Solo el pueblo salva al pueblo. Esta frase histórica, acuñada por el poeta Antonio Machado durante la Guerra Civil Española, cobra hoy más fuerza que nunca ante la situación que vivimos los venezolanos. Hemos demostrado, con nuestras acciones de solidaridad, la hermandad que existe entre nosotros.
Lo sucedido recientemente en nuestro país con el «doble sismo» —fenómeno con mucha similitud al ocurrido en Harnay, Pakistán, en 1997, conocido como doble sísmico activo— ha puesto en evidencia que la autoorganización ciudadana es la primera línea de supervivencia ante la falta de respuesta gubernamental. Cuando fallan los organismos oficiales, el auxilio llega de nuestros propios vecinos. Una vez más, quedó al descubierto la incapacidad del Estado, la debilidad de los sistemas de respuesta, de la Defensa Civil, de los bomberos, de la infraestructura hospitalaria y de los servicios públicos, sumado a la profunda desconfianza de los venezolanos hacia los cuerpos de seguridad.
Es decir, existe un sentimiento colectivo que no conecta con el poder político, llámese gobernaciones, alcaldías o consejos comunales; ante esto, el pueblo decidió apostar por el auxilio mutuo y el protagonismo del civismo frente al sectarismo. Esto ya se reflejó en el pasado con el deslave de Vargas, donde los vecinos y el sector privado terminaron asumiendo la logística de refugios y traslados. Esa alianza de subsistencia se ha vuelto a poner en práctica hoy.
Los venezolanos hemos sido puestos a prueba en lo económico, en la salud, en la división social, en los servicios básicos y, ahora, una vez más, ante la naturaleza. Cada día, y sobre todo en los últimos años, hemos atravesado situaciones difíciles, pero hemos superado cada reto. Este terremoto también lo superaremos. Tenemos una responsabilidad: la reconstrucción de nuestro país, y eso pasa por exigir un sistema preventivo y logístico eficiente para enfrentar emergencias nacionales.
El dolor que hoy vivimos debe llenarnos de fuerza y valor. Dios está en Venezuela, pero también es necesario levantar nuestra voz para exigir que se realicen las inversiones y se creen los programas necesarios para enfrentar estas situaciones en el futuro.
¡Viva nuestro pueblo!
Carlos Labrador
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