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Ucrania: Mercenarios pagados por Putin con el objetivo de eliminar a Autoridades del gobierno encabezado por Zelenski

El presidente ruso se apoya en sus oligarcas incluso para la «guerra sucia». Uno de ellos, Yevgeny Prigozhin, más conocido como el «chef de Putin», es tal vez el caso más notorio. Nacido en 1961 en Leningrado (ahora San Petersburgo) pasó nueve años en la cárcel por robo y fraude antes de medrar como vendedor de perritos calientes.

Su estrecha conexión con su paisano Vladimir Putin sirvió para que se hiciera millonario con su empresa, Concord Catering, sirviendo decenas de miles de comidas a diario para las escuelas y las dependencias del Gobierno. Sus aventuras empresariales se diversificaron, hasta que dio el salto al espionaje digital con la Internet Research Agency, la «granja de trolls» del Kremlin que interfirió en las elecciones americanas del 2016 y trabajó a destajo para desestabilizar Europa.

El FBI puso al «chef» Prigozhin en la lista de los «más buscados» en el 2021 y la Unión Europea le incluyó está semana en su ronda de sanciones. Desde hace una década vive en un palacete con helipuerto en San Petersburgo, tiene un avión privado y un yate de 115 pies de eslora.

Parte de su fortuna la debe a las minas de diamantes. La otra parte, más oscura, obedece al nombre del Grupo Wagner, la «compañía militar privada» con la que ha dejado su huella en lugares tan dispares como Siria, Libia, la República Centroafricana y Ucrania.

Los «mercenarios» del Grupo Wagner echaron raíces en Ucrania en el 2014, durante la guerra de Crimea. Tendieron lazos con los separatistas de Donetsk y Lugansk, y allí volvieron cada vez con mayor insistencia desde el 2017, alternándolo con sus frecuentes misiones en Siria y la República Centroafricana.

Volvieron a tiempo para la invasión, hace una semana, con la misión inicial de contribuir a la desestabilización y a los sabotajes en las repúblicas separatistas del este. En la segunda fase, el cometido de los 400 mercenarios del oligarca Prigozhin y del «teniente coronel» Dimitri Utkin (el auténtico fundador del grupo de ex soldados de élite) es aún más crucial: eliminar al presidente Volodimir Zelenski, al alcalde de Kiev Vitali Klitschko y así hasta 23 objetivos en la cúpula ucraniana, según revela The Times.

Los mercenarios del Grupo Wagner han estado al parecer establecidos en una base de la agencia militar rusa (GRU) en la ciudad de Krasnodar, cerca de la frontera con Ucrania, después de haber participado en el suministro de armas y en la preparación las milicia pro-rusas en el este del país. La tenaz resistencia de los ucranianos puede haber frustrado de momento su entrada en acción, aunque su presencia sobre el terreno ha sido corroborada por varias fuentes.

El Kremlin ha negado sistemáticamente sus vínculos con el Grupo Wagner, aunque Putin ha sido visto en público junto al fundador del grupo, Dimitri Utkin. Mucha más constancia visual hay de la estrecha colaboración del presidente ruso y del supuesto propietario del ejército de mercenarios, Yevgeny Prigozhin, aunque su función consiste oficialmente en «proveer el catering para el Gobierno ruso».

Polémica por la impunidad de sus acciones

Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacional (CSIS), un «think tank» con sede en Washington, «el Gobierno ruso ha encontrado la utilidad del Grupo Wagner y otras compañías privadas militares como una manera de extender su influencia en diversas partes del mundo sin la visibilidad ni la intrusión de las fuerzas militares estatales».

Como las contratas militares norteamericanas en Irak, las PMCs rusas se han empotrado en el ejército aprovechando la «modernización» de la última década y asumiendo funciones cada vez más directas, en estrecho contacto con el GRU y entrenando incluso en las instalaciones del Ministerio de Defensa.

Sus actividades han estado siempre envueltas en la polémica por la impunidad de sus acciones y la violación de los derechos humanos. En el 2019, un mercenario del Grupo Wagner (identificado como Stanislav D.) contribuyó a la filmación de las torturas y la decapitación de un prisionero en Siria. La víctima fue identificada por la revista Novaya Gazetacomo Mohamed Taha al-Asbdullah, un soldado acusado de desertar del ejército de Bashar Asad.

En Libia, una investigación de la BBC reveló que un soldado «privado» del grupo dejó minas anti-persona sin marcar en zonas civiles, lo que está considerado como un crimen de guerra. En Mali, la presencia de los mercenarios rusos dando apoyo a la junta golpista fue una de las razones que empujaron al presidente Emmanuel Macron a evacuar los 2.400 soldados franceses en el país.

Una de las últimas misiones del Grupo Wagner ha sido en la República Centroafricana, apoyando al presidente Faustin-Archange frente a los rebeldes, y participando -según la ONU- en violaciones y robos a civiles desarmados en áreas rurales.

Fuente Elmundo.es

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