que es esa mezcla macabra de la corrupción chavista y lo peor de la antigua élite venezolana, que es justamente parte de lo que manejaba el Miss Venezuela», recuerda el politólogo Walter Molina.

Y es que el sistema que imponía Sousa a las aspirantes las situaba entre la espada y la pared: las cirugías estéticas «necesarias» para ganar corrían a cargo de los esponsores, hombres poderosos que en determinados casos se aprovecharon de su posición dominante.

La pareja más famosa surgida de la Quinta Miss Venezuela de Sousa son precisamente sus buenos amigos Maykel Moreno, expresidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y principal martillo contra la oposición en la era Maduro, y su mujer Deborah Menicucci, ganadora del Miss Venezuela Mundo en 2014. Ambos, son reconocidos como miembros destacados de la beautiful people chavista.

«De esta forma el venezolano se ha dado cuenta que la limpieza no se ha producido, que seguimos en el mismo esquema de la selección a dedo. Y a esto se suma que este comité ha sido señalado por las participantes de no ejercer con transparencia. Esta es la gran explosión de todas las denuncias individuales que se han venido haciendo. Sigue habiendo manejos poco decorosos, y eso se empata con las acusaciones que durante 23 años señalan al chavismo: si no hay elecciones transparentes permea a toda la sociedad, incluido el Miss Venezuela», dispara Llabanero.

El regreso triunfal del Miss Venezuela, exiliada del Poliedro desde la llegada de Maduro al poder, resultó a la postre un fiasco, pese a otro retorno muy sonado, el de la animadora estrella Maite Delgado. Su vestido rojo, diseñado por Ángel Sánchez, también atrajo todas las miradas y unas cuantas sospechas.

Pese a lo llamativo del asunto, desde otras latitudes cuesta comprender semejante intensidad dos semanas después de los acontecimientos. Llabanero tiene la respuesta: «Para lo bueno y para lo malo, Miss Venezuela es una radiografía de lo que ocurre en el país. Con las gradas semivacías y el precio tan elevado de las entradas, no fue una fiesta para el pueblo.»

Agencia EFE

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