Opinión

Torpezas, miedos y amenazas por Antonio José Monagas

Tan rápido como la digitalización acelera sus aplicaciones, asimismo anda el desespero. Pero esta vez, en complicidad con la represión y el miedo. Es así como ciertas políticas lucen incoherentes. Porque son estructuradas con base en la idea de incitar una honda conmoción. Buscan manipular el poder político con intenciones de alterar el mundo según ideologías que rayan con torpezas, miedos y amenazas. Así está sucediendo, en un todo de acuerdo con solapadas teorías de la conspiración. 

Aunque parecieran tiempos sin precedentes los que se aproximan, igual pueden verse como tiempos propios para configurar oportunidades dirigidas a desafiar los problemas que acompañarían dichos momentos. En esos casos, la economía debería prestarse a actuar como agente de reto ante situaciones imbuidas por oscuras incertidumbres. Sobre todo, cuando son vivencias propias de caros enredos. Pero así no acontece. Ni allá, ni acá.

La recesión económica inducida por la crisis de salud provocada por el Covid-19, es expresión de tiempos de “oscuros” que han causado y acusado estragos de toda índole. Más aún, sin la más mínima compasión de las golpeadas realidades. Además, realidades abruptamente asechadas por múltiples problemas que vinieron acumulándose.

Asimismo, los embates de obstinadas presunciones políticas, hacen fila para emprender una lista de cometidos. Supuestamente dirigidos a resolver gruesos entuertos. Pero que en el fondo, apuntan a complicar más aún las presentes realidades. Sobre todo, luego de haberse reivindicado importantes derechos humanos y libertades políticas. Todo ello, a fin de favorecer el desarrollo económico y social, entendido como palanca que promueve cambios inminentes de todo tenor y alcance. Pero las cosas siguieron fracturándose.

Sin embargo, las realidades no dejaron de mostrar su crudeza. Se convirtieron en escenarios de duros enfrentamientos entre modelos económicos y políticos de opuestos fundamentos ideológicos. De hecho, estos desencuentros comenzaron a vaciar esfuerzos que habían liderado la cimentación de importantes propuestas socioeconómicas y sociopolíticas. Propuestas que, como la globalización, el liberalismo social o la democracia representativa, establecieron significativos paradigmas o válidos referentes que intentaron promover valores desde y para la “sociedad del conocimiento”.

Y aunque puede asegurarse que tan cuestionados reacomodos o trastornos políticos y desarreglos económicos vinieron procurándose desde tiempo atrás, sus efectos se han acelerado inexorablemente. Incluso, sin medida ni previsión de sus consecuencias. Quizás, ha sucedido todo muy de prisa como resultado de la irrupción del Covid-19. O tal vez, adrede. Así pudo haber sido, a objeto de provocar las mayores confusiones posibles. Necesarias, para azuzar un claro desorden en cuyos terrenos se sembraron y cultivaron actitudes sociales, culturales y políticas contrapuestas al orden civilizatorio regular. 

Es ahí cuando los caníbales de la política hacen abiertas demostraciones de sus pérfidas cualidades y sórdidas experiencias. De esa manera, soportan sus planes en vastos capitales con los que podrían comprar dignidades. Algunas, a cambio de temerarias  e inmorales prebendas. 

Así, logran vaciar de valores a muchos sedientos de poder. Tanto como extinguir honestidades. Incluso, lo hacen con avaros, timadores y expoliadores. Por tanto, completan su tarea de ajustar y condicionar actitudes a instancia de oscuros y perversos planes. Es el camino (ojalá no se alcance ni permita) que podría llevar al planeta a vivir entre torpezas, miedos y amenazas.

caigaquiencaiga.net no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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