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Solo el virus chino: Pudo callar a quien ni Chávez ni Maduro pudo

Cuenta Francisco Ramón Moretón Toquero, amigo y admirador, igual él que el resto su familia, de su espíritu infinito de ayuda a los demás, de su incansable actividad aún a los 84 años y de su conversación a borbotones de conocimientos, que al dominico, Roberto García González no le amedrentaban ni en sus ideas ni en sus palabras ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro, presidentes de una Venezuela en la que predicó su fe durante más de trece años hasta que regresó hace siete años al barrio del Pinar de Antequera, donde fue párroco desde 1985 a 2000.

«Nos decía que le hacían fusilamientos en la radio, que decían en antena como que el curita revolucionario de Barinas tuviera cuidado», señala Francisco Ramón. 

En Barinas, esa ciudad del occidente venezolano, y también en Caracas estuvo el padre Roberto, donde denunció el régimen, asistió a los que no tenían y se preocupó por resolver su situación hasta que aquello se volvió imposible y se vio obligado a regresar.

A este asturiano de la parroquia de Paraná, en el concejo de Lena, no le silenció persona alguna, pero sí lo ha logrado un maldito virus, la covid-19, que puso fin a su vida el pasado 30 de mayo, a los 84 años de edad, en el Hospital Río Hortega, donde llevaba ingresado desde hacía quince días, cuando comenzó a sentirse mal.

«No tenía miedo a nada, creemos que pudo contagiarse cuando fue a dar a alguien la extremaunción», subraya Francisco Ramón, que relata cómo el padre Roberto no se casaba con los políticos fuera cual fuera su signo. Y si no, que se lo pregunten al anterior alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, a quien le hizo llevar a la tintorería un traje.

«Le trajo en su propio coche para que pegaran los bajos y que conociera cómo estaban nuestras calles, para que viera cómo este barrio que muchos creían que era acomodado estaba sin asfaltar, sin agua, sin saneamiento… Le hizo poner la rodilla en tierra a León de la Riva por respeto a la Virgen, pero también para que se manchara con el barro y viera las necesidades del barrio», agrega Francisco Ramón, que asegura que el padre dominico Roberto «no ha pasado indiferente en la vida de miles de vallisoletanos tanto del Pinar de Antequera como del colegio, parroquias…».

«Se ha marchado solo, él que nos acompañó a todos, dando igual la religión, creencias, edad… Sabiendo celebrar los éxitos y empatizando en los momentos difíciles, y siempre encontrando y dando soluciones. Es difícil encontrar en la vida una persona con tantas ganas de vivir en sociedad como él, compartiendo, enseñando, aprendiendo, estando al lado…», apunta Francisco Ramón, que asegura que el padre Roberto, como párroco del Pinar de Antequera, «se preocupó por los que menos tenían, se acercó a los que nadie abría la puerta y nos cohesionó como barrio».

El dominico fallecido, en su despacho.
El dominico fallecido, en su despacho.

«Dio servicio religioso a todo el mundo en cualquier horario, tendió la mano a quien lo necesitaba y se acercó a personas de otras culturas y religiones con un cariño extremo, como Rashid y Sofía, una pareja iraní que hace 25 años huyó del régimen de su país y a quienes abrió al resto de vecinos», añade Francisco Ramón, que recuerda cómo el padre Roberto le hizo una «capeliña» a la Virgen de Fátima, su Virgen, y cómo pasó varias noches durmiendo en la iglesia cuidando de la imagen por temor a que se la robaran.

«Deja un vacío muy importante, y lo digo en nombre de cientos de familias del Pinar de Antequera. He ido con mi hijo Nicolás a ver a la Virgen y a darle las gracias por que se cruzara en nuestras vidas. Daba la sensación de estar triste por el vacío que ha dejado en todos nosotros. Siento que no tuviera una mano cercana al lado en este momento, como tantos españoles y sus familias y cientos de miles en todo el mundo», apostilla Francisco Ramón, para quien el padre Roberto, que ahora vivía con los dominicos en la residencia de Arca Real, seguirá siempre en su vida.

«Cogeré lo mejor de él, que aún no he decidido el qué porque es muchísimo, para incorporarlo a mi vida y ponerlo en práctica. Y cuando suba al Puerto de la Bachota, en su paraíso natural de Asturias, entonaré un canto a la Virgen que hoy le cuida», concluye.

Ricardo Sánchez Rico
Autor
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ANTONIO QUINTERO

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