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Venezuela: menos opiniones y más DEDO, Por Ricardo Ojeda Zalazar

El 28J demostró que los venezolanos podemos unirnos. El desafío ahora es transformar esa #UnidadCiudadana en una ciudadanía activa con #DEDO (Dedicación, Ética, Disciplina y Organización)

Por Ricardo Ojeda Salazar
Director General del Grupo Lucha por la Democracia

Venezuela tiene un problema que debemos reconocer con honestidad: hablamos demasiado y actuamos muy poco.

Tenemos opiniones sobre todo.

Sobre Estados Unidos. Sobre Europa. Sobre las sanciones. Sobre las negociaciones. Sobre los dirigentes políticos. Sobre María Corina Machado. Sobre lo que otros gobiernos deberían hacer. Sobre lo que otros venezolanos deberían hacer.

Y mientras opinamos, discutimos.

Mientras discutimos, nos dividimos.

Y mientras nos dividimos, perdemos tiempo.

Pero Venezuela no necesita más opinadores.

Venezuela necesita ciudadanos en acción.

Esa es, probablemente, la gran lección que debemos extraer del 28 de julio: cuando los venezolanos nos concentramos en un objetivo superior y dejamos de lado, al menos temporalmente, nuestras diferencias, somos capaces de construir una fuerza nacional extraordinaria.

El 28J fue, ante todo, una demostración de #UnidadCiudadana.

No todos pensábamos igual. No todos pertenecíamos a la misma organización. No todos teníamos la misma visión sobre el futuro. Pero millones de venezolanos entendimos que había algo más importante que nuestras diferencias:

Venezuela.

La jornada electoral y la controversia posterior también evidenciaron la existencia de dos narrativas enfrentadas sobre los resultados: el CNE, chavista tramposo, proclamó la victoria del narco terrorista usurpador, Nicolás Maduro, mientras nosotros los ciudadanos #UnidadCiudadana , con el liderazgo de María Corina Machado y en base a las actas recopiladas , demostramos al mundo que Edmundo González Urrutia había obtenido una victoria contundente.

Pero, más allá de la disputa institucional y política que continúa formando parte de nuestra realidad, hay algo que ningún venezolano debería olvidar:

la fuerza ciudadana existe.

La vimos.

La vivimos.

La construimos.

Y esa fuerza tuvo un elemento indispensable: organización.

Los ciudadanos participaron, se movilizaron y asumieron responsabilidades concretas. Hubo testigos, redes, familias, comunidades y ciudadanos comprometidos con defender y documentar el proceso electoral.

Por eso hoy debemos hacernos una pregunta incómoda:

Si pudimos organizarnos para el 28J, ¿por qué no podemos mantenernos organizados para recuperar y reconstruir Venezuela?

El enemigo no es Estados Unidos

Es necesario decirlo sin complejos.

Estados Unidos no es nuestro enemigo.

Tampoco es nuestro salvador.

Es una nación con intereses propios, como los tienen España, Brasil, Colombia y cualquier otro país.

La política internacional no funciona sobre la base de nuestras emociones.

Funciona sobre intereses, alianzas, seguridad, economía y estrategias.

Por eso debemos abandonar dos errores.

El primero es esperar que Estados Unidos resuelva por nosotros el problema venezolano.

El segundo es convertir a Estados Unidos en responsable de todos nuestros problemas porque no actúa exactamente como nosotros queremos.

Ambas posiciones son cómodas.

Porque ambas nos permiten evitar nuestra responsabilidad.

La tragedia venezolana no fue creada por Estados Unidos.

La destrucción de nuestras instituciones no fue creada por Estados Unidos.

La corrupción que dilapidó recursos nacionales no fue creada por Estados Unidos.

La destrucción de la capacidad productiva venezolana no fue creada por Estados Unidos.

Y la reconstrucción de Venezuela tampoco podrá ser realizada exclusivamente por Estados Unidos.

Necesitamos aliados internacionales.

Necesitamos relaciones inteligentes.

Necesitamos solidaridad democrática.

Pero, sobre todo, necesitamos entender que ningún aliado puede sustituir a una ciudadanía organizada.

Mientras algunos venezolanos convierten cada noticia procedente de Washington en el centro de su vida política, corremos el riesgo de perder la gran oportunidad que tenemos delante.

Estamos haciendo el ridículo cuando creemos que publicar una opinión en redes sociales equivale a participar en la lucha por Venezuela.

Una opinión no es una organización.

Un comentario no es una estrategia.

Un insulto no es una acción.

Y una discusión en las redes no sustituye la responsabilidad ciudadana.

María Corina no puede hacerlo sola

Los venezolanos escogimos un liderazgo.

Millones de ciudadanos reconocimos y , todavía , vemos en María Corina Machado una referencia política y una dirección para la lucha por Democracia y la libertad.

Ese hecho no exige obediencia ciega.

La democracia necesita pensamientos críticos.

Pero sí exige madurez.

No podemos pedir liderazgo y, al mismo tiempo, destruir permanentemente a quienes lideran .

No podemos exigir unidad y convertir cada diferencia en una ruptura.

No podemos celebrar nuestra fuerza colectiva un día y al siguiente utilizar esa misma fuerza para destruirnos entre nosotros.

María Corina Machado no puede recuperar Venezuela sola.

Ningún líder puede.

Ningún gobierno extranjero puede.

Ninguna organización internacional puede.

Un liderazgo puede orientar.

Puede inspirar.

Puede conducir.

Pero el cambio requiere ciudadanos.

Por eso tenemos que dejar de preguntarnos únicamente:

¿Qué va a hacer María Corina?

Y comenzar a preguntarnos:

¿Qué voy a hacer yo?

¿Qué estoy haciendo por Venezuela?

¿Qué estoy haciendo para defender mis derechos?

¿Qué estoy haciendo para fortalecer la Unidad Ciudadana?

¿Qué estoy haciendo para ayudar a organizar mi comunidad?

¿Qué estoy haciendo para prepararme para la reconstrucción?

Ésas son las preguntas que importan.

El futuro no comienza después del cambio

Otro error que debemos evitar es pensar que todo estará resuelto el día en que termine esta etapa.

No.

La salida de una estructura de poder no equivale automáticamente a la recuperación de la República.

Cambiar nombres no significa cambiar instituciones.

Cambiar funcionarios no significa cambiar la cultura política.

Y producir un cambio político no garantiza, por sí solo, prosperidad.

Venezuela tendrá que reconstruirse.

Y tendrá que hacerlo desde las instituciones.

Desde el Estado de Derecho.

Desde la seguridad jurídica.

Desde la recuperación de la confianza.

Desde la producción y el trabajo.

Ésta es una de las grandes lecciones que debemos incorporar a nuestra agenda ciudadana: no existe recuperación sostenible sin confianza, reglas claras e instituciones creíbles.

No basta con administrar recursos.

Hay que producir riqueza.

No basta con repartir.

Hay que crear oportunidades.

No basta con cambiar un gobierno.

Hay que reconstruir un país.

Y allí todos tendremos responsabilidades.

El Estado.

La empresa privada.

Los trabajadores.

Las universidades.

Los gremios.

La sociedad civil.

La diáspora.

Y, por supuesto, cada ciudadano.

Nuestro DEDO debe apuntar hacia Venezuela

Por eso propongo que adoptemos una idea sencilla y concreta.

Necesitamos más DEDO.

Dedicación. Ética. Disciplina. Organización.

Dedicación

Porque Venezuela no puede ser una preocupación de un día.

La libertad exige perseverancia.

No podemos aparecer solamente cuando hay una elección o una convocatoria.

Ética

Porque no podremos reconstruir una República utilizando las mismas prácticas que contribuyeron a destruirla.

No podemos denunciar la corrupción y justificarla cuando la cometen los nuestros.

No podemos exigir democracia mientras practicamos la destrucción moral del que piensa distinto.

Disciplina

Porque una estrategia democrática necesita constancia.

Disciplina no es obediencia ciega.

Es compromiso con un objetivo superior.

Es comprender que no toda diferencia debe convertirse en una ruptura.

Organización

Porque ésta es la palabra decisiva.

El poder está organizado.

La ciudadanía democrática también debe estarlo.

No podemos seguir esperando que una multitud espontánea sustituya la construcción de una fuerza ciudadana permanente.

Necesitamos comunidades organizadas.

Profesionales organizados.

Gremios activos.

Universidades comprometidas.

Una sociedad civil fuerte.

Y una diáspora conectada con Venezuela.

Menos opiniones. Más acción.

Independientemente de cómo se produzca el final de esta etapa política, los venezolanos debemos estar preparados.

Preparados para defender nuestros derechos.

Preparados para apoyar el liderazgo que la ciudadanía ha escogido.

Preparados para recuperar las instituciones.

Preparados para reconstruir la economía.

Preparados para impedir que Venezuela vuelva a caer en los mismos errores.

No podemos perder otra oportunidad histórica por nuestras divisiones, nuestros protagonismos y nuestra costumbre de esperar que otros hagan lo que nos corresponde a nosotros.

El 28J nos demostró que podemos unirnos.

Ahora debemos demostrar que podemos perseverar.

Nuestro DEDO debe apuntar hacia Venezuela.

Dedicación.

Ética.

Disciplina.

Organización.

Menos opiniones.

Más acción.

Menos espectadores.

Más ciudadanos.

Porque la historia no nos preguntará qué escribimos en las redes sociales.

Nos preguntará qué hicimos cuando Venezuela nos necesitó.

Y la respuesta no puede ser una opinión.

Tiene que ser una acción.

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