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¡Alto a la migración forzada y al tráfico!

Bancamiga

En 2015, había 244 millones de migrantes internacionales en todo el mundo, mientras que los refugiados eran 25,9 millones y los solicitantes de asilo, 3,5 millones (a partir de 2018). A pesar de las conversaciones sobre el desarrollo, la reducción de la pobreza y todos los cosméticos que apuntan a encubrir la prolongada y profunda crisis mundial, el número de personas desplazadas continúa aumentando.

Los países subdesarrollados y en desarrollo continúan sufriendo la peor parte de la crisis. Sus sistemas económicos, políticos y sociales demagogos y populistas perpetúan la pobreza extrema, el desempleo y el subempleo, y disminuyen en gran medida los servicios públicos que obligan a las personas a ir al extranjero exponiéndose a vulnerabilidades desde el proceso previo a la migración, hasta su inserción laboral y vida en el extranjero. El descontento y la resistencia que genera dicha crisis son severamente reprimidos, con comunidades desplazadas por el militarismo que se suman a la explosion de los pueblos desplazados.

Los gobiernos de los países de origen de los migrantes aprovechan esta condición para garantizar que la migración de su gente les genere recursos y respalde sus reservas de dólares siempre alicaídas, a través de los impuestos del gobierno, apoyando a las empresas relacionadas con la migración, especialmente las agencias de reclutamiento, y apelando a las remesas para que atiendan necesidades sociales y económicas de su población, de modo que la migración sea funcional al desarrollo burocrático de los gobiernos.

Estos gobiernos se llenan la boca, hablando de su combate de la migración y el tráfico irregulares, sin tener en cuenta el hecho de que el programa de exportación de mano de obra patrocinado por el estado es el modelo de tráfico más grande, más sistemático y más sofisticado legalizado por las políticas estatales. La condición inmutable y que empeora en los países de origen, que no fomenta el retorno sostenible, junto con la falta de protección contra las prácticas y políticas que violan los derechos de los migrantes en el extranjero, obligan a muchos a quedar indocumentados y a ser vulnerables a una explotación aún mayor.

Mientras tanto, los estados receptores se benefician del suministro continuo de mano de obra migrante barata y calificada que las empresas utilizan para maximizar sus ganancias, ya no solo  mediante la explotación del trabajador o trabajadora migrante, sino también usando esos bajos salarios para mantener el salario de todos los trabajadores presionado a la baja, lo que aviva a los sectores anti-migrantes y sentimientos antiinmigrantes que sirven para sembrar la desunión entre los trabajadores.

COROMOTO DÍAZ
Quito-Ecuador

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