Esta palabra fue la caracterización que experimentó todo un país en los últimos 25 años: una práctica dañina y perversa que debe quedar en el pasado y ser solo un mal recuerdo. Ningún venezolano puede volver a permitir esta práctica por gobierno alguno.
Esta receta buscó garantizar la individualidad y con ello rebajar el nivel de pensamiento y la educación, silenciar a los pensadores, segar a los descubridores y nivelar a todos bajo un solo pensamiento y un denominador común: la obediencia absoluta. Sin necesidad de utilizar armas, bastó con erosionar las instituciones desde adentro y explotar la vanidad de la gente. Por eso pudimos observar el abandono de la educación, la creación de universidades bolivarianas, sindicatos y federaciones revolucionarias, UBCH, CLAP, el Bono Patria y muchos controles más.
En Venezuela, la sumisión se convirtió en supervivencia y en lealtad electoral; las necesidades básicas pasaron a ser una herramienta de gestión social para las familias golpeadas por la crisis.
Hoy en día, ante una realidad política donde nuestra república está a las puertas de un renacimiento que debe pasar por nuevos modelos, tanto políticos como de ideas, debemos entender que lo que traemos los seres humanos desde nuestro nacimiento es el sentido común, y lo demás es la creación del hombre para el dominio del pensamiento, como, por ejemplo, la sumisión.
Carlos Labrador


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