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Una nota personal por el Sociólogo Ender Arenas Barrios

Salí de Venezuela hace un año. Mi viaje no fue heroico ni épico, pues no hice una travesía a pie por el continente, no crucé el Darién, tampoco me mojé los pies cruzando el Rio Bravo.

Quien sí hizo un viaje heroico y épico fue mi hija mayor, pero de eso no voy a escribir, no tengo permiso para exponer y aunque lo tuviera no iba hablar de la travesía dolorosa que ella hizo y las razones miserables que la obligaron a huir del país del que nunca quiso salir. Las mismas que yo tuve para irme, aunque tampoco quise abandonar el país.

Siete millones son muchos venezolanos fuera del país. La mayoría, de ellos ha salido por razones sufrientes. De esa multitud que ha huido del país, puedo apostar que una porción muy significativa, diría que enormemente significativa, aunque lo nieguen, votaron por el régimen, una y otra vez. ¿Son, acaso, responsable de ello? Creo que sí.

Claro hay un atenuante y es que, nadie en Venezuela hizo, durante cuarenta años, pedagogía para comunicarle a las mayorías que la Democracia es un valor que había que cuidar y que era necesario proteger. Pero, no.

La clase política y dirigente, una vez que creyó consolidada la democracia se hizo indiferente frente a las nuevas demandas que la gente hizo y que no fueron atendidas.

Esa indiferencia les impidió hacer una lectura adecuada del momento político y permitió el crecimiento del resentimiento y se impuso la narrativa de que la política y los políticos eran corruptos y perversos.

El chavismo, es más pertinente decir que Chávez, se hizo cargo de ese resentimiento, de la demanda de orden frente a una democracia que tuvo enemigos, enemigos tenidos por demócratas y que construyeron una narrativa de caos que terminó imponiéndose.

La clase política que debía ser vigilante de la democracia fue incapaz de vigilarla y cuidarla y permitió que el chavismo instaurara su dictadura.

Lo curioso es que esa clase política democrática, presa del paradigma que reza que lo que no se nombra no existe tardó 15 años para nombrarla como tal.

La clase política venezolana no cumplió el papel que debió haber cumplido. Este papel lo han cumplido los errores que el régimen han cometido, errores que ha producido dolor y destrucción de un país que lo tenía todo.

Que le puedo decir a los que como yo nos hemos visto obligado a huir del país y también a los que se han quedado.

No sé. Puedo hacer mía las palabras de Churchill y sugerirles que “ Si pasas por el infierno, sigue adelante”

 En lo personal, creo que después de todo he tenido la suerte de estar en país de gente caritativa y de un Estado de bienestar pleno cuya extensión parece ir “desde la cuna hasta la tumba”.

Claro no les voy a negar que la soledad es quien, junto a mí hija, me acobija, pero esa no es sorpresa para nadie. Ya me la había profetizado mi abuela Ana y mi abuelo Víctor la tarde que me encontraron mirando por la ventana de la casa a ninguna parte y entonces, casi a coro me dijeron:

«te vas a quedar solo, porque siempre prefieres mirar a ninguna parte que a tu lado donde está el mundo… y ese mundo siempre te reclama que le hables, que le mires y que le abraces».

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