La construcción de una democracia verdadera también debe medirse por la capacidad del Estado para responder ante las tragedias que afectan la vida de la población.
Las tragedias naturales pueden convertirse en crisis humanas cuando existen instituciones débiles, ausencia de planificación o incapacidad estatal para responder adecuadamente.
Un terremoto es un fenómeno natural; pero sus consecuencias dependen, en gran medida, de la fortaleza institucional de un país.
Toda construcción nacional exige mirar más allá del presente.
Una República no pertenece únicamente a quienes tienen la responsabilidad de dirigirla hoy. También pertenece a quienes nacerán mañana.
La búsqueda del bienestar debe ser la finalidad última de la acción del Estado. Ese bienestar comprende libertad, seguridad, educación, salud, empleo, propiedad, oportunidades económicas y confianza en las instituciones. No existe democracia plena cuando los ciudadanos carecen de las condiciones necesarias para vivir con dignidad.
Una sociedad no puede construir una democracia sólida sobre la negación de las víctimas, la sanción a los responsables, la ausencia de memoria o la falta de mecanismos institucionales que permitan superar las heridas del pasado. La reconciliación nacional no significa olvidar; significa construir las condiciones para una convivencia democrática basada en la verdad y la justicia.
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