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Las crisis sanitaria del COVID: empeora problemas sociales y económicos en Sudamérica, Por Coromoto Díaz

Las crisis sanitaria derivada del COVID, a empeorado los problemas sociales y económicos preexistentes, en Suramérica.

Esta afirmación ha sido repetida por muchos expertos, comentaristas y observadores últimamente.

La situación de los venezolanos, refugiados, y desplazados no es una excepción a esta expresión de sentido común.

Antes de la pandemia del Covid-19, era recurrente que a los migrantes venezolanos se les pagaba bajos salarios y beneficios, se les negaba el estatus regular y los derechos laborales, incluso cuando realizaban trabajos que a menudo eran sucios, peligrosos y exigentes. Además de hacer frente a la inseguridad laboral, los migrantes venezolanos también fueron excluidos de la protección social.

Al mismo tiempo, los venezolanos se enfrentaron frecuentemente a la xenofobia, y a otro fenómeno social que viene tomando auge la “Aporofobia”.

Algunos políticos y grupos sociales ultranacionalista, los acusaron del robo de puestos de trabajo y servicios que supuestamente pertenecen “legítimamente” a los nativos de los países receptores. Se les usó como chivo expiatorio por la falta de empleo y la privatización de los servicios sociales, que en realidad son efectos de las políticas implementadas por los entes gubernamentales y por la corrupción que al galope impera por estos lados del nuevo continente.

Los venezolanos hemos sido, obligados a soportar una suerte de esclavitud moderna y a ser tratados como mercancías o producto de grandes jornadas de solicitud de AYUDAS HUMANITARIAS, de las cuales no hemos sido invitados a participar en la Contraloría dólar por dólar, de cada donación otorgada por los países europeos y desarrollados que han intentado aliviar la carga que presupone nuestra migración forzada.

Porque migración forzada o que nos diferencia de otros fenómenos migratorios; Los venezolanos, hemos sido obligados a abandonar nuestro país debido al desempleo generalizado, la falta de servicios sociales, la pobreza y el hambre, así como a las diversas formas de violencia estatal, que han generado muerte, persecución y cárcel a todo aquel disidente.

Por La pandemia de Covid-19 las crisis sanitarias y económicas se han agudizado, lo que ha exacerbado la difícil situación de los venezolanos. Por un lado, muchos trabajadores se vieron repentinamente empujados a situaciones de extrema inseguridad sanitaria y económica, enfrentando graves riesgos para su salud y sus vidas.

Por otro lado, muchos se vieron cercados en su trabajo informal con lo cual medianamente lograban sostenerse. Los que aún conservan sus puestos, viven la expectativa que proyecta que perderán sus puestos de trabajo en un futuro mediato.

‘La Organización Internacional del Trabajo proyectó a finales de abril que casi la mitad de la fuerza laboral mundial, incluidos los migrantes, se enfrentan al riesgo de perder su sustento en los próximos meses.”

Por otro lado muchos migrantes venezolanos se enfrentaron a recortes salariales en varios esquemas, dejándolos sin los ingresos para enviar remesas a sus familias que sufren hambre, incluso han quedado en una lucha diaria por sobrevivir, intentando no ser dejados en la calle con sus hijos o demás familiares.

Como resultado, las remesas disminuyeron agravando aún más la crisis social y económica que vive Venezuela.

El Banco Mundial reconoce que los trabajadores migrantes “tienden a ser más vulnerables a la pérdida de empleo y salarios durante una crisis económica en un país de acogida “.

La pandemia también ha empeorado la discriminación y la xenofobia contra los venezolanos, ya que la crisis han provocado una mayor exclusión en las esferas del empleo, los salarios y los servicios.

Con este contexto es imperativo que las organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos, hagan un seguimiento transparente e idóneo, de este grave fenómeno, que solicité a los países receptores, programas que proporcionen asistencia gubernamental a los migrantes venezolanos.

En los países receptores, los migrantes venezolanos que aún luchan por sobrevivir se alojan en estrechos espacios donde el distanciamiento físico es casi imposible, los que cuentan con mejores condiciones, comparten una pequeña habitación con otras seis a doce personas, donde las condiciones sanitarias son a menudo deficientes.

Muchos permanecen en estas viviendas, con la esperanza de que los gobiernos se preparan para relanzar sus economías bajo la llamada “nueva normalidad”, lo que de alguna manera aumenta el riesgo de que el Coronavirus sea llevado a casa en estos espacios incómodamente pequeños, pero abarrotados, donde estaban hacinados aquellos que viven del día a día.

Los migrantes simplemente no pueden estar excluidos o pasados por alto en los esfuerzos de los países por mantenerse a salvo de Covid-19. Sus espacios de vida deben mejorarse de manera que mantengan el distanciamiento físico y la salubridad, así como es vital el acceder a
“Los programas de servicios, protección y socorro económico de los gobiernos.” Y principalmente “Combatir la estigmatización, la
discriminación, la xenofobia y los sentimientos anti inmigrantes, especialmente la violencia y los ataques derivados de ellos.”

Numerosos migrantes venezolanos han adquirido la enfermedad y muchos han muerto mientras luchaban en la primera línea médica. Los merecidos elogios que se están acumulando en los frentes de lucha contra la pandemia deberían traducirse en protección real para ellos, asistencia médica en caso de enfermedad, y ayuda financiera en caso de muerte.


Otras medidas también serían oportunas y bienvenidas. Para los trabajadores sanitarios. En Chile, las autoridades aún no acogen la incorporación de médicos extranjeros que no hayan rendido el Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (Eunacom) como requisito para ejercer la medicina en el país. Esto a pesar de que este año, por la contingencia sanitaria, dicho examen efectivamente fue anulado, pero esto no implicó otorgar otras modalidades para que los casi 3 mil extranjeros inscritos refuercen el personal médico nacional.

Si bien muchos se enfrentan a pérdida de empleos e ingresos, muchos están excluidos de las medidas gubernamentales que proporcionan alivio. Esto es discriminatorio y pone en peligro la lucha contra la pandemia, ya que nadie está a salvo a menos que todos estén a salvo. Es necesario el seguimiento para que todos sean incluidos en la asistencia de socorro económico proporcionada por los gobiernos.

“Debido a despidos, recortes salariales e incluso cesación de de pago de remuneraciones, han sido las causas que empujan al venezolano a un intento casi desesperado por volver a casa, sin considerar los riesgo que esto implica.”

En otro orden, es angustiante ver cómo “Los migrantes venezolanos que regresan han sido alojados en instalaciones de cuarentena inhumanos, expuestos al contagio masivo, les han robado sus pocas pertenencias y han sido humillados, algunos desaparecidos, sin que sus familiares conozcan de su paradero.”

Muchos analistas y observadores predicen que a medida que la pandemia
arrecie, e incluso después de ella, muchos países aplicarán restricciones
más estrictas en sus fronteras, especialmente alimentadas por el aumento de sentimientos ultranacionalista.

En tal contexto el llamado a los líderes, a los políticos, a las cabezas principales de ONGs y a los defensores de derechos es que no se olvide de exigir la rendición de cuentas sobre Todas las AYUDAS y donaciones que han sido entregadas en nombre de Venezuela, porque MUCHOS son los afectados y MUCHAS las miradas que están puestas, sobre lo que ocurre, y tarde o temprano la VERDAD SALDRÁ A LUZ…

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